Cuando los fetiches y parafilias se convierten en nuestros mayores enemigos. Por A. Ardila

CUANDO LOS FETICHES Y PARAFILIAS SE CONVIERTEN EN NUESTROS MAYORES ENEMIGOS

 Por A. Ardila

violencia pareja

Cuando se es intersexual se pueden esperar muchas cosas que de alguna u otra manera atentan contra nuestra integridad emocional y sexual, violando nuestros principios, valores y derechos. Los fetiches y parafilias en este caso son una odiosa práctica y tema que nos toca tolerar, no falta quien por curiosidad vaya más allá de lo que podemos permitir, en este caso, con nuestras características sexuales, aquellas con las que nacimos y nos hacen únicos, especiales y diferentes a los demás.

Un fetiche se concibe como una práctica sexual alterna al sexo convencional, una fantasía sexual que con el consentimiento de la pareja se realiza y que el fetichista, y la persona fetiche como tal realizan para complacerse, en este caso es respetable que algunas personas acepten y lleven a cabo estas prácticas sexuales, el problema es cuando ya los fetiches se tornan en parafilias, y el parafílico y fetichisa, de forma cínica e irrespetuosa pretende aprovecharse sexualmente de una persona intersexual, sin su consentimiento, en este caso expondré una amarga experiencia que me dejó algo frustrada y que atentó también contra mis principios y mi integridad emocional.

Presento el síndrome de Klinefelter, más conocido como XXY, por lo cual mi fisionomía es 60% femenina y 40% masculina, poseo genitales masculinos que nunca se desarrollaron como tal y fisionomía femenina, lo cual hace que tenga apariencia más de mujer, me concibo desde siempre como tal y todos me aprecian así. En mis relaciones sexuales nunca tuve problemas por mi variación intersexual, siempre he estado con hombres heterosexuales y a la hora de tener sexo me trataban como mujer y me concebían como tal, siempre respetaron mis genitales, ya que no permito que los vean o toquen por incomodidad de mi parte, de hecho no los uso y ni siquiera funcionan, algo que me beneficia mucho ya que, debo decir, no me gustan porque me identifico más como mujer.

El año pasado conocí un chico, muy inteligente y trabajador, aparentemente respetuoso y caballeroso, pero con el tiempo deslumbró todo lo contrario, allí empieza la más amarga experiencia que he tenido en mi vida. Al momento de conocernos le expliqué sobre mi variación intersexual y él la aceptó, me explicó que hace poco había salido de una relación sentimental con otra chica, que se sentía solo y demostró “quererme”. Luego de un tiempo empezó a ser más frio e indiferente, no contestaba, me ignoraba y cuando se lo reclamé, me dijo que agradeciera que por lo menos me hablaba, y que no merecía el mayor trato por ser “Rara y hablar mucho”. Luego de unos meses empezó a pedirme cosas extrañas, allí se manifestaron sus fetiches y parafilias, constantemente me pedía que lo sodomizara, me decía que eso era normal y que todas las chicas lo hacían, lo decía de tal forma que pretendía lavarme el cerebro e imponérmelo a la fuerza, pero el problema residía en que él deseaba que lo hiciera con mi parte íntima y no como las demás mujeres, recuerdo que en ese momento me sentí muy incómoda y ofendida, yo le respondía constantemente que eso me daba asco, que no era común en un hombre heterosexual y que esas peticiones me hacían sentir como una alegoría asquerosa al peor de los fetiches.

Luego de más indiferencia, empezó a tomarse atribuciones que no le correspondían, me trataba mal y me humillaba, haciéndome quedar en ridículo, constantemente me señalaba mis defectos y yo no entendía el por qué, (quizás creo yo por no acceder a sus caprichos) él ya tenía en esa época una novia, que durante el tiempo que lo conocí pasaron a tres y las cuales no duraban mucho (máximo 6 meses) por lo cual noté que era un hombre emocionalmente inestable, fue cierta mi frustración con el tema, que acudí a psicólogos como también a especialistas y ellos me dijeron que esos comportamientos son muy comunes en una persona inestable y que su frustración lo llevaba a desordenarse en ciertos aspectos, incluyendo el sexual.

Luego de un tiempo me alejé de él porque, como mencioné antes, me di cuenta que tenía novia y me era indiferente, alejarme me pareció lo más prudente y normal, pero luego de una semana me dijo que no me alejara, que me extrañaba y que me pensaba bastante, volví a darle especio en mi vida pero de nuevo me volvió a defraudar. Recuerdo mucho que una vez estuve sexualmente con otro chico y en plena faena me pidió que le mostrara mi parte íntima y a la fuerza estaba tomando mis dedos para que le complaciera analmente, me dio tanto asco y rabia ya que él lo hizo sin consentimiento y a sabiendas de mi posición al respecto, que lo detuve, respetuosamente le dije que no seguiría con eso, me vestí y me retiré. Aquella experiencia me hizo sentir muy mal y se la conté a esta persona, pensé que me comprendería, pero me respondió lo siguiente: “Aquello que has hecho está mal, Daniel no se va a sentir bien y deja de ser tan impulsiva y tan tonta”, luego prosiguió “ese chico es mal polvo pero tranquila que conmigo no te va a dar asquito, me gusta tu forma de concebir el sexo pero luego yo querré más y tendrás que complacerme con aquella parte que tanto odias”.

Mi expresión al recibir aquella apreciación, fue de un rechazo total a tanto cinismo y locura, el personaje estaba mal de la cabeza y me hacía sentir que no me concebía como mujer, sino como lo contrario y solo estaría conmigo tanto de amigo como sexualmente si yo accedía a sodomizarle, el asunto era que yo no era ni su novia y muchos menos me acostaría con él ni en definitiva con esas peticiones de por medio, le respondí que no siguiera más con eso, que me fastidiaba ese tema y que fuera hombre, desde allí jamás le volví a hablar. Pienso que me pedía aquellas cosas porque sus novias no le complacían sus parafilias. Pero se equivocó conmigo y decidí compartir esta experiencia con otras personas, especialmente con aquellas que al igual que yo presentan variaciones intersexuales similares, les invito a detectar estas conductas, a no permitir que les convenzan a hacer cosas que no quieren, ni mucho menos dejar que atenten contra sus principios, consoliden relaciones luego de tener mucha confianza y especialmente a que se hagan respetar.

Nunca permitan que se les propine la clase de trato que tuve (que nadie merece ya que todos tenemos el derecho a ser amados cabalmente y no por ser “raros” merecemos y valemos menos que los “normales”) tampoco dejen que se les trate de fetiche ni que se les obligue a hacer cosas que no les gusta y que ellos pretendan satisfacer sus caprichos a costa nuestra, ya que, por lo general, luego de que ellos se salgan con la suya nos abandonan y por ende terminaremos heridos y el otro completamente satisfecho y complacido.

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Un pensamiento en “Cuando los fetiches y parafilias se convierten en nuestros mayores enemigos. Por A. Ardila

  1. no siempre es así depende de la condición ya que habremos algunos que no tenemos ese problema con nuestras parejas, sin embargo es buena la recomendación.

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