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Video: Intersexualidad y Derechos Humanos. Por Daniel J. García

Video: Intersexualidad y Derechos Humanos.

Por Daniel Jesús García López

Daniel Jesús García López, investigador del departamento de Filosofía del Derecho de la Universidad de Granada (UGR), desvela las prácticas médico-jurídicas que se realizan hoy en día sobre la población intersex, especialmente menores de edad, y sostiene que nos encontramos ante un crimen contra la humanidad. Una grave violación de los Derechos Humanos consentida por los sistemas jurídicos llamados democráticos. El 26 de octubre se celebra el Día Mundial de la Visibilidad Intersexual.

 

 

Documento: Derechos Humanos Y Personas Intersex – documento temático

Documento: Derechos Humanos Y Personas Intersex – documento temático

Documento temático publicado por Comisario para los Derechos Humanos del Consejo de Europa, Mr. Nils Muižnieks

Traducción al español: Mauro Cabral

Descarga PDF: https://oiieurope.org/wp-content/uploads/2017/03/derechos_humanos_y_personas_intersex_documento_tematico.pdf

Derechos humanos intersex documento tematico europa

CIDH – La situación de la comunidad intersexual de México. Por Laura Inter

La situación de la comunidad intersexual de México

Por Laura Inter

*Intervención completa de Laura Inter, persona intersexual mexicana, en la audiencia pública sobre la “Situación de Derechos humanos de las personas Intersex en las Américas” ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, 161 periodo de sesiones, 20 de marzo de 2017. [Ver video completo de la audiencia]

CIDH 161 2017

Mi nombre es Laura Inter, hablaré sobre la situación de las personas intersexuales en México. Primero, a manera de introducción, hablaré un poco sobre quien soy. Cuando tenía un año de edad fui diagnosticada con Hiperplasia Suprarrenal Congénita, recibí atención médica fuera de las instituciones públicas de salud y mi cuerpo no fue intervenido con cirugías. Dado las experiencias que viví, fundé el proyecto Brújula Intersexual para brindar apoyo a otras personas intersexuales como yo. A partir de este proyecto me he familiarizado con los problemas particulares de la experiencia de las personas intersexuales en México respecto a otras partes del mundo. A continuación enumeraré 5 de los principales problemas:

  • (1) Como en otras partes del mundo el protocolo médico a personas con variaciones intersexuales incluye la mutilación de genitales en los primeros años de vida. Éstas prácticas se justifican como cirugías necesarias ya que tienen el objetivo de ajustar las formas genitales a las nociones típicas del cuerpo humano y con ello evitar problemas en las relaciones sociales. Al ser México un país con grandes desigualdades económicas y sociales es frecuente que los médicos traten a las personas que acuden a los servicios de salud de acuerdo a su estatus social y económico. A los padres de niñxs intersexuales que tienen un estatus económico o social bajo, es común que no se les informe sobre la variación intersexual de su hijx o que la información sea parcial, o se les digan mentiras.

  • (2) El elevado índice de pobreza produce un sistema de salud deficiente al cual no todos pueden acceder. En muchas comunidades no existen hospitales, o solo existen clínicas rudimentarias, y muchas de las personas con rasgos intersexuales, no recibieron atención médica y conservan su integridad corporal. Pero esto no implica automáticamente una sensación de bienestar. Las variaciones corporales despiertan la crueldad social, el desagrado y la burla. Muchas personas intersexuales son sometidas a discriminación y violencia cuando en su entorno escolar, laboral, familiar y social se conoce su variación intersexual. Todo esto puede hacer que una persona que no ha sido intervenida —y que en otras circunstancias hubiera decidido conservar su cuerpo intacto con sus rasgos intersexuales— se sienta presionada por su familia o pareja a someterse a estos tratamientos, que son irreversibles y pueden acarrear secuelas a la salud, lo que con frecuencia hace que la persona se arrepienta, además de percatarse que el problema del estigma, la discriminación y la violencia social persiste. Creemos que esta violencia y discriminación surge de la ignorancia, y que la solución es educar las mentes de las personas que discriminan y no intervenir los cuerpos.

Desde 2013 he tenido conversaciones con muchas personas intersexuales de México y otras partes del mundo. Por eso sé que los cuerpos intactos, como el mío, pueden ser saludables en la gran mayoría de los casos. Muchas personas, tanto las que han sufrido cirugías como las que no, han llegado al proyecto de Brújula Intersexual y eso les ha permitido entrar en contacto con información que no patologiza sus cuerpos sino que los celebra. Así se dan cuenta que el problema no son sus cuerpos, sino ese ambiente de ignorancia y discriminación.

