Caster Semenya comparte conmovedor mensaje mientras saborea la medalla de oro. Por Jeff Passan

Caster Semenya comparte conmovedor mensaje mientras saborea la medalla de oro

Por Jeff Passan

Traducción de Laura Inter del artículo “Caster Semenya delivers poignant message while savoring gold medal” de Jeff Passan

Fuente: https://sports.yahoo.com/news/semenya-delivers-poignant-message-while-000000609.html?soc_src=social-sh&soc_trk=tw

Caster Semenya 2

Caster Semenya, ganadora de los 800 metros en Rio 2016

Río de Janeiro – Después de que ganó una medalla olímpica de oro el sábado por la noche, Caster Semenya fue comparada con Nelson Mandela. Semenya sonrió ante el reportero que lo hizo. Mandela es uno de los grandes hombres en la historia moderna. Semenya es una corredora de los 800 metros, que el sábado ganó una medalla olímpica de oro. Más allá de sus raíces sudafricanas, comparten algo más: una lucha por lo que es justo y por lo que es correcto, y por cómo debería de ser un mundo mejor.

Madiba, como Sudáfrica se refiere cariñosamente a Mandela, luchó por la igualdad racial. Semenya, aún hoy en día, está luchando para que en los deportes, se ponga fin a la guerra sobre la biología humana, que ella ha luchado por siete años.

“El deporte está destinado a unir a las personas, como lo dijo Mandiba,” dijo Semenya. “Creo que eso es lo que necesitamos seguir haciendo. Es simplemente fantástico. Creo que yo hago la diferencia. Significo mucho para mi gente. Lo he hecho bien. Están orgullosos de mí. Esa fue la meta principal. Hacer esto para mi gente y las personas que me apoyan.”

Aquellas personas atrapadas por una mujer, cuya carrera la envió a las fauces de la estigmatización, los cuestionamientos acerca de su género, los resultados que lamentablemente fueron filtrados de las pruebas de sexo a las que fue sometida. Según informes, ha sido forzada a tomar medicamentos destinados a cambiar quien ella ha sido desde que nació, debido a que las siempre cambiantes definiciones de feminidad en el deporte internacional, están establecidas sobre conceptos que condenan su fisiología como injusta.

Y después de todo eso, escuchen lo que Caster Semenya piensa del mundo, uno que a menudo intentó derrumbarla:

“Todo se trata de amarse unos a los otros,” dijo. “No se trata de discriminar a las personas. No se trata de fijarse en la apariencia de las personas, en la manera de hablar, en la manera de correr. No es acerca de ser masculina. No es acerca de los deportes. Cuando sales de tu departamento, piensas acerca del desempeño. No piensas acerca de la apariencia de tu oponente. Simplemente quieres hacerlo mejor. Así que creo que el consejo para todo mundo es simplemente salir y divertirse.”

Después de que Caster Semenya ganó la medalla de oro en la carrera femenil de los 800 metros, utilizó esta plataforma para defender algo genuino en el espíritu olímpico.

Semenya tuvo mucha diversión el sábado. Arrasó en la carrera femenil de los 800 metros en los Juegos de Rio. Algunas competidoras argumentaron que no se le debería permitir competir, debido al hiperandrogenismo, lo que significa que el cuerpo de Semenya produce una excesiva cantidad de testosterona. Luego ella corrió la carrera en 1 minuto, 55.28 segundos, venció a sus siete oponentes con al menos una ventaja de un segundo y se flexionó mientras cruzaba la línea de meta.

Lo que es muy bueno después de todo lo que ha soportado de personas que la han llamado un hombre, y que han dicho que no se le debería permitir competir en las Olimpiadas debido a su ventaja natural. Este argumento no solo es moralmente despreciable y éticamente débil, también está en contra de la carta que gobierna el movimiento olímpico, y que deja en claro que los derechos de una atleta son irreprochables.

La Carta Olímpica fue escrita para proteger a atletas como Caster Semenya. Esboza siete principios fundamentales sobre lo que se supone que significan las Olimpiadas. Uno en particular habla específicamente a Semenya, cuya bendición y maldición fue el haber nacido con una anatomía diferente a la de la mayoría.

En la página 12 de la Carta Olímpica, el principio no. 4 establece: “La práctica del deporte es un derecho humano.”

Aquí está la realidad: Caster Semenya no tiene la apariencia que la sociedad cisgénero espera de una mujer. Su cabello esta trenzado estrechamente en su cabeza. Sus pechos son pequeños. Sus músculos están marcados. Su voz es grave. Su pareja es una mujer. En lugar de usar el uniforme de sostén deportivo y shorts cortos que usan sus competidoras en los 800 metros, prefiere un traje de cuerpo completo igual que el que es usado por los corredores masculinos.

