Historia rota. Por Hana Aoi (persona intersex mexicana)

Historia rota

Por Hana Aoi

*Historia compartida por Hana Aoi exclusivamente para Brújula Intersexual, si quieres publicarla en otro sitio por favor escribe a intersexualmexico@gmail.com para comunicarnos con la autora y proporcione su autorización. O directamente con la autora a su correo electrónico: aoihana.1981@gmail.com

Hana Aoi

Es como un abismo sideral, un inmenso vacío en cuya oscuridad y silencio es imposible penetrar. No se ve nada. No se oye nada.

Fragmentos de una historia que nunca será posible ya conocer.

Que una persona no pueda conocer la historia de su pasado es un tremendo atentado de incalculables consecuencias para su futuro. Muchos dirían: lo pasado, pasado; procura construir tu presente a base de vivir el día a día. Pero desconocer la historia de cuando naciste, especialmente cuando naciste intersex, dando lugar a un remolino de eventos cuya memoria es irrecuperable, y cuyos efectos condicionaron tus decisiones pasadas y siguen condicionando tu presente. Sientes que no puedes construir nada real. Y no puedes hablarlo con los involucrados, porque los médicos que cortaron tus genitales y los moldearon para el gusto de la sociedad ya han muerto o no sabes todos sus nombres, porque los expedientes médicos hace ya dos décadas que fueron destruidos, y porque tus padres, habiendo sentido tanto miedo, tanto dolor y tanta desorientación, prefirieron guardar el silencio toda la vida, con la esperanza de que la ignorancia y la inocencia de una crianza de sobreprotección perdurara hasta que ya no importara mirar atrás, hasta que ya fueras una persona adulta y autosuficiente.

Es un poco doloroso que te hayan mirado la cara de estúpidx toda la vida.

Mi historia está rota, porque nadie quiere hablar de ella (excepto yo misma, ahora). Tuve que cumplir treinta años para descubrirlo. No que no tuviera mis sospechas desde antes. No que mi madre no revelara información a cuentagotas, sólo porque yo tenía ciertas dudas. Pero tuve que llegar a mi trigésimo aniversario de existencia en esta Tierra para que los recuerdos, las cicatrices, los fragmentos de información, y una avalancha de datos y testimonios en la Web dieran forma a una historia incompleta. No tengo expedientes médicos, porque mis padres nunca los reclamaron. No tengo más que su intermitente recuento de hechos: que los médicos dijeron algo de un cariotipo XXY, algo de hermafroditismo verdadero, algo de ovotestes, algo de una posibilidad de cáncer, algo de genitales ambiguos y de viabilidad como varón o como mujer, algo de cirugías para explorar y luego extirpar. En mi memoria guardo dos recuerdos: una noche en un cuarto común de un gran hospital en la capital de México donde se filtraba la mortecina luz de halógeno de los corredores… tenía cuatro años. De ese recuerdo, me queda una cicatriz transversal en el vientre bajo. El otro recuerdo, mucho más lúcido porque ya no era ninguna criatura, a los once años, una vaginoplastía que nadie me explicó bien a bien en qué consistía y para qué era necesaria; muchas revisiones, muchas tomas de sangre. Conforme me acerqué a los trece años, ya era muy vergonzoso para mí esa revisiones en esos diminutos gabinetes tercermundistas de mamparas caqui. Luego, comenzaron los años de tomar terapia de reemplazo de estrógeno. Pero nadie me respondía para qué eran esas grageas de color borgoña, solo una vaga explicación: “son para que te desarrolles”. Nunca me dijeron bien en qué consistía desarrollarme, y por qué no me desarrollaría si no los tomaba. Había desde antes y hasta hoy una costumbre en mi familia: la de guardar silencio de las cosas embarazosas mientras no fuera necesario hablar de ellas.

 Conforme vas creciendo, tu verdadero ser brota sin importarle lo que otros digan que eres, y florece aún si permanece escondido por años.

 Sigues siendo la niña buena, porque es la única forma que aprendiste de ser, pero también descubres tus gustos, descubres tu vocación. Quizá una necesidad inconsciente fue la de escribir. No soy una escritora consumada, mucho menos publicada. Pero es una necesidad. Una que acallé, hoy me lamento, por satisfacer las expectativas de todos. En ese sentido, mi ego y mi cuerpo han satisfecho las necesidades del mundo. Ser ingeniera en sistemas, ser autosuficiente, ser una hija ejemplar, ser una empleada confiable… hasta que un día todo eso comienza a resquebrajarse. Tan solo un ejemplo: ¿cómo puedo asumirme plenamente como una persona del sexo femenino, después de saber toda la violencia ejercida sobre mi cuerpo para forzarlo a cumplir con la norma de lo femenino?

