7 RELATOS CORTOS DE “LUPITA”. Por Lupita Chavez

7 RELATOS CORTOS DE “LUPITA”

Por Lupita Chavez

**Texto presentado por Lupita Chavez como parte de la capacitación sobre “Intersexualidad” impartida por Brújula Intersexual al personal de Conapred.

7-relatos

RELATO UNO: “AQUÍ TENEMOS UN CASO”

Un cuarto grande, paredes blancas, una cama de color café, colchonetas negras, y un escritorio con un par de sillas, es la ‘catedral de aprendizaje’ para 6 practicantes que están ávidos por escuchar al cirujano.

Ahí estoy yo, acostada, vistiendo una bata blanca, muriéndome de vergüenza y temblando como si fuera una niña indefensa en el medio de la nada. En la silla, a un lado del escritorio, está la psicóloga, quien me había pedido que confiara en ella y en el momento más humillante de mi vida, sólo volteó su mirada.

El doctor me pidió que subiera mis piernas en el soporte de la cama y como un espectáculo de ‘feria de pueblo’ todos se acercaron. El doctor empezó a hablar: “Aquí tenemos un caso de seudohermafroditismo”.

Yo me sentía denigrada y la plática no cesaba. El momento más incómodo fue cuando el doctor tocó una bolita que tenía en mi zona íntima. Era un testículo que había descendido y tenían qué extirpar.

La mirada fría y calculadora de todos los practicantes me hicieron sentir sucia, como la peor persona y como una delincuente. Mi único delito era ser ‘diferente’.

Al término de la revisión, el doctor me dio las gracias y la indicación de pasar a la siguiente consulta.

Cuando salí, mis padres me preguntaban: -¿Cómo te fue?-

Yo sólo respondía: -“Bien”.-

Agachaba la cabeza y seguía el recorrido

RELATO DOS: ¿TIENES PITO?

Después de mi cirugía de recesión de gónadas busqué ayuda. Decidí tomar pastillas para sentirme mejor, esto a escondidas de mi familia. La persona que me las conseguía no se encontraba y tuve qué buscarlas yo.

Mi peor error fue ir con el doctor de cabecera de la familia. Le dije que me sentía mal y le expliqué todo lo que había pasado. Me preguntó tantas cosas que me arrepiento de haber ido.

-¿Eres macho?-

– ¿Tienes pito?-, dijo.

Ahí estaba como si fuera el juez todopoderoso, sentado detrás de su escritorio, fumando y con una sonrisa sarcástica al saber mi ‘secreto’.

El entorno no era agradable; muebles viejos y descuidados por el paso del tiempo, papeles por doquier, un olor a humedad y el penetrante aroma a cigarro.

Sentí nuevamente vergüenza y en ocasiones asco por mí misma. Al final me dio las pastillas y tiempo después aprendí que no era la solución.

RELATO TRES: ¡TIENES UN PUÑALITO!

Yo estaba desesperada, me sentía encerrada en mi propio cuerpo. Como siempre había dicho, sólo veía la vida pasar a través de la ventana de mi casa. Yo quería vivir, pero algo me quemaba por dentro.

Una amiga me recomendó un psicólogo que la había atendido y la razón por la que me animé fue porque él es gay. Dije, quizás me entienda mejor.

Me sentí agusto, me desahogué y platiqué todo. Pero otra vez me equivoqué.

Un día, varios amigos estábamos conviviendo en vísperas de Navidad y él estaba presente.

Era alto, obeso, tez blanca, pelo corto, llevaba un pantalón color caqui y un suéter rojo con motivos navideños.

Estaba tan desenvuelto por el calor de las copas, que en la plática las cosas se salieron de control. Tuve qué intervenir para calmar los ánimos y fue peor.

Dijo cosas íntimas que le había contado en consulta, en particular de mi ‘micropene’.

-¡Tienes un puñalito!-, gritó y soltó la carcajada.

Me alejé de todos ellos.

Tiempo después me enteré que en sus conferencias proyectaba un video en el que me entrevistaron. No decía cosas buenas ni malas. Sólo decía que era un caso que ‘Él’ había atendido.

RELATO CUATRO: ¿YA ESTÁS LISTA PARA LA SIGUIENTE OPERACIÓN?

En el 2006 me operaron de la Vaginoplastía. En esa época ya no quería nada con los hospitales y quería que todo acabara. Decidí operarme por presiones de los doctores y por mi ex novia. Ellos me decían que la vagina me permitiría ser normal y sería mi felicidad. Y ella me dijo que me iba a querer más y que sería como cualquier otra mujer.

Qué tonta fui, nada de eso pasó.

