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Documento.- Tres Ex-Cirujanos Generales de EUA se pronuncian en contra de las cirugías intersexuales no consensuales: Repensando las Cirugías Genitales en Niños(as) Intersexuales

Repensando las Cirugías Genitales en Niños(as) Intersexuales

Por:

M. Joycelyn Elders, M.D., M.S.

15° Cirujano General de EUA

David Satcher, M.D., Ph.D., FAAFP, FACPM, FACP

16° Cirujano General de EUA

Richard Carmona, M.D., M.P.H., FACS

17° Cirujano General de EUA

 

Traducción al español: Laura Inter

DOCUMENTO ORIGINAL EN INGLÉS (PDF)

 

Junio 2017

rethinking

El 26 de octubre de 2016, 20vo aniversario del Día de la Visibilidad Intersexual, el Departamento de Estado de EUA emitió una declaración que reconoce que “de manera sistemática, las personas intersex enfrentan cirugías forzadas que son realizadas a una temprana edad, sin su consentimiento libre o informado. Estas intervenciones ponen en peligro su integridad física y su capacidad de vivir libremente”.

El Gobierno de EUA, es uno de los muchos que recientemente han cuestionado la genitoplastia infantil, una cirugía genital cosmética destinada a hacer que los genitales de un niño o niña “coincidan” con la categoría sexual binaria a la que fueron asignados por adultos encargados de su cuidado. A menudo, la genitoplastia es realizada en niños(as) con rasgos intersexuales, una condición conocida como trastornos/diferencias del desarrollo sexual o DSD (por sus siglas en inglés). Aunque bien intencionadas – muchos padres y médicos creen que es más difícil para los individuos vivir con genitales atípicos, que haberlos “corregido” desde el principio – existe un creciente reconocimiento de que esta creencia está basada en suposiciones no comprobadas, en lugar de en investigación médica, y que la cirugía genital cosmética realizada en infantes usualmente causa más daño que bien.

Afortunadamente, está emergiendo un consenso que concluye que los(as) niños(as) que nacen con genitales atípicos, no deberían ser sometidos a genitoplastias que no tengan por objetivo asegurar una función física. Las agencias gubernamentales en Alemania, Suiza, Australia, Chile, Argentina y Malta, así como grupos de derechos humanos, incluyendo la Organización Mundial de la Salud, han examinado esta situación y han encontrado que estos procedimientos médicos irreversibles, que son realizados antes de que los individuos puedan articular si desean someterse a tal cirugía, no son necesarios para asegurar un funcionamiento físico saludable, y que tal cirugía no está justificada cuando se realiza en niños(as). Estos organismos han pedido que se posponga la genitoplastia cosmética en infantes, para permitir a los individuos con un DSD, tener ingerencia en las decisiones que afectan su propia identidad y apariencia.

La realización de genitoplastia cosmética en infantes, no siempre fue la práctica estándar. Antes de mediados del siglo veinte, la mayoría de los(as) niños(as) con genitales que no encajaban en la norma binaria de lo masculino o femenino, no eran sometidos a cirugía. Sin embargo, partir de la década de 1950, una época donde la presión por ajustarse a las normas sociales a menudo era inflexible, cambió el protocolo de tratamiento estándar. Los(as) niños(as) nacidos con genitales atípicos, eran sometidos a procedimientos quirúrgicos tales como la reducción del clítoris, vaginoplastia, gonadectomia, y reparación de hipospadias, esto principalmente para “normalizar” la apariencia de acuerdo al género, no para mejorar la función.

Desde este periodo, como lo señala la declaración de consenso de 2016, ha existido un desacuerdo de buena fe entre los médicos, acerca de cuándo se debe realizarse la genitoplastia cosmética en infantes y si debe realizarse en primer lugar. Algunos médicos recomiendan la cirugía, debido a que creen que disminuirá la posibilidad de que el niño(a) pueda sufrir trauma emocional al tener características de género atípicas. Si bien, no dudamos que los doctores que apoyan y realizan estas cirugías, tengan el mejor interés del paciente y sus padres en el corazón, nuestro análisis de la evidencia disponible, nos ha convencido de que la genitoplastía cosmética en infantes no está justificada cuando no es necesaria para asegurar el funcionamiento físico, y esperamos que los profesionales y los padres que enfrentan esta difícil decisión, presten atención al creciente consenso que dice que esta práctica debería detenerse.

Nuestro punto de vida está basado en tres razones sencillas y convincentes. Primero, no existe evidencia suficiente que diga que crecer con genitales atípicos conduce a la angustia psicosocial. Después de analizar docenas de estudios que pretendían examinar el impacto de tener un DSD, hemos concluido que existe una escasez de evidencia convincente que demuestre que, los(as) niños(as) o adultos, son perjudicados psicológicamente por tener genitales atípicos, ni que estarían mejor si se someten a genitoplastia cosmética mientras son bebés o niños(as). En su mayoría, los estudios que hicieron conexión entre los genitales atípicos y la angustia emocional, simplemente asumieron, en lugar de demostrar, un vínculo causal entre ambos.

Segundo, mientras existe poca evidencia de que la genitoplastia cosmética en infantes es necesaria para disminuir el daño psicológico, si existe evidencia que demuestra que la cirugía en sí misma puede causar daño físico severo e irreversible, además de angustia emocional. Aunque los doctores se esfuerzan por predecir la identidad de género más probable para estos niños(as), un porcentaje significativo desarrollará una identidad de género diferente de la que le fue asignada al nacer. La cirugía genital irreversible, incluyendo la eliminación de tejido genital sano, puede ser traumática si la asignación de género resultara estar en conflicto con la propia identidad de género del individuo.