Ninguna de estas situaciones la hace menos mujer, nada menos que debido a la Carta Olímpica que le asigna esos derechos. Observar los atributos físicos desde el punto de vista binario nos mete en problemas. Hemos dividido la competencia en dos categorías, debido a que la mayoría de los atletas entran estrictamente en una, pero tenemos que reconocer casos como el de Semenya y la velocista india Dutee Chand, otra atleta mujer de la que, Associated Press, informó fue sometida a un set completo de pruebas para, esencialmente, juzgar su feminidad. Ellas no merecen ser separadas de otras mujeres. Merecen ser celebradas por levantar el techo de los logros femeninos.

Semenya no es estrictamente una gran atleta debido a su fisiología. Aunque puede sonar raro, muchas mujeres viven con niveles elevados de testosterona. Semenya es una gran atleta debido a que toma los regalos que le dio su cuerpo y los lleva a logros espectaculares. Queremos ver grandes logros, y, a menudo, para ello se necesita a alguien con habilidades inusuales.

Durante años, la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo, el órgano mundial que gobierna el atletismo, sometió a las mujeres con elevados niveles de testosterona a pruebas para determinar el sexo. A las mujeres cuyos cuerpos producen más testosterona, se les dijo que tomaran medicación para bajar esos niveles, lo que parece ir en contra de la segunda frase del cuarto principio de la Carta: “Todo individuo debe tener la posibilidad de practicar un deporte, libre de discriminación de cualquier tipo y en el espíritu olímpico”. Ciertamente, el espíritu olímpico, no es decirle a una mujer que es demasiado como un hombre y que no es realmente una mujer, así que debe deshacerse de esa masculinidad.

Todo esto existe debido a nuestra ignorancia colectiva, nuestra incapacidad y falta de voluntad para entender que el cuerpo humano existe en un continuo. Dejar a quienes caen en el caer entre las grietas, o lo que es aún peor, forzarlos a encajar en las ideas preconcebidas de normalidad, es el tipo más puro de discriminación, donde una figura de autoridad determina un estándar y lo impone en los subordinados.

Chand fue una figura valiente. Solicitó al Tribunal de Arbitraje Deportivo que detuviera las regulaciones de la AIFA, y el TAD lo revocó. Esto afecto a Semenya, cuyo desempeño había disminuido. Imagina que te den las llaves de un Ferrari y te digan que puedes manejarlo solo en primera y segunda velocidad. Esa era su vida, este fallo su salvación, el resultado fue una brillante medalla alrededor de su cuello.

Tan complicado como este tema puede ser, todavía existe propaganda sin bases, perpetuada por personas temerosas, excluyentes e ignorantes. Nadie quiere que los hombres compitan en el deporte femenil. Esto no está abriendo la puerta para eso. Del mismo modo, el miedo a las atletas transgénero (de hombres a mujeres), está en los Juegos Olímpicos, y su preponderancia bien puede ser pretenciosa. Un estudio en el Journal of Sporting Cultures and Identities el año pasado, mostró que las atletas que fueron sometidas a terapia de reemplazo hormonal, tuvieron un desempeño mucho peor como mujeres, que el que tenían cuando eran hombres.

Ninguno de estos casos aplica a Semenya. Ella es una mujer, indudablemente, y aunque la AIFA ha determinado ver la feminidad a través de los lentes de una hormona que es más prevalente en los hombres, esto no la hace de ninguna manera menos y no debería hacerla menos capaz de competir contra quienes comparten su mismo género. Las competidoras que se quejan de esto, deberían llevar sus quejas a sus padres. Al igual que Semenya, de ahí obtuvieron su ADN y todos sus otros componentes biológicos.

Otra parte de la Carta Olímpica aplica directamente a Semenya. El segundo principio dice: “La meta del Olimpismo es poner el deporte al servicio del armonioso desarrollo de la humanidad, con el fin de promover una sociedad pacífica comprometida con la preservación de la dignidad humana”. Y en muchas formas, las Olimpiadas lo han hecho. Tan solo en Rio, ha habido un equipo de refugiados y una propuesta de matrimonio de una jugadora de rugby a su novia. Antes de la meta dorada de Neymar el sábado, la mayor heroína de Brasil en las olimpiadas era Rafaela Silva, la judoka de la Cidade de Deus, quien es gay.

Todo lo que Caster Semenya quería era correr de la manera en la que nació, y el TAD le permitió eso. Una vez que lo consiguió, Semenya quería que el mundo creciera, para que entendiera quien es ella, que entienda que merece, al igual que todos, ser tratada con dignidad y tener la oportunidad de competir. Para unir a la gente, como debe de ser.

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