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Soy Intersexual y estoy aquí. Por Jackie Green

Soy Intersexual y estoy aquí

Por Jackie Green

Traducción: Laura Inter del artículo “I Am Intersex and I Am Here” de Jackie Green

Fuente: https://westmichiganwoman.com/blog/item/1758-i-am-intersex-and-i-am-here

jackie green

Fotografía cortesía de Elise Kutt

“Soy una del dos por ciento”.

Esta es una afirmación que no me hubieras escuchado decir hace unos años – sobre todo por temor y vergüenza.  Probablemente te estés preguntando: “¿Dos por ciento de qué?” Bueno, soy parte del aproximadamente dos por ciento de la población que nace intersexual.

Si esta palabra te resulta desconocida, déjame desglosarla: las personas intersexuales nacen con características sexuales físicas que no se ajustan a las definiciones “típicas” de masculino o femenino. En mi caso, nací con cromosomas XY – que son típicamente “masculinos” – y testículos internos en lugar de un útero y ovarios. En su exterior, mi cuerpo tiene una apariencia típicamente “femenina”.

Algo que viene con diagnósticos como el mío, es mucho temor a que “descubran” que eres diferente a lo que la sociedad está acostumbrada.

Para mí, mis testículos internos producían estrógenos. Pero a la edad de 15 años, los doctores le dijeron a mis padres que tenían que extirparlos. Convencieron a mis padres de que quedarme con los testículos podría causar cáncer, y sería “mentalmente perjudicial”, para mí como una joven mujer, si las personas descubrían que los tenía. No fue hasta años después que me enteré que esta cirugía era médicamente innecesaria. De hecho, pudiera haberme beneficiado de la producción hormonal natural.

En ese entonces, no estaba totalmente consciente de la razón por la que estaba pasando por el bisturí, ni de las consecuencias de una cirugía que me quitó mis órganos productores de hormonas. A los 15 años, ya estaba completamente desarrollada y había atravesado la pubertad. Todavía es importante tener estrógeno siendo mujer, y fui forzada a tomar medicación debido a mi falta de estrógeno natural.

Fue una época bastante confusa. Solo era una estudiante de primer año en la escuela preparatoria. Regresé de cirugía después de las vacaciones de navidad y aún no podía usar pantalones de mezclilla, debido a la incisión que se extendía a lo ancho de mi abdomen. Se suponía que no podía usar las escaleras por unas semanas mientras sanaba, así que la escuela me dio la llave del elevador. Llegué tarde dos veces a clase por eso, y muchos de los estudiantes me preguntaron porque tenía que utilizar el elevador, así que comencé a forzarme a usar las escaleras, aunque me doliera.

Mentí por años, a todos a mí alrededor. Mentí tanto, que comencé a creer mis propias mentiras. “Tuve una histerectomía”, dije a la mayoría. Deje que el temor a que las personas descubrieran que era diferente me mantuviera en silencio.

No fue hasta que me casé y quería un bebé, que esto realmente impactó mi hogar. Mi hermana me dijo que ella podía embarazarse por mi esposo y por mí. Tuvimos éxito al conseguir óvulos de un donante, y usamos el esperma de mi esposo para realizar una fertilización in vitro. Por suerte para nosotros, funcionó después de unos pocos intentos; actualmente, somos los orgullosos padres de una bebé de 10 meses de edad.

En ese entonces, estaba trabajando como reportera de un programa para FOX17. Estando en los medios de comunicación, era fácil anunciar la noticia de nuestro embarazo. Cuando lo hice, la gente tenía preguntas. ¿Porque mi hermana estaba haciendo esto por mí? La gente seguía preguntando qué era lo que estaba mal conmigo, y tuve el súbito y violento impulso de gritar: “¡Nada está mal conmigo!

Solo soy diferente.

Así que, justamente eso hice – lentamente comencé a contar mi historia, poco a poco, ayudando a las personas a entender que el no ser capaz de tener un bebé, era muy difícil para mí.

Pero eso no significaba que algo estuviera mal conmigo.

Al contar mi historia, he escuchado de otras madres de Michigan, cuyas hijas nacieron con una variación intersexual. Se sentían asustadas y tenían miedo a lo desconocido. Les digo que no hay nada que temer. Nada está mal con sus hijas. Simplemente son un poco diferentes.

Ahora me apasiona detener las cirugías médicamente innecesarias e irreversibles, como la que me realizaron a mí. Las cirugías en individuos intersexuales, son llevadas a cabo por miedo – miedo a un cuerpo que no entienden ni pueden catalogar en una casilla de “masculino” o “femenino” en un pedazo de papel. Estas cirugías representan violaciones de derechos humanos, y en el futuro, quiero que otras personas intersexuales, especialmente las personas jóvenes, no sientan vergüenza.

En el Grand Rapids ArtPrize 2014, vi una pieza de arte que invitaba al público a confesar algo acerca de sí mismos. Noté que alguien escribió: “Soy intersexual y estoy aquí”.

A ti, te digo: “No estas solx. También estoy aquí”.

Jackie Green es la anfitriona de “Tardes con Jackie Green” en el 105.3 HOT-FM y vive con su esposo, Jim, y su hija, Greenleigh, en Grand Rapids. Cuando no está trabajando, es una activa corredora y es la actual Srta. Michigan US Continental. Está utilizando su plataforma para defender a lxs jóvenes intersexuales. Puedes contactar con Jackie en Facebook en facebook.com/OnAirJackie.

Para más información:

AIS-DSD Support Group

interACT: Advocates for Intersex Youth

Video: Los doctores ‘jugaron a Dios’ con mi cuerpo. Jeanette (persona intersexual)

Los doctores ‘jugaron a Dios’ con mi cuerpo

Intersexualidad: Los doctores me ocultaron un secreto

Jeanette tiene 71 años. Cuando tenía 16 años, fue sometida a una cirugía mayor, en la que los doctores extirparon testículos internos de su cuerpo. Pero Jeanette no sabía que tenía testículos, y los doctores no le dijeron para que era la cirugía.

La vida se volvió muy difícil para Jeanette, incluyendo problemas con la intimidad física, y no fue hasta que tenía 50 años, que descubrió la verdad acerca de su propio cuerpo.

