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La cirugía para hacer que lxs niñxs intersexuales sean ‘normales’ debería ser prohibida. Por The Conversation

La cirugía para hacer que lxs niñxs intersexuales sean ‘normales’ debería ser prohibida.

Por The Conversation

Traducción: Laura Inter del artículo “Surgery to make intersex children ‘normal’ should be banned” de The Conversation

Fuente: http://theconversation.com/surgery-to-make-intersex-children-normal-should-be-banned-76952

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Las personas intersexuales, nacen con una natomía sexual que no encaja con las nociones de los cuerpos masculinos o femeninos. Librería Pública de Boston/flickr

Las preguntas en la propuesta de la nueva prueba de ciudadanía que bordan la violencia familiar, el matrimonio infantil y la mutilación genital femenina, implican que la oposición a estas es un valor australiano.

De hecho, la mayoría de los australianos estaría de acuerdo en que la mutilación genital femenina es una violación atroz el derecho de una niña a la integridad corporal, y que el proteger a las niñas de la violencia es una meta vital en la sociedad moderna. Pero la protección contra la mutilación genital, no debería solo estar garantizada para las niñas, sino para todxs lxs niñxs.

Aunque condena la mutilación genital femenina, la sociedad australiana parece aceptar ampliamente la circuncisión rutinaria de niños pequeños, y las cirugías de modificación genital en niñxs intersexuales, donde los genitales del niñx son reconstruidos para asemejarse a los típicos de un hombre o de una mujer. Estos procedimientos son legales y apoyados por Medicare.

En la mayoría de los casos, las circuncisiones y las cirugías intersexuales, tienen lugar sin una necesidad médica ni urgencia: lxs niñxs están saludables y no se producirán consecuencias médicas adversas si la cirugía no se lleva a cabo inmediatamente. Es importante destacar que lxs niñxs sometidxs a tales cirugías, a menudo son demasiado jóvenes como para comprender que es lo que les está sucediendo, y legalmente son demasiado jóvenes para proporcionar su consentimiento informado.

Las preocupaciones de derechos humanos acerca de la circuncisión masculina a menores de edad, ha sido discutida en el pasado, sin embargo, las violaciones sufridas por lxs niñxs intersexuales son un área emergente de controversia. La modificación genital intersexual, debería ser ilegal en Australia, al igual que lo es la mutilación genital femenina.

Niñxs con variaciones intersexuales

Lxs niñxs intersexuales nacen con características sexuales, que incluyen genitales, gónadas (testículos y ovarios) y patrones cromosómicos, que no se corresponden con las típicas nociones binarias sobre los cuerpos masculinos o femeninos.

Cerca del 2% de la población australiana tiene variaciones intersexuales, que no siempre son visibles al nacer y pueden manifestarse en la pubertad o después durante la vida. Mientras algunas personas intersexuales pueden tener genitales externos atípicos, otras no.

Las variaciones intersexuales, describen rasgos físicos o corporales – no describen el género ni la sexualidad. Al igual que la gente no intersexual, las personas intersexuales pueden identificarse con cualquier identidad de género o sexual.

Cirugía de “normalización” genital

Muchxs niñxs intersexuales son sometidxs a lo que los partidarios de esto llaman: procedimientos de “normalización” genital, lo que implica que los cuerpos de estxs niñxs son “anormales”. Los procedimientos, destinados a hacer que lxs niñxs se ajusten a las normas sociales para los cuerpos masculinos o femeninos, frecuentemente incluyen la modificación quirúrgica irreversible de los órganos sexuales. Esto puede tener como resultado la esterilización por la extirpación de sus gónadas (testículos u ovarios), y tratamientos hormonales de por vida.

Quienes abogan para que estos procedimientos se lleven a cabo cuando lxs niñxs son aun pequeñxs, a menudo argumentan que las posibilidades de éxito médico son altas, y que lx niñx será capaz de crecer son una identidad de género congruente. Sin embargo, esto ignora los derechos humanos de estos niñxs para desarrollar de manera independiente una identidad de género, y decidir por sí mismxs si quieren que sus cuerpos sean alterados irreversiblemente.

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Proteger a lxs niñxs de la violencia, es una meta vital en la sociedad moderna. Man-wise/flickr

Existen muchos ejemplos de personas intersexuales que, cuando eran niñxs, fueron sometidxs a procedimientos “normalizadores” sin su consentimiento. En la década de 1970, la activista intersexual Georgie Yovanovic,  fue sometida a revisiones médicas forzadas, a tratamientos hormonales, a cirugía para descender sus testículos y, por último, a una mastectomía unilateral, todo sin su consentimiento y sin ninguna explicación de parte de los doctores, esto sucedió cuando era una niña y en la adolescencia.

Shon Klose, una música de Alice Springs, nació sin órganos internos femeninos. Cuando era adolescente, durante la década de 1980, fue presionada a someterse a un tratamiento médico para crear una vagina, y así, tener un cuerpo más típicamente femenino, que fuera capaz practicar la penetración heterosexual. No recibió ninguna asesoría médica, apoyo o información.

Hoy en día, los procedimientos de “normalización” genital en niñxs intersexuales aún suceden en Australia. Como ejemplo tenemos el reciente caso en el Tribunal Familiar de Australia de una niña de 5 años llamada Carla. Carla nació genéticamente masculina, pero con la apariencia externa de una niña y fue sometida a cirugía infantil temprana para mejorar la apariencia de sus genitales.

En 1992, el Tribunal Superior de Australia, había establecido un precedente con el caso de Marion, que decía que los padres no podían dar su consentimiento en nombre de sus hijxs para someterles a cierto tipo de procedimientos médicos, por lo tanto de requiere de una autorización judicial. En consecuencia, en 2015, los padres de Carla, que estaban criándola como a una niña, pidieron permiso para que sus gónadas fueran extirpadas quirúrgicamente, a lo que el Tribunal Familiar accedió.

Violaciones de Derechos Humanos

La mayor visibilidad de las personas intersexuales, está llevando a un aumento en la resistencia a estos procedimientos. Globalmente, ahora existen más críticas a los procedimientos de modificación genital en niñxs intersexuales, que dicen que es una violación a los derechos humanos.

En 2013, el Consejo de Europa, principal organización europea de derechos humanos, identificó la modificación genital intersexual no médicamente justificada, como una violación al derecho de lxs niñxs a la integridad física. El Consejo alentó a los Estados a “garantizar la integridad física, autonomía y autodeterminación” para las personas intersexuales.

En 2015, Malta se convirtió en el primer país en prohibir explícitamente la práctica. Hasta este momento, ningún otro país lo ha hecho. Durante el mismo año, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (OHCHR) sostuvo una conferencia para abordar lo que llamó: violaciones de derechos humanos enfrentadas por las personas intersexuales. Siendo la primera en su tipo, esta reunión amplió la conciencia global sobre las cuestiones intersexuales y, en particular, la modificación genital.

Poco después de esto, doce entidades de las Naciones Unidas, incluyendo el OHCHR, UNICEF y la Organización Mundial de la Salud, lanzaron una declaración conjunta condenando la discriminación y violencia anti-LGBTI. En particular, señalaron que las personas LGBTI pueden enfrentar:

“abuso en los entornos médicos, incluyendo las llamadas “terapias” no éticas y dañinas para cambiar la orientación sexual, esterilización forzada o coercitiva, revisiones genitales o anales forzadas, y cirugía innecesaria y tratamientos en niños(as) intersexuales sin su consentimiento.”

