Mi historia intersexual. Por Carla Núñez

Mi historia intersexual

Por Carla Núñez

*Historia compartida por Carla Núñez exclusivamente para Brújula Intersexual, si quieres publicarla en otro sitio por favor escribe a intersexualmexico@gmail.com para comunicarnos con la autora y proporcione su autorización.

Carla

Fotografía compartida por Carla N.

Me ha relatado mi madre que cuando nací, yo no le fui entregade a ella, mientras ella fue dada de alta del parto yo permanecí  en un hospital del gobierno por dos semanas más para ser observade, una vez que le fui entregade a mi madre con un diagnóstico de hipospadias, prosiguieron  algunos estudios, pero tardaban mucho.

A los cinco meses de edad, mi mamá ya no pudo amamantarme y empecé a vomitar el alimento que me daba en su lugar, un médico de ese lugar le recomendó que acudiera al hospital infantil “Federico Gómez” con una doctora cuyo nombre no tiene relevancia en mi relato, en ese hospital, a mi madre se le informó que tenía Hiperplasia Suprarrenal Congénita (HSC) y los nombres de los estudios que me habían realizado, la citaron para el siguiente día temprano, en esa cita estuvimos ella, mi hermano y yo todo el día en el hospital, pero yo de eso no recuerdo nada, porque era muy pequeña.

Cuando me enteré que nací con características físicas ambiguas, fue la vez que mi madre me explicó que yo era diferente, me dijo que todas las personas tenemos hormonas de mujer y de hombre, que las mujeres tenían más de mujer por eso son mujeres y los hombres tenían más de hombre que de mujer por eso son hombres, pero que yo tenía igual de las dos hormonas, me lo dijo muy llanamente de manera natural, tal vez me lo explicó porque tenía que asistir a una consulta, en ese entonces tenía nueve años y no le di ninguna importancia. Quizás no llegaba a entender bien que eso era mal visto o que era algo trascendental.

La primera operación que me realizaron no la recuerdo porque apenas era un bebé, fue a los diez meses de edad, después de “descubrir” o quizás determinar que mi sexo era femenino, fue una clitoridectomia, término que descubrí más tarde, a la edad de 18 años, cuando me dieron de alta del hospital y leí el resumen médico. Mi madre me dijo que había tenido un “penecito” al nacer (el término médico es: clitorimegalia) y que  cuando era un bebé me lo habían cortado longitudinalmente y luego lo habían suturado alrededor, eso me lo dijo un poco más grande cuando tenía aproximadamente 10 años de edad , esto me hizo sentir confundida y me pregunté.- ¿Entonces nací niño?, pero cuando se lo pregunté a ella, ella me dijo que no, ya que no tenía testículos, y que ese penecito no era lo suficiente grande para un niño “normal”,  eso me tranquilizó porque me aterraba la idea de ser un hombre, entonces estaba a punto de ir al quirófano por segunda vez. Siempre di por hecho que, nacer con un cuerpo como él mío, era una enfermedad y que iban a corregirme, como si se tratara de una malformación, en ese entonces no existía tanta información, y nunca me había planteado a mí misma que era sana, que mi cuerpo no tenía nada de malo, incluso me aprendí el nombre de la operación y me sentí aliviada una vez que salí del hospital. Algo que recuerdo vagamente pero con desagrado, es que me hicieron un enema porque dijeron que iban a tomar tejido del colon para construir la vagina, aunque finalmente no lo hicieron, si fue una situación muy desagradable.

Lo que si recuerdo bien es cuando me operaron por segunda vez, me hicieron una vaginoplastía. Después vinieron más malos recuerdos de una vida en el hospital: recuerdo cómo, en las dilataciones vaginales y durante las fotografías que tomaban de mis genitales, yo yacía con las piernas abiertas y flexionadas y cubría mi cara con una sábana porque me sentía avergonzada, soportaba las burlas socarronas de los doctores y las enfermeras, además del dolor de las dilataciones. Ellos se burlaban porque yo me tapaba la cara con una sábana, como asombrados por la vergüenza que tenía y como la manifestaba. Ellos nunca pidieron permiso, desde el primer día que llego mi madre al hospital conmigo en brazos, ellos solo determinaban que hacer y jamás, en ninguna ocasión, pidieron autorización de ningún tipo, solo ordenaban que se hiciera tal o cual cosa, y nosotras nos prestábamos a sus dinámicas, aceptando el supuesto de seguir sus procedimientos para sanar.

La tercera y última operación, fue la ampliación vaginal cuando tenía alrededor de 15 años de edad. La ampliación vaginal consistió, como su nombre indica, en ampliar la cavidad vaginal en su tamaño, porque las dilataciones no estaban funcionando, el principal cambio que sentí fue que mi sexo en lugar de estar casi al frente de mi pelvis, lo empecé a sentir justo en medio de la entrepierna, en esa operación todo fue menos traumático, ya tenía mayor edad y los procedimientos parecían ser menos transgresores, lo peor fue después de la segunda operación.

Después vino una etapa de desencuentro entre los especialistas y yo, recuerdo que me dieron un formato para usar de calendario menstrual, y al yo registrar mis periodos con el tipo y la cantidad de sangrado, se burlaron y dijeron que ya había inventado mis propios métodos de estudio. Los doctores llegaron al punto de mencionarme que querían extirpar mis glándulas suprarrenales, o por lo menos me amenazaron con eso, pero afortunadamente, el tiempo de convertirme en adulta llegó, y deje de estar en sus manos. Sobre como afectó esto a mi familia no lo sé, solo puedo decir que con el único miembro de mi familia con el que he contado para esto, es con mi madre, porque los demás solo fueron los grandes ausentes. Mi padre, desde que nací, se refugió en el alcoholismo y se desentendió de todo, estuvo ausente durante las tres cirugías. Mi hermano aunque se mantiene alejado del tema como un tabú, cuando ha tenido la oportunidad de hacerme sentir como un fenómeno sí que lo ha hecho, las únicas personas que se han visto afectadas por estos procedimientos somos mi madre y yo.