Para ver el video (en inglés) visita este enlace: http://www.bbc.co.uk/news/av/magazine-39976889/doctors-played-god-with-my-body

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Transcripción y traducción al español: Laura Inter, del video en el que habla Jeanette de su experiencia:

A la edad de 16 años, básicamente fui sometida a cirugía mayor, tengo una cicatriz de 8 pulgadas que atraviesa mi estómago. Me sentía perfectamente sana, y recuerdo estar sentada en la cama [del hospital] pensando: “¿Qué diablos hago aquí?”

Los cirujanos extirparon los testículos internos del cuerpo de Jeanette. Pero Jeanette ni siquiera sabía que los tenía, y los doctores no le informaron porque la habían operado. La vida se volvió muy difícil para Jeanette.

Conocí al que sería mi esposo, e hicimos el amor, y él fue bueno, pero después yo sentía tanto dolor que no podía caminar. Así que mi madre me acompañó al hospital, y me dijeron ve a casa las cosas irán mejorando. Me dieron un dilatador de vidrio, entonces me dijeron ve a casa y úsalo y las cosas estarán bien. No estaba bien, no podía usarlo, era demasiado doloroso.

Me pusieron parches de hormonas que yo no quería, me revelé contra ellos porque pensé: “¿Por qué me tengo que pegar estas cosas?”

Nadie me explicó por qué necesitaba el dilatador, por qué necesitaba tener estas cosas pegadas a mí. Así que no me los puse, y a la edad de 30 años terminé dejando a mi esposo, y desde entonces no he tenido pareja, porque tengo miedo de dejar que cualquiera se me acerque. Y he salido perdiendo, porque no me gusta estar sola.

Jeanette nació con Síndrome de Insensibilidad a los Andrógenos Completo (SIAC). Un bebé que nace con SIAC es genéticamente masculino, pero su cuerpo no responde apropiadamente a la testosterona, así que la apariencia externa de los genitales será completamente femenina.

A Jeanette le dijeron la verdad acerca de su condición hasta la edad de 50 años.

Cuando tenía 50 años, estaba en el hospital para que me quitaran un pequeño bulto de mi pecho, y alcancé a ver entre las notas que con grandes letras rojas estaban las palabras: Feminización Testicular. Afortunadamente mi doctor era el mismo doctor que había tenido por muchos años, cuando fui a verlo y le dije acerca de la palabra “testicular”, se puso tan blanco como una hoja de papel. Le dije: “¿He venido a preguntarte que es esto?”, contestó: “Bueno, mira, te daré todas las notas, ve y siéntate afuera y durante la siguiente hora puedes leerlas”. Salí y leí mis notas, y llegue donde decía que tenía el útero del tamaño de un cerillo y dos testículos completamente desarrollados, y lloré mucho.

Ahora Jeanette disfruta la vida y espera poder ayudar a otrxs al contar su historia.

Necesitamos ser aceptados y amados por quienes somos. Y el estigma que te acompaña cuando eres diferente de todos los demás, es algo que simplemente llevas cargando, y eso está mal. Nadie necesita tener ese tipo de vida. Nunca tuve una vida hasta el año pasado, porque no podía aceptarme y amarme a mí misma por la persona que era, no podía imaginar que alguien más pudiera amarme. Mi mamá me amaba, pero era un amor incondicional. Nunca tuve una relación cercana, nunca supe que se siente que alguien te abrace y te diga que te ama. Me perdí eso, soy una persona cariñosa, me hubiera encantado tener a alguien que me abrazara y que me dijera que me ama.

‘El género está limitando a la sociedad’: La modelo que está luchando por los derechos intersexuales. Por Rae Witte

‘El género está limitando a la sociedad’: La modelo que está luchando por los derechos intersexuales

Por Rae Witte

Traducción: Laura Inter del artículo “’Gender Is Just Limiting Society’: The Model Fighting for Intersex Rights” de Rae Witte

Fuente: https://broadly.vice.com/en_us/article/model-hanne-gaby-odiele-intersex-rights-interview

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Hanne Gaby Odiele, desde los 20 años, estuvo caminando por las pasarelas para Chanel y Givenchy. Ahora está asumiendo un nuevo desafío como la activista intersexual más famosa del mundo.

El 23 de enero, solo días después de la inauguración de Donald Trump, Hanne Gaby Odiele anunció la más grande noticia de su vida: Salió a la luz como intersexual en USA Today. La modelo de 29 años, es mejor conocida por caminar en la pasarela para Givenchy, Prada, y Chanel, pero ahora está asumiendo otro papel como la activista intersexual más famosa – y algunos dicen que la única.

“Intersexual”, tal cual lo define el grupo de jóvenes activistas InterACT, es un término paraguas que hace referencia a personas que nacen con una o más de una gama de variaciones en las características sexuales, que caen fuera de las concepciones tradicionales de los cuerpos masculinos y femeninos. Hanne nació con síndrome de insensibilidad a los andrógenos, lo que significa que aunque físicamente parece ser biológicamente femenina, tiene cromosomas XY y nació con testículos internos no descendidos.

Cuando me reuní con ella en un restaurante a unas pocas calles de su hogar en Williamsburg, Hanne vestía pants negros, y una blusa negra con adornos brillantes debajo de un acogedor abrigo color verde. Tan pronto como terminé mi café, ella ordenó champaña y yo hice lo mismo. Hablamos de cosas divertidas: sus suegros que la visitan por el fin de semana, su casa que ella y su esposo acaban de comprar, su boda, como se conocieron, y que aman ambos de Nueva York. Pero, lo que marcó el mayor cambio en su vida, fue cuando salió a la luz este año. “Toda esa semana no pude dormir”, recordó. “Ellos [USA Today] nos llamaron [a ella y a su esposo], y dijeron: ‘A las cuatro de la mañana, saldrá el artículo’.”

A menudo se habla de la intersexualidad en términos científicos y biológicos, reduciéndola a terminología médica acerca de cromosomas y composición genética. Hanne, dice que esto no es suficiente para captar como es realmente la vida de una persona intersexual. “No es una mujer mítica con un pene y una vagina. Es más complicado que eso. Es más personal que eso. También, es más común de lo que la gente piensa”.