Incluso si la predicción del género es correcta, pueden surgir varias complicaciones asociadas con estas cirugías, incluyendo la falta de sensibilidad sexual, dolor durante la penetración, incontinencia, cicatrices, y la necesidad de repetir las cirugías. Una gonadectomia, puede crear la necesidad de una terapia de reemplazo hormonal, y también podría impedir la potencial fertilidad disponible mediante los avances en tecnología de reproducción asistida. En resumen, las cirugías cuyo propósito no sea garantizar la salud física y psicológica, muy frecuentemente llevan al resultado opuesto.

Por último, estas cirugías violan el derecho del individuo a la autonomía personal sobre su propio futuro. Si bien las cirugías tales como la creación de una abertura uretral donde estaba ausente, pueden ser justificadas porque garantizan el funcionamiento físico, las cirugías que nunca son necesarias para asegurar el funcionamiento físico en los(as) niños(as), son las de reducción de clítoris, ni la creación de una vagina, y la reparación de hipospadias rara vez es necesaria. La reducción del clítoris y la extirpación de gónadas sanas, claramente infringen el derecho del niño(a) a la integridad física, la preservación de la identidad sexual y de género, y la libertad de procreación. En algunos casos, una gonadectomía puede ser apropiada para hacer frente a un riesgo de cáncer, pero esta cirugía generalmente puede esperar hasta la pubertad, cuando los individuos afectados puedan dar su opinión en la decisión sobre si desean someterse a tal procedimiento.

Los expertos médicos coinciden en que se necesita determinar el tratamiento óptimo para los(as) niños(as) que nacen con un DSD. Mientras tanto, están naciendo bebés que dependen de adultos para tomar decisiones en su mejor interés, y esto debe significar una cosa: Cuando un individuo nace con genitales atípicos que no representan ningún riesgo físico, el tratamiento no debería enfocarse en la intervención quirúrgica, sino en el apoyo psicosocial y educativo para la familia y el niño(a). La genitoplastia cosmética debería ser aplazada hasta que los(as) niños(as) tengan la edad suficiente para expresar su propia opinión acerca de someterse o no a la cirugía. Aquellos cuyo juramento o conciencia dice “no hacer daño”, deberían prestar atención al simple hecho de que, a la fecha, la investigación no apoya la práctica de la genitoplastia cosmética en infantes.

[Pidgeon Pagonis] Activista intersexual pide que se tenga mayor conciencia sobre las ‘cirugías correctivas’ Por Leah Dunlevy

[Pidgeon Pagonis] Activista intersexual pide que se tenga mayor conciencia sobre las ‘cirugías correctivas’

Por Leah Dunlevy

Traducción: Laura Inter del artículo “Intersex activist calls for increased awareness about ‘corrective surgeries’” de Leah Dunlevy

Fuente: https://dailynorthwestern.com/2016/10/14/campus/intersex-activist-calls-for-increased-awareness-about-corrective-surgeries/

Pidgeon Pagonis.png

Fotografía: Jeffrey Wang/Daily Senior Staffer

La activista intersexual Pidgeon Pagonis, pidió que se tenga mayor conciencia sobre el impacto de las cirugías de asignación sexual en individuos intersexuales.

“Es una emergencia social,” dijo Pagonis durante el discurso de apertura de Rainbow Week (Semana Arcoíris).

Pagonis – quien en inglés usa los pronombres neutros: they, them, their, para referirse a sí mismx – habló ante unas 50 personas en Harris Hall, en un evento organizado por Rainbow Alliance. Pagonis habló sobre ser intersexual y mostró su documental: “The Son They Never Had: Growing Up Intersex” (El hijo que nunca tuvieron: Creciendo Intersexual), a lo cual siguió una sesión de preguntas y respuestas.

Pagonis es una activista nacida en Chicago, que defiende a la comunidad intersexual y a la justicia corporal. Con más de 10 años de experiencia, ha sido publicadx en la revista académica Narrative Inquiry in Bioethics, y fue honrada por la Casa Blanca como “Champion of Change” (Campeonx del Cambio) LGBTQ en 2015.

Pagonis usa su experiencia personal para realizar activismo en contra de las cirugías intersexuales. Pagonis dijo que cuando era niñx, fue sometidx a “cirugías correctivas”, que estuvieron basadas en información errónea de los doctores.

Pagonis nació con genitales ambiguos, no tenía ni un pene ni una vagina completamente formados. Alrededor del 1 por ciento de las personas son intersexuales, lo que aproximadamente equivale al número de personas que nacen pelirrojas, dijo Pagonis.

Los doctores dijeron a los padres de Pagonis, que Pagonis desarrollaría cáncer gonadal si sus gónadas no eran extirpadas. Pagonis dijo que fue sometida a una cirugía durante la cual sus gónadas fueron extirpadas, así como a subsecuentes cirugías de clítoris.

Pero Pagonis y sus padres, después se enteraron que las cirugías fueron médicamente innecesarias. La cirugía es médicamente innecesaria en cerca del 90 por ciento de los casos de intersexualidad, dijo Pagonis durante la presentación. A menudo, los doctores realizan “cirugías correctivas” como respuesta al nacimiento de un niñx intersexual, obteniendo el consentimiento parental bajo el pretexto de falsos riesgos en la salud, dijo.

Como unx adultx, Pagonis dijo que está luchando contra las cirugías genitales intersexuales y la “asignación de sexo”.

“La cirugía genital es una forma de abuso sexual”, dijo Pagonis.

El problema con la cirugía intersexual, radica en la desindormación, dijo Pagonis. Dijo que los niñxs deberían tener el derecho a elegir su género más tarde durante sus vidas, pero si los padres son los que eligen la cirugía, los padres deberían tener acceso a información precisa.

Quienes luchan en contra de las cirugías intersexuales, se han visto obstaculizados por la falta de información sobre los efectos emocionales y físicos de tales cirugías, dijo Pagonis. Pero Pagonis aún alienta a los individuos a luchar en contra de estas cirugías, y en contra del género binario que acompaña a la asignación de sexo al nacer. Sugiere protestas en los hospitales para oponerse a los procedimientos médicamente innecesarios, y apoyar la legislación nacional sobre el tema de las cuestiones intersexuales.