Entonces, ¿Qué sucede con Australia?

En Australia cada vez se tiene más conciencia de las posibles violaciones de derechos humanos a lxs niñxs intersexuales.

Una investigación federal del senado de 2013 sobre la esterilización involuntaria o coercitiva de personas intersexuales, encontró que no existe consenso médico sobre cómo y cuándo deben ser realizadas las cirugías de “normalización” genital.

Entre las recomendaciones de la comisión, estaba el que todos los procedimientos médicos intersexuales fueran gestionados por equipos multidisciplinarios en un marco de derechos humanos, y que requieran autorización de un juzgado o tribunal. Estas recomendaciones no llevaron a cambios en la política ni a reformas legislativas.

En 2016, Ed Santow, comisionado australiano de derechos humanos, apoyó las peticiones internacionales para poner fin a los procedimientos médicamente innecesarios, con la finalidad de proteger los derechos humanos de lxs niñxs intersexuales.

En febrero de 2017, la Rationalist Society of Australia (Sociedad Racionalista de Australia) – una organización secular de libre pensamiento – publicó su Libro Blanco sobre la autonomía genital. Este condena a toda forma de modificación genital médicamente innecesaria y no consensual, como violaciones a los derechos humanos. El Libro Blanco pide que se criminalicen estos procedimientos, en el mismo nivel de la prohibición de la mutilación genital femenina.

A pesar de la creciente conciencia, internacional y nacional, de las violaciones de derechos humanos causadas por los procedimientos de modificación genital, Australia no ha reformado sus leyes. Sin embargo, los derechos de integridad y autonomía corporal, deberían ser protegidos para todxs lxs niñxs. Hasta que protejamos a todx niñx de toda forma de violencia, la oposición a la mutilación genital no será un valor australiano.

Los bebés intersexuales enfrentan hasta cinco cirugías genitales antes de que tengan un año de edad. Por Stefanie Gerdes

Los bebés intersexuales enfrentan hasta cinco cirugías genitales antes de que tengan un año de edad

Traducción: Laura Inter, del artículo “Intersex babies face up to five genital operations before they are a year old” de Stefanie Gerdes

Fuente: http://www.gaystarnews.com/article/read-intersex-people-go-germany-denmark/

protesta intersex

Protesta contra la mutilación genital intersexual fuera del Colegio Real de Cirujanos de Londres en 2011

‘Los doctores pensaban que estaban haciendo algo bueno, así encajaríamos mejor en la sociedad – no se daban cuenta que todo es peor con los cuerpos dañados’

Lxs niñxs intersexuales en Alemania y Dinamarca, son sometidos hasta a cinco procedimientos médicos invasivos y traumáticos durante el primer año de sus vidas, reveló Amnistía Internacional.

Ellos publicaron un informe que analiza a la situación de lxs niñxs que nacen con características sexuales que no encajan en las normas para lo masculino o femenino, en ambos países.

Titulado ‘Ante todo no hacer daño’, en parte está basado en entrevistas con 16 personas y ocho padres de niñxs intersexuales para conocer sus experiencias.

D., de Alemania, fue sometido a cinco operaciones tan solo durante su primer año de vida.

‘Ya me han operado, es demasiado tarde para mí’, dijo.

‘Pero si permanezco en silencio, es como si apoyara las cirugías, y solo puedo cambiar las cosas si alzo la voz’.

La investigación sugiere que alrededor del 1.7% de la población mundial, nace con lo que los investigadores llaman: una ‘variación en las características sexuales’ – por ejemplo, sus genitales y/o sus órganos reproductivos, no coinciden con el sistema binario de masculino y femenino.

Para realizar una comparación, entre el 1% y el 2% de la población mundial nace pelirroja (aunque aún más personas son portadoras del gen).

Para ‘normalizar’ los cuerpos de lxs niñxs intersexuales, ellxs y sus padres a menudo se ven obligados a procedimientos innecesarios y muy invasivos.

Estos incluyen operaciones para ocultar un clítoris agrandado, y vaginoplastía para crear o ampliar la apertura vaginal.

Algunxs niñxs también son sometidxs a gonadectomías, en las cuales las gónadas – que frecuentemente incluyen tejido testicular y ovárico – son extirpadas. Como resultado, las personas necesitarán tratamientos hormonales y no serán capaces de tener hijos.

Estas cirugías son irreversibles y pueden causar grave daño a lxs niñxs, incluso secuelas a largo plazo.

‘Estos procedimientos llamados ‘normalizantes’, son llevados a cabo sin el pleno conocimiento de las secuelas dañinas a largo plazo que están teniendo en lxs niñxs’, dijo Laura Carter, investigadora de orientación sexual e identidad de género en Amnistía Internacional.

‘Estamos hablando de incisiones que se hacen en tejido sensible, consecuencias de por vida, todo debido a los estereotipos sobre cómo debería ser la apariencia de un niño o de una niña’.

El beneficio de estas cirugías es cuestionable, dijo; la investigación muestra que los procedimientos son ‘una experiencia increíblemente horrorosa’ para las personas que son ‘tratadas’ con estos.

Aquí hay algunas de esas horrorosas experiencias:

Advertencia: en algunos casos, no está claro con que sexo se identifica la persona y que pronombres prefiere utilizar. Es esos casos, utilizaremos ‘elle’, en lugar de un pronombre género femenino o masculino (él o ella).

Stine, mujer intersexual, Dinamarca

“El endocrinólogo que vi, habló mucho acerca de recibir tratamiento con estrógenos, progesterona y medicamentos para suprimir la testosterona”.

“Pero lo único que él quería era administrarme un tratamiento de testosterona ‘para hacer de mí un hombre’, y quería que me quitara los pechos porque ‘eso es lo que normalmente se hace’”.

Sandrao, Alemania

Sandrao dijo que se sintió miserable durante 34 años, y tan solo hace dos años descubrió que fue sometide a cirugía para extirpar sus testículos cuando tenía cinco años de edad.

También ha olvidado completamente los primeros 11 años de su vida, y ahora está tratando de descubrir que le sucedió.

“Tuve otra operación, otra cirugía genital. No sé si tenía una vagina cuando nací, o si esta fue una reconstrucción. Mi uretra está en una posición diferente. Vi a un ginecólogo en 2014, y tengo muchas cicatrices”, dijo Sandrao.

“Sabía que era diferente, pensaba que era una especie de monstruo. Era incapaz de desarrollar una identidad de género. Fui presionade a asumir un rol de género femenino, tenía que usar faldas, tenía que dejarme el cabello largo. Era doloroso tener relaciones sexuales con hombres y pensaba que eso era normal”.

“Participé en un estudio, y encontraron que tenía un ‘trastorno genético’. Pero no me gusta esta palabra. Tengo una variación”.

“Los médicos no proporcionan suficiente información a los padres. Creo que la razón es que la profesión médica solo piensa a través del sistema de género binario. En lugar de decir que tu hijx es normal, y crecerá sano, dicen que algo está mal y que puede ser corregido con cirugía.