Cuando era muy joven, Hanne se enfermó, y tuvo que someterse a análisis de sangre de rutina en el hospital. Cuando los doctores regresaron para hablar con sus padres, los felicitaron: “Su hijo está saludable”, dijeron. Sus padres se preocuparon porque pensaban que los resultados se habían confundido con los de un paciente masculino, pero los doctores pronto diagnosticaron a su hija como intersexual.

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Hanne: “Mis años de pre-adolescencia fueron muy difíciles para mí”.

A los diez años, fue sometida a una cirugía para extirpar sus testículos y posteriormente le dieron estrógenos, para dar comienzo a los años más cruciales, aunque extraños, en la vida de cualquier persona: la pubertad. “Estaba muy confundida. Mis años de pre-adolescencia fueron muy difíciles para mí. De por sí ya resultan difíciles para los niños(as) normales que están creciendo. Mis hormonas naturales literalmente fueron cortadas, y luego me recetaron medicamentos con la finalidad de que pudiera encajar con los otros niños”.

“Fue como atravesar la menopausia y la pubertad al mismo tiempo”, recuerda. “Durante el verano, después de que me extirparan los testículos, fue cuando me di cuenta que algo estaba mal”. Su doctor mantuvo en secreto su condición; solo le dijo a Hanne que nunca tendría un periodo menstrual y que nunca podría embarazarse. Le dijeron que no había nadie más como ella. “Sabía que siempre que jugaba con muñecas mi mamá lloraba. Sabía que no sería capaz de tener hijos. Desde una edad muy temprana, mis padres fueron abiertos conmigo acerca de eso”.

Sus doctores tampoco eran de utilidad cuando trataban de mitigar el malestar que sentía. Cuando iba a las revisiones médicas, de manera rutinaria los estudiantes de medicina iban a observarla. “Cada vez que iba al doctor, tenía que pasar por varias citas incómodas”, recuerda. “De repente entraban muchos estudiantes a la habitación, y educadamente le pedían a mis padres que se fueran, ponían una sábana sobre mi rostro, y uno por uno comenzaban a observar mis partes privadas. Sabía que algo era evidentemente diferente. Era complicado”.

Imaginen lidiar con la escuela secundaria, el acné, la pubertad, y las citas románticas, mientras tienes un enorme signo de interrogación sobre una de las partes más privadas de tu vida: tu identidad de género. “Era una niña algo salvaje, como si tuviera un trastorno de déficit de atención con hiperactividad. No fue la mejor época de mi vida”, dijo. “Tuve citas con algunos chicos, pero de alguna manera, siempre era algo autodestructiva. Solo podía llegar hasta cierto punto, porque sabía que algo estaba mal y no quería pasar de ese punto”.

Afortunadamente, Hanne tuvo un gran avance cuando cumplió 17 años. Navegando por una revista holandesa, se encontró con un artículo acerca de jóvenes mujeres intersexuales. “Describía exactamente lo que tengo: sin periodo menstrual, sin ser capaz de tener hijos. Pensé: ‘Oh dios mío, esto se parece a mí’.” Después de confrontar a sus doctores, estos confirmaron sus sospechas.

Hanne rápidamente se puso en contacto con el escritor del artículo, y fue a reunirse con otras mujeres intersexuales a una conferencia en Holanda. Fue una experiencia que le cambió la vida, pero esto también precedió a una nueva fase en su vida: su carrera como modelo internacional. Desde los 20 años ha caminado en la Semana de la Moda, y ha sido fotografiada para la portada de la revista Vogue. “Literalmente un mes después, me contrataron para modelar para esta portada y desde entonces no he regresado a mi país”.

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La experiencia de Hanne con la cirugía, fue lo que la motivó a involucrarse con los derechos intersexuales.

Pero justo después de cumplir 18 años, fue sometida a una cirugía de reconstrucción vaginal – una operación que había estado posponiendo por años. “En realidad, no se me informó sobre las consecuencias que pudiera tener la cirugía. Les dije muchas veces que no quería hacerlo”, dijo. Sus doctores insistieron. Una vez que terminó, ella enterró la idea de alguna vez salir a la luz. De acuerdo a Hanne, los efectos secundarios de la cirugía pueden incluir: la pérdida de la sensibilidad sexual e incontinencia – y todo por un procedimiento que cada vez se considera más como uno que obliga al cuerpo a ajustarse a las normas sociales.

“En la mayoría de los casos, las cirugías que nos han estado haciendo, simplemente son consecuencia del miedo a los cuerpos no binarios”, dijo Hanne de lxs niñxs y los jóvenes intersexuales. “Para los padres y doctores, las cirugías pueden ser muy perjudiciales. Si no son consensuales, si la persona no tiene el conocimiento suficiente, si la persona está saludable, ¡¿por qué hacer la cirugía?!”

A fin de cuentas, la experiencia de Hanne con la cirugía, fue lo que la impulsó a ponerse en contacto con InterACT y hablar de su experiencia. “No necesitas corregir algo que no está roto”, dijo con firmeza. “[Mi última cirugía], fue realizada simplemente por temores a lo no binario. El sexo se piensa que tiene que ser heterosexual, el pene necesita encajar en la vagina, pero el sexo es un espectro más grande que solo un pene y una vagina. ¿Sabes a lo que me refiero? El trauma que pueden acarrear las cirugías no consensuales e irreversibles, es más grande que simplemente ser algo que está normalizado”.

Hanne ofrece muchas razones – tanto personales, como otras más allá de sí misma – para explicar porque sintió que era el momento adecuado para salir a la luz. “Pienso que la comunidad LGBTQ ha pavimentado un poco el camino, en especial el año pasado. Vimos surgir muchas cosas por los derechos trans, lo cual es genial. Estoy totalmente a favor de esto”. Pero cuando se trata de las personas intersexuales, añade: “Siempre he pensado que nuestra comunidad ha estado un poco excluida. No tenemos representación”.

Todo lo que sucedía en su vida personal, hizo que sintiera que era lo correcto. Se casó el año pasado con su novio de ocho años, John Swiatek, y compraron una casa; dice que esta por cumplir 30 años, y siente que su carrera va por el camino correcto. Pero la comunidad intersexual, todavía estaba llena de historias de terror, de adolescentes que tienen que lidiar con terribles efectos secundarios de las cirugías, las cuales pueden considerarse en gran medida cosméticas. “Cuando una niña de 13 años dice que tiene esclerosis o pérdida de sensibilidad, algo no está bien”, dijo Hanne. “Le quitaron sus hormonas naturales. Eso está jodido”.