La charla del jueves, fue parte del Mes Empoderador de lo Queer y Trans, un movimiento más grande en el campus de Northwestern, el cual es celebrado cada octubre. La meta del mes es educar e incrementar el diálogo acerca de la sexualidad y el género.

“La población intersexual es una muy marginada”, dijo Ross Cohen, comunicadora y miembro de la mesa directiva de Rainbow Alliance.

La comunicadora Rachel Stamler-Jonas, asistió a la charla y dijo que el diálogo presentado por Pagonis es crucial.

“Necesitamos hablar con nuestrxs amigxs acerca del sexo y género”, dijo Stamler-Jonas. “No podemos mantener esto como un tema tabú”.

Los eventos relacionados con las cuestiones intersexuales, incluyen el Día de la Visibilidad Intersexual el 26 de octubre, y el Día de la Solidaridad Intersexual el 8 de Noviembre.

Correo electrónico: leahdunlevy2020@u.northwestern.edu

Vagina, ¿Mi Felicidad? Por Guadalupe Chavez (persona Intersexual)

Vagina, ¿Mi Felicidad?

Por Guadalupe Chavez

*Historia compartida por Guadalupe Chavez exclusivamente para Brújula Intersexual, si quieres publicarla en otro sitio por favor escribe a intersexualmexico@gmail.com para comunicarnos con la autora y proporcione su autorización.

Guadalupe

Imagen compartida por Guadalupe. Autora: AM

 ¿Qué es la felicidad? Para la Real Academia de la Lengua Española, la felicidad es un estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien, satisfacción, gusto ó contento; mientras que los seres humanos la interpretamos desde distintas perspectivas y la enfocamos a nuestra vida diaria.

En lo particular, en mi niñez, la felicidad se basaba en correr, brincar, jugar con “monitos de acción” de la época, sin faltar los carritos de carreras; cada vez que hacía esto, mi rostro reflejaba una gran sonrisa un tanto inocente y pícara. Para mis padres no era mal visto que tuviera juguetes tradicionalmente considerados “masculinos”, en parte porque mi padre siempre quiso tener un hijo varón y mi madre no consideraba tan importante atender el prejuicio de que existen juguetes para niños y juguetes para niñas.

Confieso que nunca jugué con muñecas o “Barbies”, lo más cercano que tuve fue un muñeco pequeño semejante a un bebé, el cual siempre me acompañaba a todas partes. Quizá los adultos entendieron que al encargarme de él como si fuera mi hijo yo empezaba a descubrir mi instinto maternal desde pequeña –como el resto de las niñas-, pero nunca fue así; yo creo que ante la ausencia de un hermano o hermana, y otros niños y niñas de mi edad cercanos a donde yo vivía, el muñeco fue mi primer amigo.

Durante mi adolescencia hubo muchos cambios, sobre todo en mi cuerpo y no como yo esperaba. La gran mayoría de mis compañeras de secundaria ya tenían su menstruación y sus cambios físicos eran notorios. Pronto el grupo de mujeres se dividió en “señoritas” y las que aún no menstruaban, todo giraba en torno a ello. Para socializar en el grupo o simplemente para hacer una tarea la pregunta obligada era: “¿Ya te bajó la regla?”. Según la respuesta era el trato.

Cada día que pasaba yo quería ser como ellas, pero nunca sucedió. Mi apariencia física se asemejó a la de mis compañeros y sufría burlas constantes que dañaban mi autoestima, así que me enfoqué en los estudios.

Para entonces mi sonrisa ya no era tan natural y espontánea, cuando aparecía era un tanto temerosa. Mi felicidad la busqué corriendo en una pista de atletismo, pateando un balón ó encestándolo en una canasta, hacía todo esto porque me gustaba, pero también fue un escape a lo que me sucedía. A la vez tenía la necesidad de pertenecer a un grupo y convivir con las personas, sin embargo en todos lados estaba el ser o el no ser “señorita”.

Esta misma presión la tuvo mi madre, muchas de sus amigas presumían de que sus hijas ya eran todas unas señoritas y después venía la pregunta: “¿Tu hija ya es señorita?”. Y la respuesta era: “Se está cuidando”.

En el año 2002, mi madre, preocupada porque no menstruaba, pidió la opinión del médico de la familia, quien le aconsejó esperar unos meses más; sin embargo, su angustia y a la vez su intuición nos hizo ir a consultar con la pediatra, una mujer ya grande de edad, muy amable y que me inspiró confianza. Ella habló con mi mamá y nos pasó al consultorio del ginecólogo, fue algo completamente nuevo para mí. Yo tenía 16 años de edad y nunca me habían hecho preguntas tan íntimas y mucho menos habían tocado así el cuerpo. El ginecólogo me hizo un ultrasonido, una y otra vez vio la pantalla del monitor como si faltara algo, en su búsqueda él volteaba a mirar a mi madre y luego a mí. Esos minutos fueron eternos e incómodos, peor aún, me dijo que tenía que revisar mi zona íntima, se cambió de guantes y me empezó a tocar, no tardó mucho tiempo en encontrar una pequeña bolita que tenía en la parte derecha de mis genitales. Hasta ese momento yo no le había dado importancia a esa bolita, nunca le conté a nadie sobre ella, nunca me causó dolor ni me incomodó. Vagamente recuerdo que “apareció” en quinto o sexto de primaria, cuando me golpeé con el sube y baja.