“Veo un endocrinólogo, y la primera vez que fui a verlo, dijo que tenía que decidir si quería ser hombre o mujer. Son incapaces de pensar fuera de la caja. Pero ahora su opinión ha cambiado. Esto es lo que me da el poder y la energía para luchar”.

H., Dinamarca

H. fue operade cuando tenía cinco años debido a una hipospadias. Esta es una forma de cirugía donde la uretra es ‘reposicionada’ en la punta del pene, para crear un pene ‘funcional y cosméticamente normal’.

H. dijo que sabía que había sufrido una cirugía, pero que nunca supo para que.

“Mi madre me dijo que no orinaba parado”, dijo.

“Así que esa fue la explicación que me dieron, y eso era lo que creía”.

Aunque no sabía para que fue la cirugía, H aún recuerda las secuelas.

“Tenía que orinar y realmente dolía mucho, así que me aguantaba antes de ir a orinar porque dolía demasiado. Gritaba en el inodoro, estaba inquiete, y sin ropa”, dijo.

“Cuando pienso en lo que sucedió, me enojo, porque no era algo que tuviera que decidir otra persona – esto podría haberse pospuesto. Me da tristeza cada que pienso en el hecho de que se considera necesario operar a estxs niñxs, solo porque otras personas piensan que es algo que se debe de hacer”.

Claudia, Alemania

“Mi madre me dijo muchas mentiras y eso no estuvo bien. Puedo entender que mis padres no fueron la causa del problema, fue el doctor”, dijo.

“Mi ropa de bebé era rosa y, entonces, 18 meses después, la cambiaron a azul. Mi madre me dijo que mi ropa de bebé era rosa porque la provincia de donde venía mi madre tenía diferentes tradiciones, la ropa de niño era rosa. ¿Por qué dudaría de mis padres?

“No sé todo lo que me hicieron. Pero encontré mi primer certificado de nacimiento, en el cual fui asignada mujer. Después de 42 años, ya no había más información”.

“Dieciocho meses después de que nací, tuve una pequeña operación. Me dijeron que fue para extirpar mi apéndice. Pero no fue así, me extirparon el apéndice a los siete años”.

“Ahora tengo 58 años. Me realicé un análisis cromosómico – este encontró que tengo células masculinas y femeninas. Dos tercios mujer y un tercio hombre”.

“Corresponde a mi decidir lo que quiero, no a mis padres, ni a mi doctor – Tengo que tener toda la información acerca de mí misma, cuáles son mis propias realidades”.

Anna, madre de Nina (11 años), Alemania

Antes de que Nina naciera, a Anna le hicieron pruebas debido a la edad que tenía en el momento del embarazo.

Los doctores le dijeron que tendría un niño. Pero Nina tenía síndrome de insensibilidad a los andrógenos completo, lo que significa que sus células son incapaces de responder a las hormonas masculinas. Esto impide el desarrollo de los genitales masculinos, tanto en el útero como durante la pubertad.

Esto no afecta el desarrollo de los genitales femeninos.

“Pero entonces no había un niño. Al principio pensé: La ciencia se equivocó”, dijo.

En retrospectiva, pienso: el personal médico tenía una idea de lo que estaba detrás de esto. Nos trataron con mucha sensibilidad. Sentía que nos cuidaban”.

“Durante los primeros dos días, tuve una actitud defensiva respecto a mi hija. Pero el personal médico me apoyó, nuestra situación fue tratada de manera confidencial. Me dieron una recomendación y un contacto en el hospital universitario, nos hicieron una cita. No teníamos que preocuparnos de eso”.

Actualmente, Nina visita el hospital dos veces al año para revisión, pero algo le falta a su mamá: apoyo psicológico.

“Le he planteado esto la endocrinóloga del hospital universitario. Así que me recomendó a alguien en Berlín, pero está a 150 km de distancia – no es lo idóneo para mí”, dijo Anna a Amnistía.

“Hubo una discusión en la Comisión de Ética – esto debe filtrarse a través de las áreas pertinentes de experiencia clínica, debe tenerse cierto nivel de compromiso para que la gente sea capacitada”.

“Esto no significa que todos necesiten una capacitación especializada, pero debe ser posible que el personal médico [que trabaja con personas con variaciones en las características sexuales] pueda tomar un ‘curso rápido’”. No quiero quedarme con la sensación de que tengo que estar explicando todo. Me gustaría contar con médicos que son sensibles a estas cuestiones”.

“Siento como si los médicos no fueran realmente sensibles a la situación psicosocial de las personas afectadas”.

“Por ejemplo: durante las consultas el expediente médico permanece abierto en la mesa – totalmente visible – así que cualquiera puede ver las fotos. Esas fotos fueron tomadas con mi consentimiento [hace algún tiempo cuando Nina era pequeña]. Alguien puede ver las fotos, y los médicos no lo notan. No estoy de acuerdo con eso, me parece que carece de sensibilidad”.

“De igual manera, cuando la conversación es acerca de mi hija, existen problemas sobre el uso del lenguaje: al dirigirse a mi hija, un médico habla de ‘testículos’. Entonces le digo, ‘vamos a acordar que se use el término ‘gónadas germinales’”.

“Hago que sean conscientes de este tipo de cosas, ya que este lenguaje puede llamar la atención de otras personas, y sé que los médicos no son conscientes de esto. Hablo por mí, como representante de mi hija y en su presencia, porqué quiero que ella aprenda que esta bien plantear este tipo de situaciones”.

Video: Natasha Jiménez / activista / testimonio de una persona intersexual

Video: Natasha Jiménez / activista / testimonio de una persona intersexual

Natasha Jiménez, es una persona intersexual costarricense, directora de MULABI, organización sin fines de lucro que busca que todas las personas ejerzan sus derechos humanos y libres de violencia.

Vagina, ¿Mi Felicidad? Por Guadalupe Chavez (persona Intersexual)

Vagina, ¿Mi Felicidad?

Por Guadalupe Chavez

*Historia compartida por Guadalupe Chavez exclusivamente para Brújula Intersexual, si quieres publicarla en otro sitio por favor escribe a intersexualmexico@gmail.com para comunicarnos con la autora y proporcione su autorización.

Guadalupe

Imagen compartida por Guadalupe. Autora: AM

 ¿Qué es la felicidad? Para la Real Academia de la Lengua Española, la felicidad es un estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien, satisfacción, gusto ó contento; mientras que los seres humanos la interpretamos desde distintas perspectivas y la enfocamos a nuestra vida diaria.

En lo particular, en mi niñez, la felicidad se basaba en correr, brincar, jugar con “monitos de acción” de la época, sin faltar los carritos de carreras; cada vez que hacía esto, mi rostro reflejaba una gran sonrisa un tanto inocente y pícara. Para mis padres no era mal visto que tuviera juguetes tradicionalmente considerados “masculinos”, en parte porque mi padre siempre quiso tener un hijo varón y mi madre no consideraba tan importante atender el prejuicio de que existen juguetes para niños y juguetes para niñas.

Confieso que nunca jugué con muñecas o “Barbies”, lo más cercano que tuve fue un muñeco pequeño semejante a un bebé, el cual siempre me acompañaba a todas partes. Quizá los adultos entendieron que al encargarme de él como si fuera mi hijo yo empezaba a descubrir mi instinto maternal desde pequeña –como el resto de las niñas-, pero nunca fue así; yo creo que ante la ausencia de un hermano o hermana, y otros niños y niñas de mi edad cercanos a donde yo vivía, el muñeco fue mi primer amigo.