* Por ejemplo una mujer intersexual que no fue sometida a cirugía y conserva su cuerpo intacto, me  comentó:

“Ahora me gusta mi cuerpo, disfruto de él, soy consciente de los potenciales que tiene, y de que puedo hacer y disfrutar cosas con mi pareja que no serían posibles si fuera solo una mujer con un cuerpo típico. Nunca volvería a pensar en cambiar el cuerpo que tengo, ahora puedo decir que prefiero tener el cuerpo intersexual con el que nací, que haber nacido con un cuerpo considerado “normal”.”

  • (3) En todo el mundo hace falta médicos especialistas capacitados y sensibilizados que puedan ofrecer una atención digna y eficiente a las personas intersexuales. Es frecuente que cuando una persona acude a una consulta médica cuyo motivo no son sus características sexuales, la consulta gire en torno a las características que los especialistas sí creen que son el problema. Esto retrasa o deja de lado la atención médica de lo que motivó la consulta.

*Estos son algunos de los testimonios que encontramos al respecto, que se han compartido en las historias de vida recabadas y publicadas en Brújula Intersexual:

“… tengo la uretra y la vagina en un mismo conducto, llamado urogenital… fui al ginecólogo y me puso anestesia general, después me enteré que introdujo en mi un aparato que se usa solo para mujeres con una vagina típica. Me desgarró, sangré mucho, durante días me dolía mucho al caminar y sentarme, sentí que había sido violado.”

“[aunque fuera por otros motivos de salud, los doctores] terminaban preguntándome cosas inapropiadas debido a sus prejuicios por mi apariencia, cosas como ¿cuál es tu preferencia sexual?, ¿cuándo te vas a decidir? (Refiriéndose a mi género) ¿Por qué no tomas hormonas femeninas o vas con un endocrinólogo?”

  • (4) Actualmente en México, al igual que en otros lugares del mundo, en los centros médicos se ha adoptado la nueva nomenclatura de 2006: Trastornos del Desarrollo Sexual. Consideramos que este término es patologizante, y solo justifica que sigan realizándose estos procedimientos sin el consentimiento del individuo.

  • (5) Por último, encontramos que en México en el campo jurídico y en los medios de comunicación, cuando se llegan a mencionar a las personas intersexuales, suele hacerse desde la ignorancia, y sin una previa consulta a lo que tenemos que decir.

Es frecuente que cuando se realiza una mención se haga uso de la intersexualidad solo como una bandera política, y no para realmente ayudar a las personas intersexuales, a las que ni siquiera se toma en cuenta o se las escucha. Lo mismo ocurre cuando el tema es abordado por los medios. Los instrumentos e instituciones que trabajan para evitar la discriminación rara vez conocen las situaciones reales por las que atraviesan las personas intersexuales.

Aceptándome a mí misma como una mujer intersexual. Por Jackie Green (InterACT)

Aceptándome a mí misma como una mujer intersexual

Por Jackie Green (InterACT)

Traducción: Laura Inter del texto “Accepting Myself as an Intersex Woman” de Jackie Green

Fuente: http://interactadvocates.org/accepting-myself-as-an-intersex-woman/

jackie green

Mi nombre es Jackie Green y, hasta donde puedo recordar, mi mayor temor en la vida era que alguien descubriera que tengo cromosomas XY – un hecho acerca de mí que no puedes ver, sentir, o percibir de ninguna manera. Sin embargo, aún tengo miedo de lo que otros pudieran pensar si supieran.

Nací con Síndrome de Insensibilidad a los Andrógenos Completo. Al igual que muchos individuos con mi variación intersexual, me dijeron que lo mejor era mantener el “secreto”. Las personas no entenderían; podría ser juzgada, o algo peor, si se llegaran a enterar de mi diagnóstico. Más de un doctor, a través de los años, me dijo que nunca habían conocido a alguien como yo, y que era probable que yo tampoco conociera a alguien como yo.

Eso era algo totalmente alejado de la verdad. A medida que crecí, descubrí grupos en línea como el Grupo de Apoyo AIS-DSD, y por supuesto a InterACT. Mentiría si dijera que acepté que era intersexual de manera inmediata. De hecho, fue lo contrario.

Me sentía enojada con otras mujeres con mi variación: “¡¿Por qué dices que eres intersexual?!” pensaba, “¡¿No puedes simplemente decir que eres una mujer?!” Tenía miedo; tenía miedo de que la manera en que se definían me reflejara, y que reflejara quien era.