El ginecólogo me pidió que esperara afuera del consultorio, después de varios minutos mi madre salió llorando, subimos al carro y le pregunté: “¿Qué pasa? ¿qué te dijo?”. Su respuesta fue enmudecer y ante la insistencia me respondió: “Nada”. Fue algo doloroso ver a mi madre llorar de esa manera, ver la angustia en sus ojos, estaba temblando y en shock, yo me quedé igual y decidí ya no preguntar. Al llegar a casa mi mamá siguió de la misma manera, platicó con papá, quien se puso igual que ella. Nuevamente me pregunté: “¿Qué pasa? ¿qué hice mal?”.

Un par de días después la pediatra nos hizo cita en el Seguro Social y de inmediato me trasladaron a una clínica de tercer nivel, ubicada a tres horas de mi ciudad natal. Todo fue tan rápido que no me di cuenta hasta que estaba entre muchos hombres y mujeres con bata blanca, quienes me veían como bicho raro o por lo menos de esa manera me hicieron sentir, fue entonces que mi autoestima se desplomó y mi felicidad desapareció.

Nunca había estado en un hospital por tanto tiempo y mucho menos de esa manera. Mi rutina en los servicios médicos iniciaba a temprana hora. Tenía que estar en la clínica de mi ciudad a las 3.30 A.M para realizar el viaje, llegaba cansada y asustada  a la clínica de tercer nivel alrededor de las 7.00 A.M en compañía de mis padres. Ahí me tenía que presentar a Medicina Nuclear y a otro departamento, que no recuerdo su nombre, para que me sacaran muestras de sangre. A partir de las 9.00 A.M eran consultas interminables en Genética, Cirugía, Endocrinología, Psicología, Urología, Psiquiatría, entre otros. Las batas blancas hablaban con muchos términos médicos y cosas que no entendía, en ocasiones tenía que esperar sola en la sala; mientras los médicos platicaban con mis papás. A la salida de esas reuniones, mi mamá mostraba rastros de llanto y mi papá intentaba mostrarse fuerte, pero al final los tres sucumbíamos ante la desesperación e incertidumbre.

Cuando consultaba con la doctora de Genética, ella siempre me preguntaba cosas como: “¿Por qué no te maquillas? ¿por qué no te vistes femenina? ¿te gustaría sacarte la ceja? ¿te gustaría tener novio?” Para mí, eran preguntas vacías a las que sólo respondía sí o no.

Al poco tiempo me enviaron con una psicóloga, ella nunca me inspiró confianza. Yo solamente quería saber qué me estaba pasando y cuándo terminaría todo, en cambio ella me ponía a dibujar y a contar historias, incluso me encargaba tarea como consultar qué es “5-Alfa Reductasa”. Busqué esa palabra en Internet y apareció una gran cantidad de notas médicas que nunca entendí. Un día me hizo varias preguntas que me incomodaron: “¿Te gustaría cambiar? ¿te gustaría ser hombre?” Y mi respuesta fue: “¿Para qué? Yo soy mujer”.

No encontré respuestas hasta que un día leí mi expediente y la primera nota fue precisamente de la psicóloga, la cual indicaba que mi comportamiento, aspecto y manera de pensar era de un varón. Aquella bolita era un testículo que no descendió y el otro estaba en mi abdomen, me dijeron que tenían que extirparlo para evitar un tumor ó cáncer. Al revisar mi expediente, en la mayor parte de las hojas, los doctores me etiquetaron de la siguiente manera: “Paciente bajo la condición de Seudohermafroditismo Masculino por Deficiencia de 5-Alfa Reductasa”.

El proceso para la operación fue largo, se incrementaron las visitas al hospital. Tenía de tres a cinco consultas en un sólo día con diferentes doctores, yo sentía miedo y quería conocer a otras personas igual a mi para no sentirme tan sola, pero en ese momento no había nadie más, sólo batas blancas por doquier. Siempre quise que todo acabara, pero tan sólo era el principio de casi seis largos años de ir y venir a esa clínica.

En el 2004 fue mi primera operación: recesión de gónadas. Tengo recuerdos muy vagos, quizás en rechazo a lo que me pasó o simplemente mi mente bloqueó esta etapa para tratar de olvidar, aún así tengo ciertos episodios marcados. Ingresé a quirófano por la mañana, estaba temblando de miedo y una enfermera me dijo: “No te preocupes, todos estamos aquí para ayudarte”. Me acostaron en esa cama tan fría y me pusieron varias inyecciones, después sólo vi batas blancas desvaneciéndose y me quedé dormida. Según mis padres me subieron a piso muy noche porque me hicieron varios estudios, y dentro de su desesperación por el tiempo de espera me confundieron con otra persona que salió del quirófano; mamá la abrazo y papá la tomó de la mano, ante la desconcertada mirada de la familia de la chica, ahora es una anécdota graciosa.

En recuperación tuve varias complicaciones, una de ellas fue que no podía orinar y estaba toda inflamada, era de noche y no había doctor, yo lloraba y gritaba de dolor, en mi desesperación cometí un gran error y lo acepto, fui cruel con mi padre al recriminarle: “¿Para qué me traías papá, para esto?” No me respondió, sólo agachó su mirada y de sus ojos salió un mar de lágrimas; mientras jalaba su cabello con sus dos manos. Confieso que todavía no le he pedido perdón por ese mal momento y al escribir estas líneas se me hace un nudo en la garganta. Por fortuna llegó un practicante, sacó a mis papás, me hizo unas preguntas y leyó mi expediente, tuvo que colocarme una sonda entre las piernas para poder orinar. Después de esa noche tan complicada me quitaron la sonda y tenía que orinar por mí misma para que me dieran de alta, batallé mucho, pero al final lo logré y hoy aseguro que cosas tan pequeñitas o insignificantes como “hacer pipi” traen alegría y ganas de disfrutar la vida.