A largo plazo, su deseo es ver desaparecer a las normas de género, pero conoce los retos que enfrentamos actualmente en este país. “Te ponen en una caja desde el día que naciste. ‘Tienes una vagina, entonces eres esto’.” dijo. “’Tienes un pene, entonces eres esto.’ Los que están en el medio no son siquiera considerados, simplemente te modifican. No solo es una casilla la que marcas, es un espectro, y esta nunca debería limitarte para ser lo que quieras ser. El género está limitando a la sociedad en su conjunto”.

Hanne habla con una energía imparable – está claro que está orgullosa de compartir su historia y mostrar su apoyo por otras personas intersexuales. En un mundo donde las celebridades como Miley Cyrus, abiertamente se identifican de género fluido o no binario, resulta fácil olvidar que Hanne es una pionera al haber salido a la luz. “Hanne es la figura más prominente del mundo que ha revelado que es intersexual. No solo eso, sino que Hanne está llevando esto un paso más adelante, al abogar por los derechos intersexuales en todo el mundo”, dijo la directora ejecutiva de InterACT. “El nivel de visibilidad intersexual nunca había sido tan alto, todo gracias a Hanne”.

InterACT está trabajando con Hanne para dar visibilidad a una comunidad pobremente representada, y evidenciando que la cirugía no es la única opción para las personas intersexuales. “Me gustaría ver desaparecer a esas cirugías, y espero que dentro de 10 o 15 años, tengamos niñxs intersexuales sanos, que puedan salir a la luz tranquilamente, que ya no necesiten esconderse, y que ellxs y sus padres puedan hablar abiertamente de esto”, dijo.

Hanne reconoce y se ha apropiado de su historia, pero también se da cuenta que esto no podría haber ocurrido si no fuera por el golpe de suerte que la llevó a encontrar esa revista holandesa. Desde ese momento, ha sido una larga travesía, pero una que no podría haber acabado de otra manera. “No podría haber hecho otra cosa sin antes sacar esto de mi pecho”, dijo. “Solo quiero vivir mi autentico ser”.

Todas las fotografía son de Brayden Olson.

Aceptándome a mí misma como una mujer intersexual. Por Jackie Green (InterACT)

Aceptándome a mí misma como una mujer intersexual

Por Jackie Green (InterACT)

Traducción: Laura Inter del texto “Accepting Myself as an Intersex Woman” de Jackie Green

Fuente: http://interactadvocates.org/accepting-myself-as-an-intersex-woman/

jackie green

Mi nombre es Jackie Green y, hasta donde puedo recordar, mi mayor temor en la vida era que alguien descubriera que tengo cromosomas XY – un hecho acerca de mí que no puedes ver, sentir, o percibir de ninguna manera. Sin embargo, aún tengo miedo de lo que otros pudieran pensar si supieran.

Nací con Síndrome de Insensibilidad a los Andrógenos Completo. Al igual que muchos individuos con mi variación intersexual, me dijeron que lo mejor era mantener el “secreto”. Las personas no entenderían; podría ser juzgada, o algo peor, si se llegaran a enterar de mi diagnóstico. Más de un doctor, a través de los años, me dijo que nunca habían conocido a alguien como yo, y que era probable que yo tampoco conociera a alguien como yo.

Eso era algo totalmente alejado de la verdad. A medida que crecí, descubrí grupos en línea como el Grupo de Apoyo AIS-DSD, y por supuesto a InterACT. Mentiría si dijera que acepté que era intersexual de manera inmediata. De hecho, fue lo contrario.

Me sentía enojada con otras mujeres con mi variación: “¡¿Por qué dices que eres intersexual?!” pensaba, “¡¿No puedes simplemente decir que eres una mujer?!” Tenía miedo; tenía miedo de que la manera en que se definían me reflejara, y que reflejara quien era.

No fue hasta que conocí a Emily Quinn, quien también es una orgullosa mujer intersexual que trabaja en interACT, que entendí: esto no es problema de ellxs, es mío. Ella me explicó lo que significa intersexual. No significa que yo no sea una mujer, simplemente significa que nací con características sexuales que no coinciden con lo que la sociedad dice que hace a una mujer.

Empecé a pensar en mi vida, en toda la vergüenza que sentía de mi misma, todo el miedo que sentía de que alguien pudiera descubrir la verdad, y lo peor: todas las mentiras que dije acerca del porqué tuve que ser sometida a una cirugía a los 15 años, y porqué tomaba hormonas diariamente después de esa cirugía. Me di cuenta que hay otrxs niñxs que nacieron como yo, y que están asustadxs y piensan que necesitan mentir acerca de quiénes son – como si algo estuviera mal con ellxs. No hay nada malo con ellxs, y quiero que todas las personas que nacieron intersexuales sepan que: ¡no hay nada malo contigo!

¡Ahora estoy felizmente casada! Tengo una hija, mi hermana se embarazó por mí usando los óvulos de un donante y el esperma de mi esposo. Lo mejor de todo es que acepto quien soy y estoy orgullosa de ser diferente, y de ser parte del 2% de las personas intersexuales del mundo. Soy la actual Ms Michigan US Continental 2017, y estoy utilizando este título para promover que: “Soy una del 2%: Defiende a la juventud intersexual”.

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Mi cuerpo intersexual, mis pechos y yo. Por Arisleyda Dilone

Mi cuerpo intersexual, mis pechos y yo

Por Arisleyda Dilone

Traducción: Laura Inder del texto “Growing Up Intersex, All I Wanted Were Breasts — But I Don’t Know If I Want Them Anymore” de Arisleyda Dilone

Fuente: https://www.buzzfeed.com/arisleydadilone/my-intersex-body-my-breasts-and-me

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Anna Salmi para BuzzFeed News

Al crecer siendo intersexual, todo lo que quería era tener pechos – Pero ahora, no se si los sigo queriendo

Al crecer, estaba obsesionada con los pechos que nunca desarrollé. Después de ponerme implantes hace más de una década, ahora estoy decidiendo si me los quito o no – y estoy explorando mi relación con el género, con mi cuerpo, y con la mujer en mi ultra femenina familia dominicana.