No fue hasta que conocí a Emily Quinn, quien también es una orgullosa mujer intersexual que trabaja en interACT, que entendí: esto no es problema de ellxs, es mío. Ella me explicó lo que significa intersexual. No significa que yo no sea una mujer, simplemente significa que nací con características sexuales que no coinciden con lo que la sociedad dice que hace a una mujer.

Empecé a pensar en mi vida, en toda la vergüenza que sentía de mi misma, todo el miedo que sentía de que alguien pudiera descubrir la verdad, y lo peor: todas las mentiras que dije acerca del porqué tuve que ser sometida a una cirugía a los 15 años, y porqué tomaba hormonas diariamente después de esa cirugía. Me di cuenta que hay otrxs niñxs que nacieron como yo, y que están asustadxs y piensan que necesitan mentir acerca de quiénes son – como si algo estuviera mal con ellxs. No hay nada malo con ellxs, y quiero que todas las personas que nacieron intersexuales sepan que: ¡no hay nada malo contigo!

¡Ahora estoy felizmente casada! Tengo una hija, mi hermana se embarazó por mí usando los óvulos de un donante y el esperma de mi esposo. Lo mejor de todo es que acepto quien soy y estoy orgullosa de ser diferente, y de ser parte del 2% de las personas intersexuales del mundo. Soy la actual Ms Michigan US Continental 2017, y estoy utilizando este título para promover que: “Soy una del 2%: Defiende a la juventud intersexual”.

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Las personas intersexuales han llamado a la acción. Es momento de escuchar. Por Simon Copland

Las personas intersexuales han llamado a la acción. Es momento de escuchar.

Por Simon Copland

Traducción: Laura Inter del artículo “Intersex people have called for action. It’s time to listen” de Simon Copland

Fuente: http://www.sbs.com.au/topics/sexuality/agenda/article/2017/03/20/intersex-people-have-called-action-its-time-listen

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Imagen de Bonnie Hart

La comunidad queer en general, tiene que tomarse seriamente el luchar con, y para, las personas intersexuales, escribió Simon Copland.

A principios de marzo, más de 20 activistas intersexuales de Australia y Aotearoa/Nueva Zelanda, se reunieron para un retiro pionero en Darlington, Sídney. La reunión, primera en su tipo, produjo una declaración sobre las metas en la política para las personas intersexuales en los dos países, una que tienen que escuchar tanto las personas queer, como lxs aliadxs.

La Declaración de Darlington, presenta demandas políticas de una gama de áreas clave, que incluyen: salud, clasificación por sexo, matrimonio, y legislación antidiscriminación.

Principalmente se centra en la continua práctica de las cirugías de normalización que enfrentan las personas intersexuales. La declaración contiene una demanda inequívoca para la “prohibición inmediata de las intervenciones que puedan ser pospuestas, y que estas sean consideradas un acto criminal, incluyendo las intervenciones quirúrgicas y hormonales, que alteren las características sexuales de bebés y niñxs sin el consentimiento de la persona”. Esta demanda sigue al ‘caso Carla’ de Australia el año pasado [español], en el que el Tribunal Familiar de Australia declaró que los padres podían autorizar la esterilización de una niña de 5 años de edad, a pesar de que la evidencia médica no apoya esta decisión.

El otro enfoque clave del documento, es la continua práctica del género oficial y la clasificación de sexo/género, lo que el documento argumenta que son “sostenidos por la violencia estructural”. Contrario a lo que establecen muchas políticas actuales, la Declaración de Darlington argumenta que “los intentos de clasificar a las personas intersexuales como un tercer sexo/género, no respetan nuestra diversidad o derecho a la autodeterminación”. En cambio, la Declaración propone una serie de medidas potencialmente radicales, con la meta final de que se elimine el sexo y género de los certificados de nacimiento y otros documentos de identificación. Mientras existan las actuales clasificaciones, la declaración sostiene que la asignación de sexo/género, debe ser considerada como ‘provisional’, pero que se dé la oportunidad a las personas de poder cambiar su clasificación “mediante un simple procedimiento administrativo”.

Más allá de estos dos importantes puntos, la Declaración de Darlington también discute una serie de otros asuntos clave, incluyendo protección legislativa contra la discriminación y las prácticas dañinas que tengan como base las características sexuales, y una disculpa oficial e indemnización de parte del gobierno estatal y federal por el tratamiento a personas que nacen con variaciones en las características sexuales.