A los pocos días tuve cita con el cirujano –yo todavía con dolores y cansada por lo que había vivido– él me confirmó que todo estaba bien, pero vaya sorpresa me llevo al escucharlo decir: “¿Ya estás lista para la otra operación?”. Sólo habían pasado unas cuantas horas, ¿cómo estaría lista para otra operación? Mi respuesta fue un rotundo: “No”. Yo quería volver a mi vida cotidiana, estar en casa e ir a la escuela, en cambio regresé al punto de partida.

Esta vez todas las batas blancas me ofrecieron algo que cambiaría mi vida para siempre, algo que me hará sentirme querida, algo que me hará encajar como mis ex compañeras de la secundaria, ese algo es mi felicidad para el resto de mi vida, ese algo me convertirá en una mujer, ese algo es una vagina.

Sí, me ofrecieron una vagina. Para ellos y ellas es sinónimo de felicidad en mi vida futura, cuando llegue el momento de casarme tendré “relaciones sexuales con mi esposo, como cualquier otra mujer” y eso “me hará feliz”. Simplemente me quedé en shock, yo no pensaba en mi futuro, sólo quería salir corriendo del hospital. Hoy a mis veintinueve años de edad recupero este pasaje de mi vida para titular mi participación: Vagina, ¿Mi felicidad?

Fue tanto el acoso y la insistencia por parte de las batas blancas que terminé por encerrarme en mi burbuja, un escudo de protección invisible, pero nada efectivo. Me dejé llevar por tantos estudios que me hacían, no por convicción sino para que todo acabara lo más rápido posible y me dejaran en paz. No conforme con la presión de las batas blancas, en esa época yo salía sentimentalmente con alguien, quien no me aceptaba del todo por mi condición y también me aconsejó operarme. Hoy analizo esta situación y me cuestiono: ¿Qué hacía al lado de esta persona?

Prácticamente estaba entre la espada y la pared,  todo era confuso y mi cabeza era un mundo de preguntas: “¿Por qué me pasa esto a mí? ¿por qué yo Dios? ¿qué hice mal? ¿por qué soy un bicho raro?”.  Por momentos pensé en quitarme la vida para acabar de una vez por todas con esa agonía, pero no lo pude hacer. Unas semanas antes de la cita al hospital para definir la siguiente operación –vaginoplastía– mis padres tocaron el tema. Mi papá sabiamente me dijo que no me operara, que no era necesario, y mi mamá comentó que ella apoyaba cualquier decisión que yo tomara. Un día antes de la cita tomé la decisión y no muy convencida dije: “Si”. Lo hice en parte para que todo acabara de una vez y poder estar en paz y ser feliz. Después de dos años de la primera operación me sometí a la vaginoplastía, que según consta en mi expediente médico, consistió en cortar un pedazo de mi intestino para luego colocarlo entre mis piernas.

Esta operación fue otro trauma en mi vida, la cirugía fue dolorosa y la recuperación muy lenta, tenía sondas para drenar por todo mi cuerpo y yo sólo quería irme a casa. Al darme de alta descansé un par de días y regresé para el chequeo médico, ese momento marcó mi vida. Me recosté en la cama del consultorio, estaban mis padres conmigo y aquel doctor se puso los guantes, contó hasta dos, metió su dedo en mi “vagina” hasta lo más profundo y estuvo ahí adentro –para mí– una eternidad, lloré por el intenso dolor que sentía, pero sobre todo por la humillación que estaba pasando: ¿Esta era la felicidad de la cual que tanto hablaban? Cuando sacó su dedo, comentó que todo estaba bien y que parecía una vagina normal, tal parece que sus palabras tenían la intención de reconfortarme por lo que me había hecho. Desde ese momento sentía asco y repudio por mi “Felicidad”.

Al regresar a mi casa tuve algo de paz y tranquilidad, pasé momentos difíciles por el rechazo hacia mi vagina y me tuve que acostumbrar a ella, ya no había marcha atrás. Lejos de traerme felicidad me trajo muchos problemas. El principal es el dolor en todos los niveles, desde un roce con la ropa hasta cuando me toco para limpiarme luego de orinar. A todo esto se agregó que mi autoestima estaba por los suelos y yo no quería socializar con nadie, pues temía al rechazo por lo que me habían hecho bajo “mi propio consentimiento”. No obstante, sin darme cuenta otra vez me encontraba en el mismo lugar, en el principio.

Regresé a la clínica de tercer nivel con las batas blancas, quienes querían hacerme otra operación, esta vez sencilla –según ellos–  para hacer más grande mi “Felicidad” y lograr que fuera “funcional al momento de tener relaciones sexuales con un hombre”. Además de seguir un estricto tratamiento de estrógenos conjugados de equino que inicié después de mi primera cirugía, dicho medicamento serviría para que mi cuerpo tomara forma de una “mujer normal”. Esta vez ya tenía la suficiente edad para tener mayor conciencia y rompí aquella burbuja de protección para responder: “No más”. Trataron de convencerme y venderme nuevamente la idea de la felicidad, pero su estrategia ya no funcionó, siempre me negué y gradualmente dejé de ir a consultar. La última vez fue a finales del año 2008 con la endocrinóloga, quien no tuvo más remedio que darme de alta porque no quería tomarme los estrógenos y los avances eran nulos.