Durante mi adolescencia hubo muchos cambios, sobre todo en mi cuerpo y no como yo esperaba. La gran mayoría de mis compañeras de secundaria ya tenían su menstruación y sus cambios físicos eran notorios. Pronto el grupo de mujeres se dividió en “señoritas” y las que aún no menstruaban, todo giraba en torno a ello. Para socializar en el grupo o simplemente para hacer una tarea la pregunta obligada era: “¿Ya te bajó la regla?”. Según la respuesta era el trato.

Cada día que pasaba yo quería ser como ellas, pero nunca sucedió. Mi apariencia física se asemejó a la de mis compañeros y sufría burlas constantes que dañaban mi autoestima, así que me enfoqué en los estudios.

Para entonces mi sonrisa ya no era tan natural y espontánea, cuando aparecía era un tanto temerosa. Mi felicidad la busqué corriendo en una pista de atletismo, pateando un balón ó encestándolo en una canasta, hacía todo esto porque me gustaba, pero también fue un escape a lo que me sucedía. A la vez tenía la necesidad de pertenecer a un grupo y convivir con las personas, sin embargo en todos lados estaba el ser o el no ser “señorita”.

Esta misma presión la tuvo mi madre, muchas de sus amigas presumían de que sus hijas ya eran todas unas señoritas y después venía la pregunta: “¿Tu hija ya es señorita?”. Y la respuesta era: “Se está cuidando”.

En el año 2002, mi madre, preocupada porque no menstruaba, pidió la opinión del médico de la familia, quien le aconsejó esperar unos meses más; sin embargo, su angustia y a la vez su intuición nos hizo ir a consultar con la pediatra, una mujer ya grande de edad, muy amable y que me inspiró confianza. Ella habló con mi mamá y nos pasó al consultorio del ginecólogo, fue algo completamente nuevo para mí. Yo tenía 16 años de edad y nunca me habían hecho preguntas tan íntimas y mucho menos habían tocado así el cuerpo. El ginecólogo me hizo un ultrasonido, una y otra vez vio la pantalla del monitor como si faltara algo, en su búsqueda él volteaba a mirar a mi madre y luego a mí. Esos minutos fueron eternos e incómodos, peor aún, me dijo que tenía que revisar mi zona íntima, se cambió de guantes y me empezó a tocar, no tardó mucho tiempo en encontrar una pequeña bolita que tenía en la parte derecha de mis genitales. Hasta ese momento yo no le había dado importancia a esa bolita, nunca le conté a nadie sobre ella, nunca me causó dolor ni me incomodó. Vagamente recuerdo que “apareció” en quinto o sexto de primaria, cuando me golpeé con el sube y baja.

El ginecólogo me pidió que esperara afuera del consultorio, después de varios minutos mi madre salió llorando, subimos al carro y le pregunté: “¿Qué pasa? ¿qué te dijo?”. Su respuesta fue enmudecer y ante la insistencia me respondió: “Nada”. Fue algo doloroso ver a mi madre llorar de esa manera, ver la angustia en sus ojos, estaba temblando y en shock, yo me quedé igual y decidí ya no preguntar. Al llegar a casa mi mamá siguió de la misma manera, platicó con papá, quien se puso igual que ella. Nuevamente me pregunté: “¿Qué pasa? ¿qué hice mal?”.

Un par de días después la pediatra nos hizo cita en el Seguro Social y de inmediato me trasladaron a una clínica de tercer nivel, ubicada a tres horas de mi ciudad natal. Todo fue tan rápido que no me di cuenta hasta que estaba entre muchos hombres y mujeres con bata blanca, quienes me veían como bicho raro o por lo menos de esa manera me hicieron sentir, fue entonces que mi autoestima se desplomó y mi felicidad desapareció.

Nunca había estado en un hospital por tanto tiempo y mucho menos de esa manera. Mi rutina en los servicios médicos iniciaba a temprana hora. Tenía que estar en la clínica de mi ciudad a las 3.30 A.M para realizar el viaje, llegaba cansada y asustada  a la clínica de tercer nivel alrededor de las 7.00 A.M en compañía de mis padres. Ahí me tenía que presentar a Medicina Nuclear y a otro departamento, que no recuerdo su nombre, para que me sacaran muestras de sangre. A partir de las 9.00 A.M eran consultas interminables en Genética, Cirugía, Endocrinología, Psicología, Urología, Psiquiatría, entre otros. Las batas blancas hablaban con muchos términos médicos y cosas que no entendía, en ocasiones tenía que esperar sola en la sala; mientras los médicos platicaban con mis papás. A la salida de esas reuniones, mi mamá mostraba rastros de llanto y mi papá intentaba mostrarse fuerte, pero al final los tres sucumbíamos ante la desesperación e incertidumbre.

Cuando consultaba con la doctora de Genética, ella siempre me preguntaba cosas como: “¿Por qué no te maquillas? ¿por qué no te vistes femenina? ¿te gustaría sacarte la ceja? ¿te gustaría tener novio?” Para mí, eran preguntas vacías a las que sólo respondía sí o no.

Al poco tiempo me enviaron con una psicóloga, ella nunca me inspiró confianza. Yo solamente quería saber qué me estaba pasando y cuándo terminaría todo, en cambio ella me ponía a dibujar y a contar historias, incluso me encargaba tarea como consultar qué es “5-Alfa Reductasa”. Busqué esa palabra en Internet y apareció una gran cantidad de notas médicas que nunca entendí. Un día me hizo varias preguntas que me incomodaron: “¿Te gustaría cambiar? ¿te gustaría ser hombre?” Y mi respuesta fue: “¿Para qué? Yo soy mujer”.

No encontré respuestas hasta que un día leí mi expediente y la primera nota fue precisamente de la psicóloga, la cual indicaba que mi comportamiento, aspecto y manera de pensar era de un varón. Aquella bolita era un testículo que no descendió y el otro estaba en mi abdomen, me dijeron que tenían que extirparlo para evitar un tumor ó cáncer. Al revisar mi expediente, en la mayor parte de las hojas, los doctores me etiquetaron de la siguiente manera: “Paciente bajo la condición de Seudohermafroditismo Masculino por Deficiencia de 5-Alfa Reductasa”.

El proceso para la operación fue largo, se incrementaron las visitas al hospital. Tenía de tres a cinco consultas en un sólo día con diferentes doctores, yo sentía miedo y quería conocer a otras personas igual a mi para no sentirme tan sola, pero en ese momento no había nadie más, sólo batas blancas por doquier. Siempre quise que todo acabara, pero tan sólo era el principio de casi seis largos años de ir y venir a esa clínica.

En el 2004 fue mi primera operación: recesión de gónadas. Tengo recuerdos muy vagos, quizás en rechazo a lo que me pasó o simplemente mi mente bloqueó esta etapa para tratar de olvidar, aún así tengo ciertos episodios marcados. Ingresé a quirófano por la mañana, estaba temblando de miedo y una enfermera me dijo: “No te preocupes, todos estamos aquí para ayudarte”. Me acostaron en esa cama tan fría y me pusieron varias inyecciones, después sólo vi batas blancas desvaneciéndose y me quedé dormida. Según mis padres me subieron a piso muy noche porque me hicieron varios estudios, y dentro de su desesperación por el tiempo de espera me confundieron con otra persona que salió del quirófano; mamá la abrazo y papá la tomó de la mano, ante la desconcertada mirada de la familia de la chica, ahora es una anécdota graciosa.