La Declaración de Darlington, representa la primera plataforma política integral para las personas intersexuales en Australia y Aotearoa/Nueva Zelanda. Al hacerlo, es un documento esencial para una comunidad cuya continua discriminación y opresión, finalmente está empezando a recibir algún tipo de reconocimiento y acción internacional.

Sin embargo, para el resto de nosotros, la cuestión es si escucharemos. Mientras que las personas intersexuales hace mucho entraron al ‘acrónimo LGBTIQ’, las discusiones alrededor de las cuestiones intersexuales han permanecido en gran parte invisibilizadas, con niñxs pequeñxs que continúan enfrentando intervenciones médicas intrusivas e innecesarias. De manera simultánea, los debates sobre las clasificaciones sexuales y de género, a menudo han ignorado las voces de las personas intersexuales, particularmente en lo que respecta a los desafíos detrás de legislaciones que prevén clasificaciones de un tercer género en los certificados de nacimiento y otros documentos oficiales.

Esta realidad ha sido observada en la propia Declaración de Darlington. El documento dice:

“La intersexualidad es distinta de otras situaciones. Pedimos a los aliados que activamente reconozcan nuestras distinciones, y la diversidad dentro de nuestras comunidades, que apoyen nuestras demandas de derechos humanos y respeten el movimiento intersexual de derechos humanos, sin tokenismo, ni instrumentalización, o utilizando los asuntos intersexuales como medio para otros fines. “Nada sobre nosotrxs sin nosotrxs”.”

Este es el reto al que finalmente nos enfrentamos ahora como comunidad queer en general. La Declaración de Darlington no solo es una plataforma de políticas, sino también un llamado si es que queremos incluir a las personas intersexuales en una política queer más general, debemos ser serios acerca de luchar con, y para, las personas intersexuales.

Mi cuerpo intersexual, mis pechos y yo. Por Arisleyda Dilone

Mi cuerpo intersexual, mis pechos y yo

Por Arisleyda Dilone

Traducción: Laura Inder del texto “Growing Up Intersex, All I Wanted Were Breasts — But I Don’t Know If I Want Them Anymore” de Arisleyda Dilone

Fuente: https://www.buzzfeed.com/arisleydadilone/my-intersex-body-my-breasts-and-me

arisleyda intersex

Anna Salmi para BuzzFeed News

Al crecer siendo intersexual, todo lo que quería era tener pechos – Pero ahora, no se si los sigo queriendo

Al crecer, estaba obsesionada con los pechos que nunca desarrollé. Después de ponerme implantes hace más de una década, ahora estoy decidiendo si me los quito o no – y estoy explorando mi relación con el género, con mi cuerpo, y con la mujer en mi ultra femenina familia dominicana.

Cuando era una pequeña niña, una de mis hermanas mayores comenzó con su periodo menstrual. Nana tenía 11 años, alrededor de un año mayor que yo. Cuando Nana y nuestra otra hermana, Rosa, se encerraban en el baño, yo golpeaba la puerta demandando saber lo que estaba sucediendo. Rosa abría la puerta y orgullosamente anunciaba: “Ahora Nana es una mujer”. Me enseñó la ropa interior y el baño olía algo mal. Pensé que toda esa situación era repugnante y me alejé sacudiendo mi cabeza, y diciéndome a mí misma: Eso definitivamente no me sucederá a mí. Y nunca me sucedió.

***

No fue hasta el primer año de la secundaria, que se hizo claro que los indicadores biológicos del desarrollo femenino, me habían eludido por completo. Ninguna de mis compañeras parecía darse cuenta, o importarle, si tenía pechos o no. Para ellas, era una persona extrovertida, bobalicona, franca, y que amaba el basketball. Pero para mi familia, era una solitaria, una “Marimacha” con un fuerte amor por Los Simpson y por los deportes.

Cuando era adolescente, mi rol de género tenía muy poco que ver con mi cuerpo intersexual – estaba más ligado a mi situación general, así como a mi relación con mi familia y sus expectativas sobre de mí. Algunas veces (aunque casi nunca), felizmente usaba un vestido con volantes, zapatos brillantes y alaciaba mi cabello. La feminidad y sus adornos, siempre fueron simplemente una opción para mí, algo que hacía solo cuando quería. En general, a su manera, mi familia aceptaba mi individualidad – todo mundo en mi familia es un personaje por su propio derecho. Pero un rasgo en particular era el pináculo de la feminidad y, por tanto, no era negociable: los pechos.