De esta manera cerré mi ciclo en aquel hospital y busqué ayuda fuera del discurso médico, mi necesidad era conocer a alguien igual que yo, que tuviera esta condición Intersexual. Después de una exhaustiva búsqueda encontré a una chica a tres horas de mi casa, platiqué con ella, compartimos nuestras experiencias y sentí que me quité un peso de encima. Pero todavía tenía muchas dudas, quería saber más y encontré en el Distrito Federal a una gran mujer, su nombre es Eva Alcántara Zavala, quien me platicó sobre su investigación de la Intersexualidad en México y su experiencia en el tema. A pesar de que no es una persona que nació con la condición Intersexual, me identifiqué mucho con ella y para mí fue un rayo de luz que me impulsó a seguir adelante en la vida. Quise hacer algo para ayudar a más personas que están pasando un momento tan complicado como el que yo viví, pero no era mi momento, dejé a un lado el tema de la Intersexualidad y me aboqué a mi vida profesional y sentimental. Sin embargo, mi pasado se convirtió en presente. En el 2009 regresé al hospital por un intenso dolor en el estómago, tuve que volver a explicar a cada uno de los doctores lo que me habían hecho en años anteriores. Muchos se quedaron impactados cuando me escuchaban decir: “Me hicieron una recesión de gónadas y una vaginoplastía, soy una persona Intersexual”. Después de dos largas semanas me diagnosticaron adherencias por la cirugía intestinal, es decir, una secuela de mi “felicidad”, recuerdo que me atendió un doctor que estuvo en la clínica de tercer nivel, en donde me habían operado, fue bueno conmigo y dijo que había que esperar. Durante la estancia en el hospital tuve una recaída muy fuerte, el doctor que me atendía no estaba y llegó otro. Con una gran crueldad me dijo: “No te preocupes, ahorita te meto a quirófano, te corto los intestinos, te los pego, al cabo tienes muchos y a la semana regresas”. Esas palabras me mandaron al suelo y mi autoestima nuevamente se fue en picada. Por fortuna mis intestinos perezosos volvieron a funcionar y no me operaron, tuve varias semanas para reflexionar y tomé la decisión de compartir mi experiencia.

Al poco tiempo, impulsada por una gran mujer y con el apoyo de varios compañeros, compartí mi testimonio en público, fue en un ciclo de conferencias de la Comunidad de LGBTTT. Ahí mismo un grupo de apoyo de esta comunidad y que al mismo tiempo era medio de comunicación me hicieron un reportaje que se publicó en YouTube. Su intención era buena, a partir de ahí muchas personas me buscaron para compartir su experiencia a través de las redes sociales y los apoyé en la medida de mis posibilidades, principalmente al escucharlos o bien leerlos. Sin embargo también se acercó gente mal intencionada que busca el tema con morbo y muchos más me amenazaron por el simple hecho de haber nacido bajo esta condición. Fue entonces que decidí escribir al grupo de apoyo que realizó el reportaje para solicitarles que lo quitaran de las redes sociales, amablemente accedieron, pero hoy en día todavía circula por otras fuentes. Tengo que confesarlo tuve miedo, no me sentí preparada para manejar el tema y una vez más lo dejé de lado.

Pasaron varios años durante los cuales me desarrollé como profesionista y cumplí mis metas, platicaba esporádicamente con Eva Alcántara y en este año, 2014, me hizo una invitación para participar en una asesoría a un Hospital del Distrito Federal. En un principio no sabía qué esperar, me imaginaba un público hostil, a la defensiva, estaba temerosa y al final acepté el reto. Tuve en consideración que es necesario aprovechar la mayor parte de los espacios que se abren para hablar del tema y sobre todo a las personas que lo abordan en forma directa diariamente.

El día del evento en el Hospital un grupo de doctores dio lectura a un caso de Intersexualidad. Me llegaron a la mente recuerdos, supuse que así habían sido las reuniones para tratar mi caso, sentí con que crudeza tomaban las decisiones, por momentos quise llorar por la sensación de mi impotencia ante lo que estaba escuchando, decidí levantarme de mi lugar para tomar agua y calmarme un poco. Al término de la lectura del expediente, continuaron los expositores, quienes aportaron cosas interesantes. En mi turno, estaba muy nerviosa, el ambiente en la sala era tenso, por momentos titubeaba y cuando me sentí cómoda ofrecí mi testimonio abiertamente, desde mi niñez hasta la edad adulta, mostré algunas fotografías y algunas páginas de mi expediente clínico para nutrir la plática. Al final de mi participación confirmé lo que en un principio esperaba: una doctora se mostró hostil, trató de refutar todo lo que yo decía y su molestia se reflejaba en su rostro, pero la asesoría valió la pena, pues otra doctora tenía un punto de vista más humano y no tan técnico, y se desató la polémica con referencia a operar a los pacientes desde pequeños o bien, esperar a que crezcan y decidan. Por mi parte lancé una pregunta al aire: ¿Qué harían ustedes si tuvieran un hijo o una hija que nació bajo esta condición? La respuesta de esta doctora hostil fue contundente al asegurar que seguiría el proceso establecido con su hija o hijo. Durante toda la asesoría dejó en clara su postura: los tratamientos médicos quirúrgicos son la solución. Considero que ambas partes tuvimos una experiencia muy enriquecedora y que algo bueno surgirá de esta asesoría.

Desde mi primer acercamiento con la Intersexualidad hasta hoy en día mi percepción del tema es muy distinta por toda la experiencia que viví como paciente. En un principio los doctores me hicieron creer que la Intersexualidad es algo malo y tiene que remediarse lo más rápido posible a base de cirugías y estrógenos para encajar en la sociedad; sin embargo, hoy en día entendí que esto es una mentira. La variabilidad corporal simplemente es una condición humana y el problema no está en el cuerpo sino en la mente, en la manera de verlo y de pensar de cada persona, grupo o  sociedad. También compartí mi experiencia en la Comunidad LGBTTT, en su momento fue algo bueno, pero considero que no es el lugar indicado para partir y abordar el tema, debido a que son dos cosas completamente diferentes. A grandes rasgos la primera se refiere principalmente a la preferencia sexual y la segunda es una condición corporal de nacimiento, por lo tanto puede confundir a una persona, que nació bajo la condición Intersexual.  Otra de mis primeras experiencias fue con los Medios de Comunicación que son agentes de cambio importantes, pero la mayoría tratan el tema con “amarillismo”, buscan vender, más que informar de manera adecuada y precisa. Pienso que en parte es por la falta de información y educación sobre el tema.