Cuando era una pequeña niña, una de mis hermanas mayores comenzó con su periodo menstrual. Nana tenía 11 años, alrededor de un año mayor que yo. Cuando Nana y nuestra otra hermana, Rosa, se encerraban en el baño, yo golpeaba la puerta demandando saber lo que estaba sucediendo. Rosa abría la puerta y orgullosamente anunciaba: “Ahora Nana es una mujer”. Me enseñó la ropa interior y el baño olía algo mal. Pensé que toda esa situación era repugnante y me alejé sacudiendo mi cabeza, y diciéndome a mí misma: Eso definitivamente no me sucederá a mí. Y nunca me sucedió.

***

No fue hasta el primer año de la secundaria, que se hizo claro que los indicadores biológicos del desarrollo femenino, me habían eludido por completo. Ninguna de mis compañeras parecía darse cuenta, o importarle, si tenía pechos o no. Para ellas, era una persona extrovertida, bobalicona, franca, y que amaba el basketball. Pero para mi familia, era una solitaria, una “Marimacha” con un fuerte amor por Los Simpson y por los deportes.

Cuando era adolescente, mi rol de género tenía muy poco que ver con mi cuerpo intersexual – estaba más ligado a mi situación general, así como a mi relación con mi familia y sus expectativas sobre de mí. Algunas veces (aunque casi nunca), felizmente usaba un vestido con volantes, zapatos brillantes y alaciaba mi cabello. La feminidad y sus adornos, siempre fueron simplemente una opción para mí, algo que hacía solo cuando quería. En general, a su manera, mi familia aceptaba mi individualidad – todo mundo en mi familia es un personaje por su propio derecho. Pero un rasgo en particular era el pináculo de la feminidad y, por tanto, no era negociable: los pechos.

Creciendo en Long Island, estábamos mis dos hermanas mayores, una hermana menor, y dos hermanos menores. Soy la tercera de seis hijos. Nuestra madre trabajaba muchas horas y nuestro padre entraba y salía de nuestras vidas. Vivir de un día de pago a otro, significa que a menos que fuera una emergencia, mi madre no tenía tiempo libre para ir a visitas médicas. En mi primer año de secundaria, mi hermana mayor, Rosa, se había unido a la marina, y estaba viviendo en Japón. Ella era como una segunda madre para mis otros cuatro hermanos y para mí – y fue la que me compró mis primeros pechos falsos.

Un día Rosa llamó desde la base y tuvimos una conversación acerca de mi cuerpo. Tenía 17 años de edad y aún no desarrollaba pechos, ni había comenzado mi ciclo menstrual. Rosa pidió hablar con mamá: “Mami, usted tiene que llevar a Aris al doctor. Esto no está bien”, le dijo severamente. Un par de meses después, mi mamá y yo fuimos al ginecólogo. El doctor concluyó que mi retraso en la pubertad, pudiera ser hereditario – después de todo, mi madre no tuvo su periodo menstrual hasta que tenía 18 años. Nos aconsejó esperar otro año.

La menstruación de mi madre fue un gran punto de cambio en su vida. Mis padres y yo, somos de un pequeño pueblo en República Dominicana: electricidad esporádica, colinas verdes, valles secos, caminos de terracería, y una población de un par de cientos de personas. Mamá y papá se conocieron cuando eran adolescentes, mientras recogían agua de un pozo. A pesar de que querían huir tan pronto como fuera posible (es decir, casarse), esperaron hasta que mi madre se convirtió en mujer (es decir, comenzó con su ciclo menstrual). Justo después de que mi madre cumplió 18 años, comenzó su periodo menstrual, y aunque aún existían algunas objeciones de los miembros de la familia, ella y papá finalmente se fugaron.

Aunque la menstruación es claramente esencial para la procreación, los pechos grandes no lo son – y aun así representan un ideal femenino en mi familia. Al crecer, parecía que de lo único que podían hablar todas las mujeres de mi familia, era del tamaño de sus pechos. Su obsesión, hizo que quisiera tener pechos, de la misma manera que otrxs chicxs pudieran desear el carro o el bolso más grande.

Pero rápidamente, se hizo evidente para mí que esa obsesión con los pechos, iba más allá de mi familia dominicana-americana. Recuerdo haber visto la serie de televisión “Casado con hijos” y aprender sobre todos los diferentes eufemismos americanos para los pechos: tetas, bolsas para la diversión, bazucas, teclas, torpedos, guzongas… Parecía ser universal: Todos estamos obsesionados con los pechos, pensé para mí. Así que consideré que mi obsesión era completamente normal.

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Rosa con Ivan, y Arisleyda (derecha). Cortesía de Arisleyda Dilone.

Después de esperar otro año para ver si comenzaba con la menstruación, no sucedió nada, así que tuve una visita de seguimiento con una ginecóloga. Esta vez la doctora dijo que algo estaba mal con mis ovarios. Recomendó un endocrinólogo en la Universidad Stony Brook.

Cuando era niña, las citas con el doctor, significaban un tiempo a solas con mi madre. En ese momento en particular, ella era la única responsable del cuidado de seis niños, trabajaba 16 horas al día, tenía una hipoteca que pagar y apenas lograba hacerlo. Así que durante estas citas, yo estaba feliz de disfrutar de la atención de mi madre.

Mi madre, una persona muy orgullosa, siempre había sido buena escondiendo ciertas cosas de todo el mundo. Sentadas en el asiento trasero, mirando por la ventana, nuestros estados de ánimo no podrían ser más diferentes. Podía sentir como mi madre suprimía su preocupación y miedo más que de costumbre, mientras yo me sentía emocionada. Parecía como si algo grande estuviera sucediendo, más grande que la existencia mundana del día a día en la escuela secundaria.

Aunque nada había sido confirmado ese día, el simplemente pensar en más visitas al doctor, más atención, más descubrimientos, era la confirmación suficiente de que yo era diferente. Era diferente de mis tres hermanas. Era diferente de todas las mujeres en mi familia. Era especial.