En recuperación tuve varias complicaciones, una de ellas fue que no podía orinar y estaba toda inflamada, era de noche y no había doctor, yo lloraba y gritaba de dolor, en mi desesperación cometí un gran error y lo acepto, fui cruel con mi padre al recriminarle: “¿Para qué me traías papá, para esto?” No me respondió, sólo agachó su mirada y de sus ojos salió un mar de lágrimas; mientras jalaba su cabello con sus dos manos. Confieso que todavía no le he pedido perdón por ese mal momento y al escribir estas líneas se me hace un nudo en la garganta. Por fortuna llegó un practicante, sacó a mis papás, me hizo unas preguntas y leyó mi expediente, tuvo que colocarme una sonda entre las piernas para poder orinar. Después de esa noche tan complicada me quitaron la sonda y tenía que orinar por mí misma para que me dieran de alta, batallé mucho, pero al final lo logré y hoy aseguro que cosas tan pequeñitas o insignificantes como “hacer pipi” traen alegría y ganas de disfrutar la vida.

A los pocos días tuve cita con el cirujano –yo todavía con dolores y cansada por lo que había vivido– él me confirmó que todo estaba bien, pero vaya sorpresa me llevo al escucharlo decir: “¿Ya estás lista para la otra operación?”. Sólo habían pasado unas cuantas horas, ¿cómo estaría lista para otra operación? Mi respuesta fue un rotundo: “No”. Yo quería volver a mi vida cotidiana, estar en casa e ir a la escuela, en cambio regresé al punto de partida.

Esta vez todas las batas blancas me ofrecieron algo que cambiaría mi vida para siempre, algo que me hará sentirme querida, algo que me hará encajar como mis ex compañeras de la secundaria, ese algo es mi felicidad para el resto de mi vida, ese algo me convertirá en una mujer, ese algo es una vagina.

Sí, me ofrecieron una vagina. Para ellos y ellas es sinónimo de felicidad en mi vida futura, cuando llegue el momento de casarme tendré “relaciones sexuales con mi esposo, como cualquier otra mujer” y eso “me hará feliz”. Simplemente me quedé en shock, yo no pensaba en mi futuro, sólo quería salir corriendo del hospital. Hoy a mis veintinueve años de edad recupero este pasaje de mi vida para titular mi participación: Vagina, ¿Mi felicidad?

Fue tanto el acoso y la insistencia por parte de las batas blancas que terminé por encerrarme en mi burbuja, un escudo de protección invisible, pero nada efectivo. Me dejé llevar por tantos estudios que me hacían, no por convicción sino para que todo acabara lo más rápido posible y me dejaran en paz. No conforme con la presión de las batas blancas, en esa época yo salía sentimentalmente con alguien, quien no me aceptaba del todo por mi condición y también me aconsejó operarme. Hoy analizo esta situación y me cuestiono: ¿Qué hacía al lado de esta persona?

Prácticamente estaba entre la espada y la pared,  todo era confuso y mi cabeza era un mundo de preguntas: “¿Por qué me pasa esto a mí? ¿por qué yo Dios? ¿qué hice mal? ¿por qué soy un bicho raro?”.  Por momentos pensé en quitarme la vida para acabar de una vez por todas con esa agonía, pero no lo pude hacer. Unas semanas antes de la cita al hospital para definir la siguiente operación –vaginoplastía– mis padres tocaron el tema. Mi papá sabiamente me dijo que no me operara, que no era necesario, y mi mamá comentó que ella apoyaba cualquier decisión que yo tomara. Un día antes de la cita tomé la decisión y no muy convencida dije: “Si”. Lo hice en parte para que todo acabara de una vez y poder estar en paz y ser feliz. Después de dos años de la primera operación me sometí a la vaginoplastía, que según consta en mi expediente médico, consistió en cortar un pedazo de mi intestino para luego colocarlo entre mis piernas.

Esta operación fue otro trauma en mi vida, la cirugía fue dolorosa y la recuperación muy lenta, tenía sondas para drenar por todo mi cuerpo y yo sólo quería irme a casa. Al darme de alta descansé un par de días y regresé para el chequeo médico, ese momento marcó mi vida. Me recosté en la cama del consultorio, estaban mis padres conmigo y aquel doctor se puso los guantes, contó hasta dos, metió su dedo en mi “vagina” hasta lo más profundo y estuvo ahí adentro –para mí– una eternidad, lloré por el intenso dolor que sentía, pero sobre todo por la humillación que estaba pasando: ¿Esta era la felicidad de la cual que tanto hablaban? Cuando sacó su dedo, comentó que todo estaba bien y que parecía una vagina normal, tal parece que sus palabras tenían la intención de reconfortarme por lo que me había hecho. Desde ese momento sentía asco y repudio por mi “Felicidad”.

Al regresar a mi casa tuve algo de paz y tranquilidad, pasé momentos difíciles por el rechazo hacia mi vagina y me tuve que acostumbrar a ella, ya no había marcha atrás. Lejos de traerme felicidad me trajo muchos problemas. El principal es el dolor en todos los niveles, desde un roce con la ropa hasta cuando me toco para limpiarme luego de orinar. A todo esto se agregó que mi autoestima estaba por los suelos y yo no quería socializar con nadie, pues temía al rechazo por lo que me habían hecho bajo “mi propio consentimiento”. No obstante, sin darme cuenta otra vez me encontraba en el mismo lugar, en el principio.

Regresé a la clínica de tercer nivel con las batas blancas, quienes querían hacerme otra operación, esta vez sencilla –según ellos–  para hacer más grande mi “Felicidad” y lograr que fuera “funcional al momento de tener relaciones sexuales con un hombre”. Además de seguir un estricto tratamiento de estrógenos conjugados de equino que inicié después de mi primera cirugía, dicho medicamento serviría para que mi cuerpo tomara forma de una “mujer normal”. Esta vez ya tenía la suficiente edad para tener mayor conciencia y rompí aquella burbuja de protección para responder: “No más”. Trataron de convencerme y venderme nuevamente la idea de la felicidad, pero su estrategia ya no funcionó, siempre me negué y gradualmente dejé de ir a consultar. La última vez fue a finales del año 2008 con la endocrinóloga, quien no tuvo más remedio que darme de alta porque no quería tomarme los estrógenos y los avances eran nulos.