Con la menstruación siempre hubo problemas, era muy irregular, los doctores siempre asumieron que yo no estaba tomando los medicamentos para la HSC (prednisona o dexametasona), y me recetaron con varias dosis que fallaban. Para mí el hecho de ser capaz de menstruar representaba el éxito de poder, en teoría, procrear, pensaba que era algo así como “mi consumación como mujer”. Sin embargo, con cada dosis en la que me bajaba la menstruación,  después de un tiempo me dejaba de bajar otra vez. Cuando era niña recuerdo que tenía síndrome de Cushing (que se produjo porque me medicaban con una dosis muy alta de corticoides), para los médicos eso era tenerme controlada con los niveles “adecuados” de progesterona.  Cuando se tiene Síndrome de Cushing los principales características son la cara redonda, las mejillas hinchadas y rojas, una giba y, en general, una apariencia de una niña con sobrepeso. La principal afectación que tuve por la cortisona fue mi sensibilidad e irritabilidad, y mi padre, ignorando los efectos de los corticoides en el carácter, me decía la niña chillona. En fin, esos tiempos ya pasaron.

Después de ser dada de alta del hospital infantil, fui al hospital general, y me cambiaron la dosis pero sin resultados, y ni siquiera me realizaban estudios, así que me harté y deje de buscar médicos.

Conocí a una chica también intersexual y por ella supe de los antiandrógenos y de los estrógenos, o pastillas anticonceptivas, probé y funcionada (ya tenía regularmente mi periodo menstrual), pero empecé a engordar y me crecieron más los senos, lo cual no me molesto, pero el vello de mi cara aumento mucho, me estaba virilizando más. Afortunadamente por ese entonces conseguí acudir con un endocrinólogo, y me detectó niveles altos de prolactina que se redujeron con tratamiento, posteriormente el doctor falto los días que me tocaba consulta y perdí el empleo por lo que perdí el derecho al servicio médico, y también, me canse de querer alcanzar la menstruación para confirmarme como mujer, por eso decidí, desde hace aproximadamente un año, aceptar que no soy una mujer ni un hombre, aceptar mis características ambiguas y que soy una persona intersexual.

A veces me pongo a pensar que yo no nací para eso de formar pareja, en mi adolescencia parecía gustarme un maestro y una compañera, de joven no tuve pareja, de adulta estuve con mujeres y hombres, y últimamente he vuelto a estar sin pareja. Me considero asexual pues parece que he perdido esa sensibilidad que tenía cuando era joven, y alguien podía desatar en mí emociones, pero eso ya no me pasa, y es algo que me hace feliz porque me siento libre de deseo o anhelo de compañía.  Espero que los demás asuman el hecho de que no soy “follable”, al igual que nadie lo es para mí. Además, no es mi obligación gustarle a nadie.

Ahora pienso que pasé por tantas cosas, para que me terminara enamorando de mi misma y huyendo  de la reproducción de arquetipos sociales como la hetero-normatividad, y  tanto tiempo, tanto estrés, tanto dinero, tanto huir y esconderse, y tantos maltratos que recibimos mi madre querida y yo. Imagino que si no me hubieran modificado mi cuerpo quizás hubiera sido lo mismo que soy ahora, y todo eso que pasé fue inútil, un absurdo basado en un esquema de vida en el que no todas las personas encajamos.

Por ahora, tras aceptar y asumir que soy intersexual, mis padres me apoyan, incluso ahora que estoy desempleada y no he buscado nuevamente empleo. Yo era maestra, y dejé ese empleo porque siempre fui violentada por los alumnos al notar mis características andróginas. Incluso en la calle, todos parecen mirarme con recelo.

Puedo decir, que mi verdadera historia como intersexual apenas comienza, porque hace poco que he aceptado mi condición y asumido el hecho de no ser ni de aquí ni de allá, sino una autentica yo, que posee su individualidad biológica, psicológica, social, emocional e intelectual.

Aunque siempre he estado consciente de ser intersexual, desde los ocho años de edad aproximadamente, siempre lo consideré una enfermedad, algo que debía ocultar, algo que no se notara, pero empecé a conocer personas intersexuales que se ufanan de serlo, que se sienten felices con su cuerpo tal cual es y declaran no estar enfermos, simplemente tener un cuerpo diferente, y personas con anatomía considerada “normal”, típica de uno u otro sexo, pero que expresan su género como mujeres , como hombres o como andróginos, entonces me di cuenta que no debía seguir huyendo de la naturaleza de mi ser, que si me salen las barbas y los bigotes, tenía que aceptarlos y quererlos, decidí que los rasuraría y ya no los arrancaría, decidí que tener una apariencia de hombre en ocasiones, no se me va a quitar ni aunque tome toda la medicina del mundo, me di cuenta que de alguna forma no existe el hombre cien por ciento masculino, ni la mujer cien por ciento femenina, que todos ya sea que tengan una anatomía intersexual o no, de alguna manera tenemos alguna que otra característica andrógina, y que soy igual que cualquier otro humano, que tener apariencia de hombre no debe ser un problema, sino una ventaja, que debía cuestionarme el camino que había tomado mi vida y quizás empezar de cero si es necesario, ya no considerándome una mujer incompleta, sino alguien intersexual y ambiguo o neutro, que está complete, que no le falta ni le sobra nada, simplemente que existe más allá de las características físicas, existe por sus capacidades, por sus facultades, existe por su espíritu.

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2 pensamientos en “Mi historia intersexual. Por Carla Núñez

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