En el año 2000, comencé a ver a un endocrinólogo en Long Island. Después de un par de visitas, un análisis cromosómico reveló que había nacido con cromosomas masculinos: el diagnóstico exacto fue 46,XY con disgenesia gonadal. Después de muchas más visitas, se hizo claro que los doctores no sabían lo que sucedía dentro de mí. Prueba tras prueba, el funcionamiento interno de mi cuerpo los eludía. Cuando el endocrinólogo me preguntó si quería que me pusieran en un tratamiento de hormonas femeninas, que estimularía la menstruación así como el crecimiento de los pechos, dije que sí – vamos a seguir con esto. Estaba ansiosa por finalmente convertirme en una “mujer” y terminar con todo esto.

***

Durante el primer año de secundaria, después de comenzar a tomar hormonas, constantemente iba al baño a ver si estaba sangrando. Pero más que nada, quería mis pechos. Sentía dolor alrededor de mis pezones, pero mis pechos no crecían.

Después de un año con estrógenos y progesterona, mi cuerpo no respondía como se esperaba. Aparte de algunos cambios menores, como la producción de más fluidos vaginales, mi cuerpo era el mismo. Sin menstruación, sin pechos.

Aunque mi cuerpo no había cambiado drásticamente, mi estado emocional si lo había hecho. Por primera vez, experimenté una tristeza profunda y confusa. Pero claramente, había varios factores que contribuían a esto, no solo la terapia de reemplazo hormonal: Era el último año de la escuela secundaria; había recibido casi solo cartas de rechazo de las universidades; mi carrera en el basketball, a la que había dedicado toda mi juventud, estaba terminada; y estaba preocupada de no tener como pagar por la universidad. Al atravesar todo esto, me sentía muy sola. Mi cuerpo me retrasaba – era un asunto médico fuera de mi control. Mi cuerpo pertenecía a los expertos, y con la medicina adecuada, todo se resolvería después. Denme una pastilla y sigamos adelante. Mi preocupación era conseguir una educación superior.

Una vez que fui admitida en la universidad, hice todo lo que fue necesario para quedarme ahí. Pedí préstamos estudiantiles y trabajé en la escuela. Entonces, durante el segundo semestre del primer año, conocí a Tommy.

Tommy y yo estuvimos juntos durante los cuatro años de la universidad; nuestra relación rápidamente se hizo seria. De hecho, se hizo tan seria, que durante mi segundo año él me ayudó a pedir un préstamo estudiantil. Su límite de crédito era mejor que el mío.

Le dije a Tommy que no podía tener hijos y que nunca había menstruado. Después de todo, estábamos en la universidad, y no estábamos planeando casarnos pronto. En ese entonces, siempre había hablado abiertamente acerca de mi cuerpo con la mayoría de las personas, porque eso no me quitaba mi capacidad de ser deseada por los demás.

Tommy estaba estudiando psicología, así que pasábamos largas horas en su dormitorio, hablando de mi cuerpo y mi configuración cromosómica, y del hecho de que nunca había tenido un periodo menstrual. En una de nuestras muchas conversaciones, Tommy fue la primera persona que me dijo en voz alta: “Eres hermafrodita”. Mi respuesta inmediata fue un vacilante y combativo “no… pero ¿quizá?”

También teníamos largas pláticas acerca de donde residía mi feminidad. Él pensaba que mi cara era muy femenina, la manera en la que me movía, mis gestos, mis manos, mis muslos… ninguna de nuestras conversaciones parecía ser en torno al tamaño de mis pechos. Esto era reconfortante. Sin embargo, por muchos meses durante nuestra relación, oculté el hecho de que no los había desarrollado.

En la universidad, exploré mi identidad femenina lejos de los estrictos constructos de mi familia y sus imposiciones. Iría a los extremos: vestirme en colores y estilos hiperfemeninos. Pelo lacio con ropa color rosa. En algún momento tuve un par de botines rosados. Sin embargo, desnuda y sola, todavía anhelaba los pechos que me faltaban.

Tanto Tommy como yo éramos vírgenes, así que el sexo no era fácil para ninguno de nosotros, y fue algo que no sucedió por un tiempo. Varios meses después, dentro de nuestra relación, aún no era capaz de quitarme mi camiseta, ni de dejarlo tocar mi pecho. Incluso aunque él sabía que mi cuerpo era intersexual, tenía la impresión de que había desarrollado pechos. Aún no le había dicho lo contrario. Una noche, me preguntó el porqué de mi resistencia y me negué a decirle. Nos quedamos despiertos hasta las 5 de la mañana, discutiendo acerca de la confianza, poder, mecanismos de defensa y sobre mi cuerpo. Comenzó un juego de adivinanzas: ¿Estuviste en un incendio y tienes horribles cicatrices? ¿Será que uno es más pequeño que el otro? ¿Tuviste cáncer de mama?

Finalmente, me quebranté y escribí en un pezado de papel: “Nunca me crecieron los pechos”. Doblé el papel y se lo entregué, luego le di la espalda y comencé a llorar. Unos segundos después, todo esto me parecía tan tonto. El siguiente fin de semana me quité la camiseta por primera vez. Y el sexo parecía mucho más fácil. Después de un par de meses, él me dijo que mi cuerpo estaba afectando su propia claridad acerca de su sexualidad.

Me animó a ponerme implantes de pechos.

***

En el primer año de universidad, el endocrinólogo también sugirió que me pusiera implantes, debido a que no creía que las hormonas me pudieran ayudar a que me crecieran pechos. Me sentía en conflicto. Lo que realmente quería eran unos pechos naturales, producidos por mi propio cuerpo. Después de todo, ¿No serían los implantes tan falsos como los rellenos de sostén que había usado durante los últimos cuatro años? Quería ser libre. No tener que usar nada. (Algunas veces, cuando era niña, caminaba sin camiseta. Pensaba que si no tenía pechos, ¿Cuál era el problema? Bueno, eso no le parecía adecuado a muchas personas en mi familia).

¿Me sentiría cómoda con los implantes cuando estuviera sin sostén? ¿Podría ser esta otra forma de no sentirme como yo misma?