De esta manera cerré mi ciclo en aquel hospital y busqué ayuda fuera del discurso médico, mi necesidad era conocer a alguien igual que yo, que tuviera esta condición Intersexual. Después de una exhaustiva búsqueda encontré a una chica a tres horas de mi casa, platiqué con ella, compartimos nuestras experiencias y sentí que me quité un peso de encima. Pero todavía tenía muchas dudas, quería saber más y encontré en el Distrito Federal a una gran mujer, su nombre es Eva Alcántara Zavala, quien me platicó sobre su investigación de la Intersexualidad en México y su experiencia en el tema. A pesar de que no es una persona que nació con la condición Intersexual, me identifiqué mucho con ella y para mí fue un rayo de luz que me impulsó a seguir adelante en la vida. Quise hacer algo para ayudar a más personas que están pasando un momento tan complicado como el que yo viví, pero no era mi momento, dejé a un lado el tema de la Intersexualidad y me aboqué a mi vida profesional y sentimental. Sin embargo, mi pasado se convirtió en presente. En el 2009 regresé al hospital por un intenso dolor en el estómago, tuve que volver a explicar a cada uno de los doctores lo que me habían hecho en años anteriores. Muchos se quedaron impactados cuando me escuchaban decir: “Me hicieron una recesión de gónadas y una vaginoplastía, soy una persona Intersexual”. Después de dos largas semanas me diagnosticaron adherencias por la cirugía intestinal, es decir, una secuela de mi “felicidad”, recuerdo que me atendió un doctor que estuvo en la clínica de tercer nivel, en donde me habían operado, fue bueno conmigo y dijo que había que esperar. Durante la estancia en el hospital tuve una recaída muy fuerte, el doctor que me atendía no estaba y llegó otro. Con una gran crueldad me dijo: “No te preocupes, ahorita te meto a quirófano, te corto los intestinos, te los pego, al cabo tienes muchos y a la semana regresas”. Esas palabras me mandaron al suelo y mi autoestima nuevamente se fue en picada. Por fortuna mis intestinos perezosos volvieron a funcionar y no me operaron, tuve varias semanas para reflexionar y tomé la decisión de compartir mi experiencia.

Al poco tiempo, impulsada por una gran mujer y con el apoyo de varios compañeros, compartí mi testimonio en público, fue en un ciclo de conferencias de la Comunidad de LGBTTT. Ahí mismo un grupo de apoyo de esta comunidad y que al mismo tiempo era medio de comunicación me hicieron un reportaje que se publicó en YouTube. Su intención era buena, a partir de ahí muchas personas me buscaron para compartir su experiencia a través de las redes sociales y los apoyé en la medida de mis posibilidades, principalmente al escucharlos o bien leerlos. Sin embargo también se acercó gente mal intencionada que busca el tema con morbo y muchos más me amenazaron por el simple hecho de haber nacido bajo esta condición. Fue entonces que decidí escribir al grupo de apoyo que realizó el reportaje para solicitarles que lo quitaran de las redes sociales, amablemente accedieron, pero hoy en día todavía circula por otras fuentes. Tengo que confesarlo tuve miedo, no me sentí preparada para manejar el tema y una vez más lo dejé de lado.

Pasaron varios años durante los cuales me desarrollé como profesionista y cumplí mis metas, platicaba esporádicamente con Eva Alcántara y en este año, 2014, me hizo una invitación para participar en una asesoría a un Hospital del Distrito Federal. En un principio no sabía qué esperar, me imaginaba un público hostil, a la defensiva, estaba temerosa y al final acepté el reto. Tuve en consideración que es necesario aprovechar la mayor parte de los espacios que se abren para hablar del tema y sobre todo a las personas que lo abordan en forma directa diariamente.

El día del evento en el Hospital un grupo de doctores dio lectura a un caso de Intersexualidad. Me llegaron a la mente recuerdos, supuse que así habían sido las reuniones para tratar mi caso, sentí con que crudeza tomaban las decisiones, por momentos quise llorar por la sensación de mi impotencia ante lo que estaba escuchando, decidí levantarme de mi lugar para tomar agua y calmarme un poco. Al término de la lectura del expediente, continuaron los expositores, quienes aportaron cosas interesantes. En mi turno, estaba muy nerviosa, el ambiente en la sala era tenso, por momentos titubeaba y cuando me sentí cómoda ofrecí mi testimonio abiertamente, desde mi niñez hasta la edad adulta, mostré algunas fotografías y algunas páginas de mi expediente clínico para nutrir la plática. Al final de mi participación confirmé lo que en un principio esperaba: una doctora se mostró hostil, trató de refutar todo lo que yo decía y su molestia se reflejaba en su rostro, pero la asesoría valió la pena, pues otra doctora tenía un punto de vista más humano y no tan técnico, y se desató la polémica con referencia a operar a los pacientes desde pequeños o bien, esperar a que crezcan y decidan. Por mi parte lancé una pregunta al aire: ¿Qué harían ustedes si tuvieran un hijo o una hija que nació bajo esta condición? La respuesta de esta doctora hostil fue contundente al asegurar que seguiría el proceso establecido con su hija o hijo. Durante toda la asesoría dejó en clara su postura: los tratamientos médicos quirúrgicos son la solución. Considero que ambas partes tuvimos una experiencia muy enriquecedora y que algo bueno surgirá de esta asesoría.

Desde mi primer acercamiento con la Intersexualidad hasta hoy en día mi percepción del tema es muy distinta por toda la experiencia que viví como paciente. En un principio los doctores me hicieron creer que la Intersexualidad es algo malo y tiene que remediarse lo más rápido posible a base de cirugías y estrógenos para encajar en la sociedad; sin embargo, hoy en día entendí que esto es una mentira. La variabilidad corporal simplemente es una condición humana y el problema no está en el cuerpo sino en la mente, en la manera de verlo y de pensar de cada persona, grupo o  sociedad. También compartí mi experiencia en la Comunidad LGBTTT, en su momento fue algo bueno, pero considero que no es el lugar indicado para partir y abordar el tema, debido a que son dos cosas completamente diferentes. A grandes rasgos la primera se refiere principalmente a la preferencia sexual y la segunda es una condición corporal de nacimiento, por lo tanto puede confundir a una persona, que nació bajo la condición Intersexual.  Otra de mis primeras experiencias fue con los Medios de Comunicación que son agentes de cambio importantes, pero la mayoría tratan el tema con “amarillismo”, buscan vender, más que informar de manera adecuada y precisa. Pienso que en parte es por la falta de información y educación sobre el tema.

Para cerrar mi participación hago hincapié en que ofrezco mi testimonio no para victimizarme sino para ayudar a más personas que nacieron bajo esta condición y qué posiblemente están pasando por este difícil momento.  Desde mi punto de vista considero  que es necesario un espacio para nosotros, para platicar nuestras experiencias y escucharnos,  pero también necesitamos a personas especialistas en diferentes áreas como las doctoras Eva Alcántara Zavala y María del Pilar Hernández, quienes son pilares del tema en nuestro país, creo que en conjunto podemos generar importantes cambios a nivel nacional.

Video: Conferencia – Intersexualidad con Natasha Jiménez (activista intersexual)

Video: Conferencia – Intersexualidad con Natasha Jiménez (activista intersexual)

“La minoría más invisible de todas las minorías. Comprender qué es la intersexualidad es fundamental para las organizaciones de familias en su formación y su apoyo integral.”

 

¿Qué es la intersexualidad? Por Ester Álvarez G

¿Qué es la intersexualidad?

Por Ester Álvarez G.

Publicado el Martes, 19 Julio 2016, originalmente para Silk & Ebony

**Publicado con la autorización de la autora.

Fuente: http://www.silkandebony.com/aula-escondida/que-es-la-intersexualidad

Para hablar de intersexualidad tenemos que saber, en primer lugar, que los seres vivos pueden reproducirse de dos maneras: la reproducción “asexual”, que consiste en la división celular por medio de la cual se lleva a cabo una copia del organismo, siendo un proceso biológicamente sencillo; y la reproducción “sexual” en la que se mezclan los genes de dos progenitores, un proceso que entraña más dificultades, pero da lugar a mayor diversidad.