 Eventualmente, exploté. Hoy reconozco el origen de muchos de mis problemas, y reconozco mi responsabilidad en las acciones en las que tuve la posibilidad de intervenir. Pero también veo que hay otras en las que poco tuve qué ver. Y hoy me ayuda bastante (aunque a veces se siente que es muy poco) el trabajo con mi siquiatra para perdonar, para descubrir y aceptar mi verdadero ser, y para devolverme a la vida.

 ¿Puedo achacar mis problemas sicológicos al haber nacido intersex? No, obviamente. Haber nacido intersex no debió de haber representado mayor diferencia, al menos en un mundo menos injusto, menos intolerante y menos ignorante. Reconozco que mis problemas se derivan de mis malas decisiones ya como persona consciente, pero estas a su vez se deben a las prioridades que di por una escasa autoestima. Una escasa autoestima producto de una profunda necesidad de ser aceptada por como soy realmente. Esto es una historia común en personas intersex. Y es que la autoestima se forma en la infancia. Se dice que lxs niñxs son más listxs de lo que pensamos. Es sólo una creencia, no se si haya prueba científica de ello, pero en mi percepción y en la lectura de otros testimonios, me doy cuenta que, en efecto, lxs niñxs son muy perceptivos de las dudas, de los temores y del rechazo de los adultos, especialmente de sus padres, y especialmente desde los primeros minutos de haber nacido, o incluso desde antes. No me malinterpreten: mis padres me quisieron tanto como pudieron, e hicieron lo que creyeron o les hicieron creer que era lo correcto. Pero hay reacciones que simplemente uno no puede controlar, especialmente cuando se cree que hay algo malo con el bebé por haber nacido hermafrodita (nota: nadie excepto los propios intersex podemos usar esa palabra para referirnxs a nosotrxs mismxs).

Así que no puedo menos que preguntarme: ¿qué pudo haber hecho la diferencia?

Es evidente que en un entorno distinto, haber nacido intersex, haber sido criada como a cualquier niñx sin importancia de su sexo, permitiéndome haber desarrollado mi propia identidad de género, y haberme sometido a tratamientos quirúrgicos por decisión propia, habría cambiado mi historia. Sería, de hecho, una historia. Pero quizá porque mis padres no tuvieron la información ni la orientación, y porque mis médicos fueron ignorantes y estaban saturados de trabajo, y porque no éramos ricos y sólo podíamos ir a la seguridad social del estado. No deja de ser interesante, eso sí, que todas estas circunstancias hoy pueden ser diferentes para otrxs. Hoy sólo es una suposición vana. No obstante, rogaría a los padres de niñxs intersex en México y en el mundo que lean mi testimonio y los de otrxs, y hagan dos cosas:

  1. No se precipiten con la primer opinión de sus médicos; busquen ayuda, busquen consejo. No me refiero a sacerdotes, en mi experiencia estos individuos, sin importar cuán bienintencionados sean, terminan queriendo imponer “la voluntad de Dios” (búsquenlos si necesitan fortaleza espiritual, pero nada más); en cambio, acudan a trabajadores sociales, consulten con más de un médico, busquen organizaciones, infórmense en Internet. En Brújula Intersexual tienen un buen punto de inicio. Hay mucha gente en México y en todas partes que lleva algunos años intentando generar consciencia, abrir los ojos de las personas, darle visibilidad a la intersexualidad, disipar dudas y miedos. Lo importante aquí es que sepan: no están solos. Somos muchos.
  2. Quieran y acepten a su hijx por como ha nacido. Díganle “mi bebé”, díganle por su nombre. Quizá por motivos de registro civil sea necesario asignarle un género. Vale, pero que eso sea sólo en el papel; ustedes trátenlx como su hijx nada más, porque han dado a luz a un ser hermoso que tendrá que ser amado y alimentado física y emocionalmente para descubrirse a sí mismx y hacerse su camino en la vida. Y esto es cierto para todos los seres humanos. Aliéntenlo y acompáñenlo en ese descubrimiento. No será fácil, pero la vida de nadie es fácil. La ventaja es que al menos ustedes ya estarán conscientes de lo que vendrá, incluso si no saben exactamente la forma en que vendrá. Es un delicioso misterio que les deseo disfruten mucho descubrir con su hijx.

Hoy continúo en el proceso de sanar y perdonar. Es una tarea muy ardua para una persona que sintió como si la más gigantesca de las losas se le hubiera venido encima, poco a poco primero, y luego con todo su peso. Mi historia rota la trato de reescribir de la única forma que me he es factible: escribiendo. Y espero un día poder ayudarles si me piden una mano.

Les deseo a todxs bienestar y felicidad.

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4 pensamientos en “Historia rota. Por Hana Aoi (persona intersex mexicana)

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