Después de algunas discusiones, decidí continuar con el procedimiento. El seguro de mi madre cubrió todos los costos. Elegí una cirujana plástica de mi ciudad natal. Tenía excelentes críticas, y su oficina siempre estaba llena de mujeres de clase media alta, quienes iban por todo tipo de tratamientos. La cirujana me recomendó usar silicona. “Se verán más naturales, y serán más agradables al tacto”, me dijo. “Tendrán una hermosa forma de gota”.

No quería que fueran demasiado grandes, simplemente que se ajustaran a mi cuerpo, algo como una copa B mediana, aunque consideré la copa C, debido a que parecía ser un tamaño codiciado entre mis hermanas y tías. “¿Estás segura de que no los quieres un poco más grandes?”, me dirían tratando de persuadirme de elegirlos un poco más grandes.

La cirugía tuvo lugar en mayo de 2004. Cuando desperté de la operación, mi pecho estaba hinchado y dolorido, pero mi emoción eclipsó cualquier dolor. Me alegré muchísimo de finalmente tener lo que había deseado durante tanto tiempo, incluso si no eran naturales. Cumplí 21 años ese verano, el cual pasé con Tommy visitando a mi familia en República Dominicana. Estaba entusiasmada. Me gustaba mostrar mi nuevo cuerpo, entrar en un nuevo nivel de exhibicionismo social.

Pero al mismo tiempo, aunque amaba mis nuevos pechos, rápidamente me di cuenta de que no me interesaba la atención que estaba recibiendo. Esas vacaciones no fueron tan agradables como pensé que iban a ser. Claramente, como una marimacho, mi relación con la cultura de género dominicana, había estado llena de conflictos. Antes de mi cirugía, los hombres y yo teníamos un pacto de dejarnos ser unos a otros. Pero ese verano, sentí que estaba siguiendo la corriente a las expectativas de género. Me vestí mostrando mis pechos, disfruté el escote: Hola, hola, este es mi escote, encantada de conocerte.

Obviamente, mi novio y yo peleamos durante todo el viaje. Todo lo que me importaba, era el hecho de que mi cuerpo finalmente se veía de la manera que mi familia lo había imaginado para mí – extrañamente, también era de la manera que yo lo había imaginado. Pero después de que bajó la hinchazón, también lo hizo mi ego.

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En República Dominicana después de la cirugía. Cortesía de Arisleyda Dilone.

Ya han pasado 13 años, y ocasionalmente mis implantes me causan dolor. Uno es más pequeño que el otro, y antes no era así. Tengo miedo de que la silicona esté goteando en mi cuerpo. Ahora estoy considerando si debería quitarlos o no.

Soy la primera en mi familia en someterse a un aumento de pechos, y parece que establecí una tendencia. Desde la mía, muchas mujeres en mi familia se han sometido a este tipo de cirugía. Nadie más en mi familia es intersexual. Pude haberles dado, a las mujeres de mi familia, el permiso tácito de convertirse en versiones idealizadas de la alta feminidad de las mujeres. Esta decisión es acerca de lo que me hace sentir más cómoda respecto a mi cuerpo, pero si me quito mis implantes, me pregunto si a la próxima generación de niñas en mi familia, le estaré dando un ejemplo de que los pechos no definen nuestra feminidad.

Me siento en conflicto, acerca de si me los quito completamente. He llegado a amar mis implantes. Ahora son una parte de mí. Miro hacia abajo, veo mis pechos y me gustan – pero aún así, son un objeto extraño de silicona. Cuando era más joven, solía tener sueños vívidos en los que tenía grandes pechos, luego despertaba y recordaba que no tenía nada. Me pregunto si ahora pasaré por esto a la inversa. ¿Será que experimentaré tener pechos fantasmas? He estado atrapada en esta discusión por años –  y aún me siento indecisa.

En 2015, terminé un pequeño documental: “Mami y Yo y Mi Gallito”, que gira en torno a la primera conversación que tuve con mi mamá acerca de mi cuerpo. Me tomó cinco años hacer que mi madre se sentara y me diera una entrevista. A través de la película, se hace muy claro que a ella no le preocupa la cámara, sin embargo, es un personaje muy femenino. Cuando abordo el tema de mis implantes, su reacción personifica su relación con mi cuerpo. Para ella, estos implantes me complementan, me ayudan a encajar y en mi camino al éxito económico.

Mi madre sigue siendo una fuerza en mi vida. Cada vez que la confronto, de muchas maneras vuelve a surgir mi lucha interna: ¿Para quién son estos implantes? ¿Estoy dispuesta a mantener en mi cuerpo algo que me puede causar daño?

También grabé conversaciones con mis hermanas, mis tías, y otros miembros de mi familia. A través de la documentación de estos diálogos, he llegado a disfrutar los diferentes niveles de hiperfeminidad que las mujeres en mi familia exudan con sus tacones altos, grandes pechos, y curvas. Y he llegado a abrazar su decisión de someterse a cirugía plástica – la autonomía corporal, también incluye el derecho a cambiar sus cuerpos en cualquier forma que quieran hacerlo.

Sin embargo, me gusta pensar que empujo los límites de la comunicación dentro de mi familia, en lo que respecta a nuestros cuerpos y las expectativas de otros. Todas estas conversaciones han ayudado. Aún me siento indecisa sobre mis implantes de pechos, pero a través de la realización de mi película, tengo un mejor entendimiento de la motivación de mi familia en relación a mi identidad.

Mi relación con mi madre, también ha cambiado desde que hice este cortometraje. Después del estreno, al que ella y todos en mi familia asistieron, ella se me acercó y me abrazó. “La próxima vez que vengas con tu cámara, no pienses que voy a ser la misma persona que fui en esa película – ya no”, dijo. “A partir de ahora, voy a ser mucho más abierta. Podemos hablar de lo que quieras”.

Historia de “Ale”, persona intersexual (HSC) de Chile [CIDH]

Historia de “Ale”, persona intersexual de Chile [CIDH]

*Intervención completa de “Ale”, persona intersexual de Chile, en la audiencia pública sobre la “Situación de Derechos humanos de las personas Intersex en las Américas” ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, 161 periodo de sesiones, 20 de marzo de 2017. [Ver video completo de la audiencia]

CIDH 161 2017

Buenos días Señoras y Señores de la Comisión,

En primer lugar, quisiera agradecer por convocar esta audiencia y por darme la oportunidad de participar en ella.