Los seres humanos, entramos en la segunda opción, o sea, nos reproducimos de manera sexual, y al tratarse de un proceso biológico complejo, no siempre sale como nos han contado que debería ser.

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Se conocen como estados intersexuales aquellos que impiden identificar biológicamente a un individuo dentro del sexo masculino o femenino (de acuerdo con las categorías médicas tradicionales). En un principio fue llamado erróneamente de hermafroditismo y, posteriormente, “trastornos” o “desórdenes” del desarrollo sexual. Estos dos últimos términos se considera que implican patologización, por lo que se han sustituido por “diferencias del desarrollo sexual”. Se trata de algo que sucede con más frecuencia de lo que creemos, en 1 de cada 2.000 nacimientos aproximadamente.

Existen una gran variedad de estados intersexuales: el trastorno de hiperplasia suprarrenal congénita, que supone genitales femeninos ambiguos o poco desarrollados; el pseudohermafroditismo masculino, donde la insuficiencia de testosterona o insensibilidad a la misma, da lugar a un varón genéticamente con apariencia física externa de niña; el Síndrome de Turner, que produce cantidades insuficientes de estrógeno, afectando al desarrollo sexual y físico; Múltiple triple X y Síndrome de Klinefelter (47XXY) que poseen un cromosoma X adicional; Deficiencia de 5-alfa-reductasa, que se presenta en varones genéticos con apariencia de niñas que durante la pubertad comienzan a desarrollar características sexuales masculinas…

La mayoría de estas situaciones no implican problemas de salud, sino que afectan únicamente a los órganos sexuales de las personas, que en ocasiones simplemente no se encajan dentro de los limitados patrones médicos que dividen los cuerpos dentro del estrecho binomio hombre/mujer. Sin embargo, intersexualidad no es lo mismo que identidad de género (¿quién soy yo?) ni orientación sexual (¿quién me atrae?), que son procesos independientes que se desarrollan en el individuo a lo largo de su vida.

Antiguamente, ante el nacimiento de bebés ambiguos, el protocolo médico consistía en alterar quirúrgicamente estos cuerpos con la intención de “normalizarlos”. Con frecuencia decidían cortar ya que, según su idea, era más fácil crear una vagina que un pene. De manera que padres y médicos asignaban el género y se le practicaban al infante complejas cirugías, lo que podía dar lugar posteriormente a problemas de inadecuación de la persona, así como pérdida de sensibilidad genital.

Afortunadamente, el nuevo estándar de tratamiento para bebés que se encuentren en esta situación, recomienda aplazar la cirugía del aspecto genital y sus órganos sexuales, hasta que la persona afectada pueda tomar su propia decisión sobre quién es y si desea someterse a alguna cirugía o no.

[Nota Importante de Brújula Intersexual: A pesar de las recomendaciones de organismos internacionales, como la ONU, que aconsejan NO realizar cirugías genitales “normalizadoras”, y en cambio, esperar a que el individuo crezca y tome sus propias decisiones, estos procedimientos aún forman parte del protocolo de atención en casos de intersexualidad – para más información, pueden leer este artículo]

A nivel personal, deberíamos reflexionar sobre dos cosas: en primer lugar, quién ha decidido, por ejemplo, cómo de grande debe ser un clítoris para no confundirse con un pene y viceversa. Es decir, si tal vez los patrones médicos con los que se nos etiqueta como hombre o mujer biológicos no son demasiado estrechos, dado que el sexo no es binario, sino que se trata de un espectro donde no todo el mundo se encuentra en los extremos. En segundo lugar, si en vez de mirar hacia nuestros genitales y hablar de intersexualidad como un problema, no deberíamos hablar simplemente de diversidad sexual y verlo como algo normal que nos enriquece como personas y que no tiene por qué suponer un problema ni mucho menos un motivo de vergüenza para nadie.

Existe aún mucho desconocimiento sobre este tema en la sociedad, lo que desafortunadamente provoca que en el momento en que los médicos deciden contarles a los padres que su bebé puede ser intersexual, esto por lo general supone una tragedia y un profundo temor para ellos. Sin embargo, todo parte de la necesidad imperiosa que tenemos de etiquetar con un género a los bebés, de comprarles todo de un mismo color (azul o rosa), de responder a los familiares sobre la dichosa pregunta “¿qué es niño o niña?”, y también de la imposición del Sistema sobre rellenar la absurda casilla del sexo en la partida de nacimiento. Por ello, lo principal es ofrecer apoyo y asesoramiento a esos padres para tranquilizarlos y eliminar toda la confusión que pueda surgir en un primer momento.

Lo que está claro es que vivir de cerca una situación de esas debería ser ante todo una oportunidad para abrir nuestras mentes y ver que existen cuerpos diferentes a la norma, que existe la diversidad en todos los sentidos, y que por encima de todo está el poder de decidir de cada persona sobre su propio cuerpo.

El principal problema de la intersexualidad no es otro que el estigma y el tabú que se le coloca a nivel social, y esto es algo contra lo que debemos luchar todas las personas. Lo que hay que modificar no son los cuerpos, sino nuestra visión de ellos, haciéndola más amplia para entenderlos.

Ester Álvarez G.

Psicóloga, Sexóloga y Especialista en Género y Feminismos

Experiencia profesional en terapia sexual y de pareja, así como numerosas colaboraciones en diversos medios de comunicación (radio, prensa y páginas web). También formación y experiencia como educadora sexual y asesoramiento en Salud Sexual (métodos anticonceptivos, prevención de Infecciones de Transmisión Sexual y VIH). Especialmente involucrada en temas que giran en torno a la mujer (Violencia de Género, Igualdad, Derechos Sexuales y reproductivos…) y cuestiones relacionadas con la identidad de género y orientación sexual. Fiel defensora de la Diversidad Sexual y autora del Blog TuSexualidad.es, y también es colaboradora de Silk & Ebony.

Abriéndome al hecho de Ser Intersexual. Por Amy Buzalsky

Abriéndome al hecho de Ser Intersexual

Por Amy Buzalsky

Traducción de Laura Inter del texto “Opening Up About Being Intersex” de Amy Buzalsky

Fuente: http://midwestorchid.blogspot.mx/2016/07/denver.html?spref=fb

Amy1

Fotografía por Lynell Stephani Long

Este verano (del 14 al 17 de julio) asistí a una conferencia en Denver, Colorado, organizada por el Grupo de Apoyo AIS-DSD. Esta conferencia ofrece apoyo y educación para personas que nacieron con condiciones intersexuales – yo incluida. Esta fue mi cuarta conferencia con AIS-DSD, y mi segundo año como miembro de la junta que ayuda a organizar a los jóvenes.

Hubo una época en que mi condición intersexual traía mucha ansiedad y agitación en mi vida. Nací con Síndrome de Insensibilidad a los Andrógenos Completo (SIAC), lo que quiere decir que tengo cromosomas masculinos (XY), pero fui resistente a los andrógenos durante el desarrollo prenatal y me desarrollé como mujer. Existen ciertos efectos que se producen con esta condición, los cuales pude sobrellevar más fácilmente que otros, tales como el no ser capaz de tener mi periodo menstrual, y la mayoría del tiempo podía hacer frente al hecho de no ser capaz de tener mis propios hijos. Pero el secreto y la vergüenza subyacentes, que vienen con ser intersexual, pueden ser difíciles de superar. La mayor parte de la ansiedad que experimenté, surgía de mi intento por encontrar un equilibrio entre el secreto y la privacidad, al revelar [que soy intersexual] a otros, durante el noviazgo y al revelarlo en las relaciones íntimas, y al tener que lidiar con las citas con el doctor.