Para cerrar mi participación hago hincapié en que ofrezco mi testimonio no para victimizarme sino para ayudar a más personas que nacieron bajo esta condición y qué posiblemente están pasando por este difícil momento.  Desde mi punto de vista considero  que es necesario un espacio para nosotros, para platicar nuestras experiencias y escucharnos,  pero también necesitamos a personas especialistas en diferentes áreas como las doctoras Eva Alcántara Zavala y María del Pilar Hernández, quienes son pilares del tema en nuestro país, creo que en conjunto podemos generar importantes cambios a nivel nacional.

Video: Lxs niñxs intersexuales y la asignación sexual por parte de la institución médica ¿de quién es el derecho de elegir?. Mika Venhola (Cirujano Pediatra) y Kitty Anderson (Intersex Iceland)

Video: Lxs niñxs intersexuales y la asignación sexual por parte de la institución médica ¿de quién es el derecho de elegir?

Testimonios de: Kitty Anderson (Intersex Iceland) y Mika Venhola (Cirujano Pediatra)

Traducción de Laura Inter del video “Frontline Dispatches: Intersex Children And Medical Sex Assignment – Whose Right To Choose?” en el que participa Kitty Anderson (Intersex Iceland) y Mika Venhola (Cirujano Pediatra).

TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL Y TRANSCRIPCIÓN DEL VIDEO:

Lxs niñxs intersexuales y la asignación sexual por parte de la institución médica ¿de quién es el derecho de elegir?

Kitty Anderson (Intersex Iceland) = KA

Mika Venhola (Cirujano Pediatra) = MV

KA: He atravesado la menopausia cerca de 30 veces, debido a malos manejos en mi tratamiento hormonal [por parte del sistema médico]. Soy una profesional, puedo dar consejos a cualquiera. Tengo fibromialgia, que es algo común en mi familia, pero al parecer a nadie le da fibromialgia hasta después de la menopausia y, bueno… he atravesado la menopausia cerca de 30 veces. Esto es peor para las personas que están a mí alrededor. Hay alguien cercano a mí que tiene 19 años y tiene osteopenia, y también es debido a un mal manejo en su tratamiento hormonal. Alguien que tiene 19 años no debería tener huesos frágiles.

Niñxs intersexuales…

KA: Unx de cada 1500 o 2000 niñxs es sometido a algún tipo de intervención quirúrgica debido a que poseen diferencias visibles. Sin embargo, un reciente estudio alemán muestra que una de cada 200 personas, es intersexual. Así que, eso significa que aproximadamente el 10 por ciento de nuestra comunidad, se enfrenta a intervenciones quirúrgicas en la niñez. El resto de nosotrxs no, aunque pueden enfrentar tratamientos quirúrgicos u hormonales más tarde en su vida.

Asignación sexual médica…

MV: Estas cirugías pueden implicar que tengamos que eliminar partes del cuerpo del niñx, que este pueda querer tener cuando crezca. Y, por otra parte, puede ser que no asignemos el género correcto, y que hagamos hecho cirugías “reconstructivas”, que le hagamos hecho algo al cuerpo, y que cuando el niñx crezca, piense que estas partes [reconstruidas] son totalmente erróneas para él o ella, y que esta fue una decisión equivocada.

¿De quién es el derecho a decidir?

KA: Personalmente, en mi vida, debido a que fui sometida a cirugía cuando tenía 3 meses de edad, el impacto fue que hicieron que dependiera de una terapia de reemplazo hormonal por el resto de mi vida. También me negaron las hormonas que hubiera producido mi cuerpo de manera natural.

Mi pasaporte dice que soy una mujer, además me veo como una mujer, por lo tanto, pensaron que debería tener estrógeno. Aunque hubiera preferido la testosterona, al igual que algunas personas que comparten mi biología y la usan. Pero en mi contexto no me fue dada una opción.

Desde el frente de derechos humanos…

MV: Algunas veces, cuando has sido sometido a cirugía genital y sientes excitación sexual, el tejido cicatricial causa mucho dolor. Así que no es solo insensibilidad, sino dolor, y a veces hay dolor con solo pensar acerca de sexo, o al excitarse sexualmente. Y, no hay posibilidad de saber qué tipo de preferencia sexual sentirá lx niñx cuando crezca. Así que, la idea de que tenemos que construir genitales que le permitirán al niñx tener un cierto tipo de práctica sexual tradicional y heterosexual, debería ser decisión del niñx cuando crezca. Así que, existe la fuerte posibilidad de que al construirle una vagina a una pequeña niña, ella después en su vida piense: “No necesito una vagina, me siento como un hombre, y pienso que esto que me hicieron fue algo terrible para mí.”

KA: Esto tuvo un efecto muy traumatizante en mi relación con mi madre, ya que mi madre, básicamente me dijo que hubiera sido muy traumático para mí el descubrirlo cuando era niña. Así que mantuvo el secreto hasta que cumplí los 12 o 13 años de edad y ella ya no podía seguir manteniendo el secreto por más tiempo, debido a que tenía que comenzar con la terapia hormonal para inducir la pubertad. Y eso fue horrible. Teníamos una maravillosa relación antes de eso, y esto la destruyó, nos tomó años el superarlo. Actualmente, nuevamente tenemos una maravillosa relación, y la razón principal de que tengamos esta relación maravillosa nuevamente es que cuando tenía 15 años de edad nació mi prima, quien también es intersexual, y fue un cambio completo, ya que mi madre se había dado cuenta que lo que se me hizo no estuvo bien, y que el ocultarme esto estuvo mal… así que, tengo una prima que ahora tiene 19 años de edad, que siempre ha sabido la verdad, y a la edad de 10 años, se paró enfrente de su clase y compartió esta información con sus compañeros, tiene un punto de vista completamente diferente de estas cuestiones. Para ella nunca ha habido secretos, nunca se le ha ocultado nada, nunca ha habido nada de lo que sienta que debe avergonzarse. Ese factor de que mi madre pudiera entender que fue lo que estuvo mal, y cambiar su punto de vista y hacer lo correcto, o contribuir a hacer lo correcto, fue lo que hizo que restauró nuestra relación.

