Free!, una orquídea en un jardín de rosas. Por “Free!”, mujer intersexual (HSC)

FREE!, UNA ORQUÍDEA EN UN JARDÍN DE ROSAS

Por “Free!”

*Historia compartida por ‘Free!’ exclusivamente para Brújula Intersexual, si quieres publicarla en otro sitio por favor escribe a intersexualmexico@gmail.com para comunicarnos con la autora y proporcione su autorización.

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Nací con genitales de apariencia más bien femenina, sin embargo, con el tiempo, mi cuerpo comenzó a virilizarse: el vello púbico comenzó a emerger y mi clítoris se fue agrandando, mi voz comenzó a engrosar y mi crecimiento se aceleró; fue pubertad precoz, pero no del tipo de pubertad que experimentan las mujeres, sino la pubertad por la que pasan los varones.

            No tuve un tratamiento médico durante los siguientes doce años. Con el paso del tiempo mi clítoris fue aumentando de tamaño, comenzó a salirme vello en todo el cuerpo y mucho acné, mi voz engrosaba cada vez más y mi crecimiento se detuvo cuando cumplí los diez años.

            Siempre sentí que había algo mal en mí, sabía que era diferente, veía mis genitales y sabía que no eran como los de las otras niñas; mis papás siempre me decían que no se lo contara a otras personas, nadie debía enterarse. Mi hermana se burlaba de mí, me decía que era fea y que tenía cuerpo y voz de hombre, eso me hacía sentir muy triste y acomplejada.

            Cuando inicié la secundaria notaba que las chicas comenzaban su desarrollo, les crecían los senos, se les ensanchaban las caderas y algunas hablaban entre sí sobre su menstruación, eso a mí no me sucedió, mi cuerpo continuó virilizándose pero de una manera más lenta.

            Acomplejada por todo, a la edad de 13 años decidí ir al médico, así que fui a la clínica de mi localidad y me canalizaron al área de pediatría… la pediatra me pidió que me desnudara y al ver mi cuerpo completamente virilizado, no supo qué hacer, llamó a dos pediatras y entre los tres me revisaron. Me miraron desnuda durante un largo rato y me tocaron el cuerpo y mis genitales… lloré mucho ese día, aún recuerdo a los médicos diciéndome que yo no era “normal”, que no era como las demás personas. Me lo dijeron muchas veces y eso me hirió mucho, me enteré de lo sucedido en mi infancia y, por primera vez, oí la palabra “pseudohermafroditismo”. Comencé a deprimirme frecuentemente.

            Me hicieron un ultrasonido pélvico, querían saber si mis gónadas eran masculinas o femeninas, así me enteré de que tenía ovarios y una pequeña matriz.

            Comencé a investigar en internet acerca del pseudohermafroditismo, hasta que encontré algo llamado Hiperplasia Suprarrenal Congénita (HSC) y llegué a la conclusión de que eso era lo que yo tenía.

            Fui con una ginecóloga, que dijo que tenía un ‘micropene’ y que nunca menstruaría, dijo que yo era hombre y después me dijo que era hermafrodita. Recuerdo que ella me lastimó mucho al revisarme, me estaba jalando mi clítoris, al que llamó “hipertrofiado”, le dije que me estaba lastimando mucho, que me dolía cuando me jalaba, entonces me regañó diciendo que no debía dolerme. Esa doctora también me dijo que yo tenía Síndrome de Klinefelter, pero yo ya había investigado y sabía que no era eso. La ginecóloga me dio los datos de un endocrinólogo y una orden para hacerme unos análisis clínicos.

            El endocrino, en base a los resultados de los análisis, me confirmó que tenía Hiperplasia Suprarrenal Congénita no clásica. Ese mismo día comencé mi tratamiento, el médico me receto corticoides, antiandrógenos y anticonceptivos. Un mes después me llegó mi primera menstruación, ya había cumplido los 15 años de edad. Mi médico me recetó estrógenos, mismos que hicieron que mi clítoris se redujera de tamaño.