La recuperación fue lenta y dolorosa. Un episodio fue cuando el cirujano me tuvo qué revisar ‘mi felicidad’. Estábamos en consulta, tomó los guantes y dijo que iba a contar hasta tres para introducir sus dedos. Contó 1, 2…. y el 3 nunca llegó.

Sentí un dolor indescriptible, estaba llorando y sólo volteaba a ver a mis padres que estaban ahí asustados y paralizados sin saber qué hacer. A partir de ese momento me dio asco mi Vaginoplastía.

Con su cara de satisfacción de su obra maestra, el doctor me dijo: “Todo está bien” y que parecía normal. La pregunta que me cimbró fue: -¿Ya estás lista para la siguiente operación?-

Le dije que no.

Nunca lo voy a olvidar, su nombre y apellido es homólogo de aquel físico de la manzana. Tampoco su vestimenta, esa camisa color púrpura y pantalón negro que lo hacía ver más moreno y alto.

Ojalá nunca lo vuelva a ver.

RELATO CINCO: ¡AHÍ VA EL HOMBRECITO!

Antes de ir los hospitales ya sufría discriminación por mi aspecto físico. En mi adolescencia mi apariencia se asemejaba a un hombre. Para ser exacta, en la secundaria empezaron los cambios; mi voz era gruesa, mi musculatura era envidiable hasta por los hombres y nunca llegó la menstruación, ni el crecimiento de mis senos o ensanchamiento de mis caderas.

Mis compañeros de salón nunca me dijeron nada de manera directa, sólo murmuraban y en otros salones sí los escuchaba decir cosas malas.

En la preparatoria ya me habían intervenido quirúrgicamente. Fue la etapa más horrible de mi vida y los hombres eran muy crueles conmigo, al grado que no quería salir del salón de clases para que no me dijeran nada. Quería pasar desapercibida, pero no lo logré.

Recuerdo mucho un comentario de un compañero. Esperábamos entrar al salón de Inglés, yo estaba formada en la fila y él, como muchacho rebelde, se puso adelante de todos. En eso llegaron unos chavos de otro salón y platicaban sobre su tipo de mujer ideal, además habló de mujeres feas y otras que no deben de existir. En ese momento empezamos a entrar, yo iba pasando y dice: “mira, ahí va una de las que te digo”.

Mi autoestima estaba por los suelos y sólo agaché la cabeza y seguí. Esto dañó mi autoestima y batallaba para socializar.

Era alta, delgada, siempre vestía con playera, pantalón de mezclilla y tenis. Todo el tiempo escuchaba comentarios muy malos, cuando pasaba por los talleres de la escuela decían: “Ahí va el hombrecito”, “No sabía que los hombres usaban el pelo largo” y muchos más que no vale la pena mencionar.

RELATO SEIS: EL MACHO Y LA MACHORRA

Mis padres me apoyaron en todo momento. Trataban de ocultar la información lo más posible. Pero tiempo después me enteré lo que pensaban los demás.

Mi papá me contó que en una discusión una de sus hermanas y su hija, le reprocharon varias situaciones. Para ellas soy la machorra de la familia. Eran las personas con quien más convivía, por decirlo así. Sólo las he visto 10 veces en mi vida, por la distancia.

Recuerdo que decían que era su prima y sobrina preferida, que era muy especial para ellos. Al final todo eso se acabó y no he vuelto a saber nada de ellos.

Y por parte de mi mamá, una prima también en arranques dijo que era el “Macho” de la familia y que esas cirugías eran para no sé qué.

Hoy en día, considero que tengo la suficiente madurez y me dan risa los comentarios adversos.

Ya no agachó la cabeza.

RELATO SIETE: UNA RELACIÓN DESASTROZA

Las relaciones sentimentales fueron muy complicadas. La primera pareja fue quien me insistía en operarme, era una persona mucho mayor que yo.

Cuando nos conocimos, lo primero que me preguntó fue: ¿Eres hombre?

Y hasta tuve qué mostrarle mi credencial de elector. Hoy me da risa.

Por varias semanas estuvimos platicando y nos hicimos novias. Yo buscaba un poco de cariño, un abrazo o un apapacho para sentirme querida y alejada de los hospitales.

Lo peor estaba por venir. Después de convencerla que no era hombre sino mujer tenía que explicarle que era intersexual.

¿Cómo explicárselo? Le conté toda la historia clínica, se quedó sorprendida y me dijo: “Entonces tienes pene”. Volví a explicarle desde el principio y trataba de entender o por lo menos eso decía.

Su curiosidad fue más allá, un día quiso tener relaciones sexuales conmigo y para mí era la primera vez. No sabía exactamente como empezar o hacer. Ella me decía tócame aquí, allá y listo tuvo un orgasmo. ¿Y yo? ¿Un abrazo? ¿Un beso? ¿Una copa?…………………….

 

 

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