MV: Me entrenaron para… estaba trabajando en un hospital universitario, como miembro de un equipo, de un equipo especial, que tiene que ver con el diagnóstico y tratamiento de genitales ambiguos o intersexuales. Fui entrenado para realizar estas cirugías, y tu maestro te enseña y tú solo haces lo que él dice, y entonces esto hace que la tradición continúe. Cuando estaba realizando mi primera cirugía de reducción de clítoris, tuve un fuerte sentimiento de que “Ok, estoy haciendo algo que no debería, que no me han dado permiso de hacer, esto es una violación de derechos humanos.” Estaba haciendo algo a un bebé, algo que pudiera tener consecuencias terribles, y había muchas posibilidades de algo saliera muy mal.

KA: Viendo hacia atrás a mi niñez, hubo ciertas cosas [experiencias] con las que no sé qué hacer. Fui criada parcialmente en Islandia y parcialmente en Escocia, en el Reino Unido vi como la sociedad está basada en el género [binario], y eso fue muy extraño para mí, no podía entender el porqué los niños de mi clase podían hacer algo y era aceptable, y para mí que era una niña no, o viceversa, simplemente no tenía sentido… y he escuchado a muchas personas intersexuales mencionar esto, que no se sentían cómodxs, que cuando eran niñxs no entendían estas diferencias basadas en el género. Pero, también he hablado con muchas personas que no son conscientes de estas situaciones hasta que las escuchan de alguien.

MV: ¿Lo correcto es intervenir el cuerpo, o lo correcto es intervenir a la sociedad? Por ejemplo, intervenir el ambiente en las escuelas o con los compañeros, o cosas como esa.

KA: A mi madre se le dijo que yo no sería capaz de entender hasta que fuera más grande, y que escuchar algo como esto, sería muy difícil para mí a una edad tan temprana. Este fue el consejo de los doctores en esa época, era el protocolo que se seguía, no le decías a lxs niñxs cosas como esta acerca de sí mismxs.

MV: Si comienzas a intervenir el cuerpo, será irreversible, será algo que conlleve complicaciones. Si comenzamos interviniendo el cuerpo, antes de que siquiera estemos conscientes del género del niñx, o antes de que estemos conscientes del tipo de orientación sexual tendrá lx niñx, sin duda será más probable que nos equivoquemos.

KA: Me quebranté completamente. Mi confianza desapareció, ya no confiaba en ninguno de los adultos a mí alrededor. Comencé a cuestionarme a mí misma. Tenía 12 o 13 años, eran mis años de adolescencia, cuando quieres encajar en la sociedad, quieres ser parte de tu círculo social y ser como todos los demás. Así que descubrir a esa edad que eres diferente, que necesitarás ver a especialistas, que necesitarás tomar hormonas, que tu cuerpo no atravesará la pubertad de la misma manera que tus amigas… es traumático. Me cuestioné a mí misma, presté atención a la forma en la que me comportaba y la cuestioné, me observaba en el espejo y pensaba: “Ok, ¿se me nota algo?” y… bueno … es la peor edad para decirle a alguien algo como esto. Y me tomó prácticamente dos años superarlo, que fue cuando mi prima nació. No fue solo “superarlo”, lo que realmente sucedió, es que no fui capaz de tomar todos estos sentimientos [negativos] que tenía sobre mí misma, y transferirlos a ella [que era como yo], realmente era algo que no tenía sentido, no podía relacionar estos sentimientos y pensamientos con ella. Y… en esos momentos me llamaba a mí misma: ‘monstruo’, y mi madre simplemente me miró y dijo: “Esta bien, siéntete libre de llamarte como quieras, pero entonces tu prima también sería un monstruo”, y entonces entendí, tenía una conexión con alguien que era como yo, y se me hizo más fácil lidiar con esto.

MV: Está bien elegir un género, pero por otra parte está mal realizar cirugía estética a un menor de edad, a unx niñx, está mal construir un cuerpo de acuerdo a ese género, de acuerdo a lo que pensamos que deberían ser las características sexuales físicas de ese género.

KA: En realidad, no estoy enojada como antes, ya no. Aunque algunas veces me enojo, especialmente cuando estoy leyendo algo como documentos de investigaciones o algo por el estilo… y, bueno si me enojo, pero no siento el fuego de la ira en mi interior, simplemente no vale la pena sentir ese tipo de emociones, no me lleva a ningún lado.

“Es urgente poner fin a los tratamientos y cirugías, médicamente innecesarios, en individuos intersexuales, y que son realizados sin su consentimiento.” Nils Muiznieks, comisionado para los Derechos Humanos.

KA: Así que, ¿qué se necesita cambiar? Primero, se necesitan detener las cirugías médicamente innecesarias en niñxs, que simplemente son realizadas para “normalizar” sus características sexuales. No podemos seguir en este ‘círculo vicioso’ de: “vamos a mejorar las técnicas [quirúrgicas] y entonces funcionará”, la historia nos muestra que NO. Necesitamos incrementar, inmediatamente, el apoyo psicológico a padres y niñxs, y a jóvenes en particular. Las investigaciones nos están demostrando que un gran porcentaje de los padres, no están recibiendo el apoyo psicológico que necesitan, y las investigaciones también están demostrando que un gran porcentaje de los padres, ni siquiera entienden la biología de sus hijxs lo suficiente como para tomar decisiones informadas. Los padres necesitan aceptar a sus hijxs, no ocultarles secretos, no ocultarles cosas de sí mismxs, ya que esto los acabará lastimando. Sean abiertos con sus hijxs, amen a sus hijxs, acepten a sus hijxs por quienes son.