Mi nombre es Ale y soy un hombre intersex chileno. Esta es la primera vez que una persona intersex  de Chile  entrega su testimonio personalmente ante un organismo tan importante como éste.

En la actualidad tengo 39  años, sin embargo descubrí quien era a los 35. Toda mi vida viví forzado en una identidad que no me correspondía, pues los médicos le ordenaron a mi madre que  me ocultara la verdad para no poner en riesgo los tratamientos a los que fui sometido durante toda mi vida, por lo que nunca tuve acceso a mi ficha médica.

Cuando nací, los médicos determinaron que mis genitales debían ser modificados porque no encajaban con lo que la medicina define como normal para un hombre o mujer. A los 2 meses de vida los médicos decidieron  remover mi falo por considerarlo muy pequeño, lo que dió inicio a un largo proceso de feminización forzada, que puedo resumir con 2 palabras: violación  y tortura.

A los 9 años me realizaron una segunda cirugía, que consistió en crear una neovagina cuyo único propósito era crear un conducto que pudiera ser penetrado. Y para asegurar que dicho conducto no se cerrara se recurrió a la constante introducción de dilatadores. Cuando no estaba en el hospital, era mi madre quién tenía la obligación de llevar a cabo esta denominada terapia, con las consecuencias sobre la relación madre-hijo que ustedes pueden imaginar.

No tengo palabras describir la humillación que tenía que vivir día tras día, me sentía vejado, violado, triste y lleno de dolor. Mi madre era la principal testigo de estos sentimientos.

A los 11 años tuvo lugar la última y más dolorosa intervención, que consistió en reconstruir  un conducto para orinar, no porque yo no tuviera uno, sino porque los médicos querían estar seguros de que la niña que estaban creando orinara sentada. Esta intervención terminó de destrozar mi vida, es imposible describir los dolores que sufrí y lo más terrible es que ninguna de las intervenciones anteriores era necesaria para proteger mi salud o mi vida; solo se trataba de cirugías cosméticas para hacer que mi cuerpo y futuros comportamientos encajaran con los estándares médicos que definen la normalidad. Numerosos esfuerzos para borrar toda huella de mi diversidad corporal.

Esta seguidilla de tratamientos me hizo esclavo de largas temporadas hospitalizado debido a constantes descompensaciones, infecciones y hemorragias. Esto, a su vez, me privó del derecho a la educación y a desarrollarme como persona.

Sin lugar a dudas esta situación no me afecto solo a mí, sino también a mi familia y especialmente a mi madre, quien hasta el día de hoy no logra sobreponerse a sentimientos de culpabilidad y depresión por no haber tenido las herramientas para protegerme.

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Las personas intersex en Chile viven en una invisibilidad absoluta y no existe ningún instrumento legal que les reconozca y que proteja su diversidad corporal o características sexuales. El Ministerio de Salud no posee cifras oficiales y/o públicas respecto del número de nacimientos intersex en Chile, ni tampoco un protocolo nacional vigente que garantice la protección de la integridad corporal de niños y niñas intersex, siendo especialmente preocupante la situación de los recién nacidos pues aún persiste la idea de urgencia en torno a estos casos, la que no siempre dice relación con motivos de salud sino más bien con razones psicosociales como el temor de los padres o la discriminación social. No se cuenta con un registro histórico que permita saber cuántas personas han sido víctimas de intervenciones médicamente innecesarias y sin un consentimiento efectivamente informado, ni cuál ha sido su evolución en el tiempo. Si bien, la Circular 18 es un buen punto de partida con el propósito de visibilizar esta realidad y resguardar a estas personas, no existe un plan de capacitación en derechos humanos en los servicios de salud del país que permita a los profesionales de esta área comprender los alcances de este instrumento y su gran importancia.

A fines de 2015 el Ministerio de Salud constituyó una mesa con el propósito de crear un protocolo que asegurase el respeto a los derechos humanos de las personas intersex, especialmente niños, niñas y adolescentes. Dicha mesa está compuesta casi exclusivamente por médicos, uno de los cuales es el Doctor Francisco Ossandón, quién me torturó y mutiló cuando era pequeño y que sigue trabajando con total impunidad. Sólo hay un miembro que viene de los derechos humanos, el Señor Camilo Godoy –consultor en DDHH e intesexualidad-, quién voluntariamente desde 2014 ha puesto a disposición de dicho Ministerio numerosos informes para facilitar su trabajo y –a petición de la propia Ministra de Salud- ha hecho reiteradas capacitaciones a funcionarios de ese Ministerio, sin embargo, su voz no ha sido tomada en cuenta. En este tema, el Ministerio de Salud de Chile está totalmente controlado por la comunidad médica y no por el Gobierno de Chile.

Es por estos motivos que quisiéramos solicitar a la CIDH, que inste al Estado de Chile a adoptar medidas urgentes para asegurar el cumplimiento de la Circular 18.

Es imperioso que la recientemente creada Subsecretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos tome las riendas de este tema, incluya a las personas intersex en el Plan Nacional de Derechos Humanos que está en elaboración y que paralelamente se incluya la situación de las personas intersex en sus planes de capacitación, con especial énfasis en los sectores de salud, justicia y educación.

Todas nuestras esperanzas están depositadas en la Subsecretaría de Derechos Humanos pues parece ser el único organismo de Gobierno donde pudiera haber la voluntad política para promover y proteger los derechos humanos de las personas intersex en Chile.

Señoras y señores de la Comisión,

La CIDH tiene a su disposición un completo artículo sobre la situación de las personas intersex en Chile, publicado en el Informe Anual de Derechos Humanos del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales, a fines de 2016.

En las próximas semanas pondremos también a disposición de la Comisión, una actualización de dicho artículo, con la exposición de más historias de personas intersex, y una completa investigación sobre la temática intersex en Chile y el mundo.

Muchas gracias.

Libro: Memorias de Herculine Adélaîde Barbin (persona intersexual)

Libro recomendado por el blog YO INTERSEXUAL

Libro que recopila la experiencia de vida narrada de mano de Herculine/Alexina Barbin, una persona intersexual en la Francia del Siglo XIX.

En este enlace puedes descargar el libro en PDF.

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