            Unos meses después comencé a sentir afecto y atracción por uno de mis compañeros de clase, él era un poco tímido y lindo conmigo. Sentía que podía confiar en él y que me comprendería si algún día me atrevía a contarle acerca de mí. Así que decidí confesarle mis sentimientos y nos hicimos novios.

            Comencé a buscar en internet información sobre el pseudohermafroditismo femenino, buscaba también a personas como yo, fue entonces que me topé con la palabra “intersexualidad”, esa era la palabra correcta, yo era intersexual.

            Un año después, al revisarme y ver que mi clítoris continuaba siendo más grande de lo considerado “normal”, el endocrinólogo me dijo que debía someterme a una cirugía para reducirlo y me recomendó un cirujano plástico. No me preguntó si quería operarme, sólo dijo que debía hacerlo por estética para que, en el futuro, no me sintiera avergonzada al sostener relaciones sexuales. Yo no quería realizarme la cirugía, pero a él no le importó y dijo que era necesario, convenciendo a mis papás de que eso era lo mejor. Aquella fue mi última cita con ese médico, una endocrinóloga ocupó su lugar. En mi primera cita con ella le comenté lo de la cirugía y me dijo que eso no estaba bien, pues sólo se trataba de una cirugía estética innecesaria.

Un día decidí contarle más a mi novio sobre la HSC, pero no se lo dije todo. Ese día lloramos los dos, le expliqué en qué consistía, pero no me atreví a decirle que era un tipo de intersexualidad. Él me hizo saber que contaba con su apoyo para lo que sea.

            Después me animé a decirle que era intersexual, ya le había platicado acerca de las personas intersexuales, así que le conté acerca de mis genitales. Él me dijo que no importaba si yo era intersexual o no, que no importaba mi físico, sino mi yo interior.

            Lo que más me deprime es que mis papás siempre me han tratado diferente que a mis hermanas. Mis papás no se interesan por mí, no saben nada de la HSC. He intentado platicar con ellos sobre el tema pero no se interesan, y eso me pone mal, porque para ellos no soy normal, para ellos soy un fenómeno o algo así.

            Actualmente tengo 19 años y voy a la universidad. He notado muchos cambios en mí, incluso me lo han dicho muchas personas. Me siento mucho mejor conmigo misma, ahora me siento feliz.

            Quiero pedirles a los padres de niños intersexuales, principalmente a los padres de niñas con HSC, que no sometan a sus hijos a cirugías “correctivas” siendo pequeños, dejen que ellos crezcan, que sean ellos quienes decidan qué hacer con su cuerpo. Recuerden “el paciente es el niño, ¡no los padres!” como dijo Cheryl Chase.

Les he contado a mis amigos más cercanos, que soy intersexual y han reaccionado de buena manera, siguen siendo mis amigos y siguen tratándome igual que siempre.

            Soy feliz siendo como soy, soy feliz siendo intersexual, estoy orgullosa de serlo. Lo único que falta es informar a la gente para evitar prejuicios y hacer que la intersexualidad deje de ser un tabú en la sociedad, que sepan que “la intersexualidad no es una enfermedad, es una variación natural en el ser humano” (como leí en Brújula Intersexual).

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**Este es un resumen de la historia original, la historia completa estará en un libro que está próximo a salir a la venta.

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3 comentarios

  1. Es alarmante la ignorancia y la insensibilidad de muchxs profesionales de la medicina, que siguen considerando (supongo que por carencias en su formación médica) la intersexualidad como una mera patología. Evidentemente la HSC, como cualquier otra forma de intersexualidad, requiere de atención médica, pero eso no justifica el trato desconsiderado que muchxs de nosotrxs siguen padeciendo, especialmente en un momento crucial para cualquier persona como lo es la pubertad. Afortunadamente, te has cruzado con algunxs médicos más conscientes, y has recibido el apoyo emocional de seres queridos. Deseo que tengas éxito en tus estudios y en tu vida, y gracias por compartir tu historia. Nos recuerda que no estamos solxs. Y recuerda: tú tampoco lo estás. Un abrazo afectuoso.

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