Mis padres descubrieron que era intersexual, cuando tuve una hernia cuando era una niña. Mis gónadas (tejido testicular poco desarrollado) aparecieron en escena, y el doctor eligió dejarlas ahí hasta la pubertad. A muchas familias se les dice que necesitan extirpar las gónadas inmediatamente después de ser descubiertas, porque se pueden volver cancerosas (lo que en muchos casos implica tomar una acción antes de que suceda algo). ‘Cancer’ es una palabra que infunde miedo en estas familias, por lo que generalmente acceden a lo que dicen los doctores para mantener a sus hijxs a salvo, ya que están asustados. Yo si contraje cáncer cuando era adolescente, pero no estuvo relacionado a las gónadas. Cuando tenía doce años, me diagnosticaron la enfermedad de Hodkin (linfoma). En ese entonces, mis gónadas fueron extirpadas durante la cirugía de estadificación del cáncer, y comencé a tomar estrógenos para continuar con un desarrollo femenino. Cuando era una adolescente, me dijeron que tenía cromosomas XY (masculinos) durante una de mis citas con el doctor, pero no me supo explicar bien. Nadie me explicó lo que esto significaba, ni me dijeron nada acerca de la intersexualidad. Estaba enfocada en el cáncer, las quimioterapias, y en vivir mi vida.

Al entrar en mis 20 años, y con la ayuda del internet, busqué mi diagnóstico SIAC en línea. En esos momentos, estaba entrando en la etapa profesional de mi vida, y me había graduado con mi maestría en trabajo social. Ya había sobrevivido al cáncer en dos ocasiones y había sido voluntaria en el área de oncología. Me esforcé mucho para sobrevivir al cáncer, y ya era hora de comenzar a profundizar en lo que era el SIAC. Me sorprendí mientras buscaba sobre el Síndrome de Insensibilidad a los Andrógenos Completo, y encontré términos como: hermafrodita, intersexual, e imágenes médicas que cubrían las caras de las personas. La información más útil que encontré, fue de un grupo de apoyo, y los contacté inmediatamente.

Ser parte del grupo de apoyo en línea, ¡me puso en contacto con muchas otras personas que nacieron como yo! Dentro de mi comunidad, sentí la confianza de poder discutir mis problemas y preocupaciones, y preguntar acerca de ser intersexual. Después de unirme al grupo de apoyo, me tomó unos pocos años el poder finalmente conocer a alguien en persona, y otros pocos años para asistir a una de sus conferencias. Además del hecho de estar comprometida con el trabajo de voluntaria en el área de oncología durante tantos años, ¡hubiera deseado ir a una se esas conferencias antes!

Mi primera experiencia en una de estas conferencias fue en Boston, y estuvo llena de anticipación, entusiasmo y ansiedad. Mi esposo fue conmigo, hicimos que esas fueran nuestras vacaciones. Una de mis primeras observaciones, fue el darme cuenta que era imposible saber quienes de las personas que asistieron a la conferencia eran personas intersexuales. Era frecuente que a Leo y a mí, nos confundieran con padres de un niñx intersexual, y yo tenía que decir que estábamos ahí por mí, y que era mi primera conferencia. En esta conferencia, también fue la primera vez que tuve la oportunidad de sentarme con mis compañeras y compartir mi historia de principio a fin, compartirla con personas que han tenido experiencias similares y las entienden. ¡Fue una experiencia poderosa!

Después de Boston, invité a mis padres a asistir a la siguiente conferencia en San Francisco. ¡Sentía que era importante para ellos el conocer a otras personas intersexuales y a sus familias! Fueron como unas vacaciones para nosotros, ya que salíamos a visitar las atracciones de la ciudad. Después asistí a las conferencias de Cincinnati en 2015, y a las de Denver en 2016. Esta vez, estaba entre los organizadores del Grupo de Apoyo AIS-DSD, quienes trabajaban planeando la conferencia. Estaba orgullosa de trabajar con un equipo tan inteligente y dedicado, que estaba comprometido en que la conferencia fuera una diversa, y que apoyara y educara a todos los asistentes.

Puedes estarte preguntando, ¿por qué es que le doy tanta importancia a ser intersexual? Vivimos en un mundo de géneros diversos, pero muchos en la sociedad se sienten amenazados por la diversidad de género, y la comunidad intersexuales además tienen una relación complicada e inconsistente son los profesionales médicos. En resumen, esto ha provocado miedo y vergüenza en las relaciones personales, y en las percepciones que tiene la sociedad respecto a la intersexualidad. Nos hemos convertido en invisibles para la sociedad. Personalmente, esto ha hecho que sea difícil: el hablar sobre la intersexualidad con mi familia, el ser abierta sobre esto en el noviazgo, y el hacer público esto.

En años recientes, esto ha ido cambiando. La comunidad intersexual ha estado creciendo y ganando más fuerza, dentro de la misma comunidad, y en la sociedad en general. En los medios de comunicación, se han añadido personajes intersexuales a los libros, e incluso a los programas de televisión. Recientemente, MTV, emitió un programa llamado ‘Faking It’, donde uno de los personajes principales, Lauren, es intersexual. El programa trabajó en equipo con individuos intersexuales de InterACT, para poder desarrollar el personaje y auténticamente representar a alguien intersexual dentro del programa. El ver este programa, donde Lauren revelaba a sus amigos que es intersexual, y como esto daba forma a sus relaciones, fue muy enriquecedor. Me hubiera encantado tener ese tipo de representación en los medios de comunicación cuando era adolescente.

Aún existe mucho progreso por hacer, en relación a la concientización y los derechos de la comunidad intersexual. Pero yo he progresado lo suficiente para poder hacerles saber a todos ustedes que nací intersexual, y que me siento bien con ello. Debido a que nací intersexual, me he convertido en parte de una comunidad maravillosa y amorosa que me apoya. He conseguido tener un impacto en la comunidad intersexual, al ser parte de la junta directiva de AIS-DSD. He conseguido viajar a nuevas ciudades y he hecho nuevos amigos. En este punto, los beneficios han comenzado a tener más peso que las situaciones negativas. Ya he tenido suficiente al permitir que el secreto y la vergüenza tuvieran espacio en mis pensamientos, así que reemplacé esto con pensamientos positivos, con amor y compasión.

Me gustaría concluir, agradeciendo a todos mis amigos, quienes han estado ahí para mí en los diferentes momentos de este proceso, a mi familia por amarme tal como soy, y a mi esposo por aceptarme como soy. ¡Aprecio su constante amor y apoyo! Quería escribir esta entrada de blog, para sentirme libre, y también para educar al público en general. Las cuestiones intersexuales son complejas, y esto es solo una pequeña parte de mis experiencias.

 Tenemos muchas más similitudes que diferencias

Amy6

Conferencia de AIS-DSD, en Denver 2016 (fotografía cortesía de Lynell Stephani Long-