Creciendo en Long Island, estábamos mis dos hermanas mayores, una hermana menor, y dos hermanos menores. Soy la tercera de seis hijos. Nuestra madre trabajaba muchas horas y nuestro padre entraba y salía de nuestras vidas. Vivir de un día de pago a otro, significa que a menos que fuera una emergencia, mi madre no tenía tiempo libre para ir a visitas médicas. En mi primer año de secundaria, mi hermana mayor, Rosa, se había unido a la marina, y estaba viviendo en Japón. Ella era como una segunda madre para mis otros cuatro hermanos y para mí – y fue la que me compró mis primeros pechos falsos.

Un día Rosa llamó desde la base y tuvimos una conversación acerca de mi cuerpo. Tenía 17 años de edad y aún no desarrollaba pechos, ni había comenzado mi ciclo menstrual. Rosa pidió hablar con mamá: “Mami, usted tiene que llevar a Aris al doctor. Esto no está bien”, le dijo severamente. Un par de meses después, mi mamá y yo fuimos al ginecólogo. El doctor concluyó que mi retraso en la pubertad, pudiera ser hereditario – después de todo, mi madre no tuvo su periodo menstrual hasta que tenía 18 años. Nos aconsejó esperar otro año.

La menstruación de mi madre fue un gran punto de cambio en su vida. Mis padres y yo, somos de un pequeño pueblo en República Dominicana: electricidad esporádica, colinas verdes, valles secos, caminos de terracería, y una población de un par de cientos de personas. Mamá y papá se conocieron cuando eran adolescentes, mientras recogían agua de un pozo. A pesar de que querían huir tan pronto como fuera posible (es decir, casarse), esperaron hasta que mi madre se convirtió en mujer (es decir, comenzó con su ciclo menstrual). Justo después de que mi madre cumplió 18 años, comenzó su periodo menstrual, y aunque aún existían algunas objeciones de los miembros de la familia, ella y papá finalmente se fugaron.

Aunque la menstruación es claramente esencial para la procreación, los pechos grandes no lo son – y aun así representan un ideal femenino en mi familia. Al crecer, parecía que de lo único que podían hablar todas las mujeres de mi familia, era del tamaño de sus pechos. Su obsesión, hizo que quisiera tener pechos, de la misma manera que otrxs chicxs pudieran desear el carro o el bolso más grande.

Pero rápidamente, se hizo evidente para mí que esa obsesión con los pechos, iba más allá de mi familia dominicana-americana. Recuerdo haber visto la serie de televisión “Casado con hijos” y aprender sobre todos los diferentes eufemismos americanos para los pechos: tetas, bolsas para la diversión, bazucas, teclas, torpedos, guzongas… Parecía ser universal: Todos estamos obsesionados con los pechos, pensé para mí. Así que consideré que mi obsesión era completamente normal.

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Rosa con Ivan, y Arisleyda (derecha). Cortesía de Arisleyda Dilone.

Después de esperar otro año para ver si comenzaba con la menstruación, no sucedió nada, así que tuve una visita de seguimiento con una ginecóloga. Esta vez la doctora dijo que algo estaba mal con mis ovarios. Recomendó un endocrinólogo en la Universidad Stony Brook.

Cuando era niña, las citas con el doctor, significaban un tiempo a solas con mi madre. En ese momento en particular, ella era la única responsable del cuidado de seis niños, trabajaba 16 horas al día, tenía una hipoteca que pagar y apenas lograba hacerlo. Así que durante estas citas, yo estaba feliz de disfrutar de la atención de mi madre.

Mi madre, una persona muy orgullosa, siempre había sido buena escondiendo ciertas cosas de todo el mundo. Sentadas en el asiento trasero, mirando por la ventana, nuestros estados de ánimo no podrían ser más diferentes. Podía sentir como mi madre suprimía su preocupación y miedo más que de costumbre, mientras yo me sentía emocionada. Parecía como si algo grande estuviera sucediendo, más grande que la existencia mundana del día a día en la escuela secundaria.

Aunque nada había sido confirmado ese día, el simplemente pensar en más visitas al doctor, más atención, más descubrimientos, era la confirmación suficiente de que yo era diferente. Era diferente de mis tres hermanas. Era diferente de todas las mujeres en mi familia. Era especial.

En el año 2000, comencé a ver a un endocrinólogo en Long Island. Después de un par de visitas, un análisis cromosómico reveló que había nacido con cromosomas masculinos: el diagnóstico exacto fue 46,XY con disgenesia gonadal. Después de muchas más visitas, se hizo claro que los doctores no sabían lo que sucedía dentro de mí. Prueba tras prueba, el funcionamiento interno de mi cuerpo los eludía. Cuando el endocrinólogo me preguntó si quería que me pusieran en un tratamiento de hormonas femeninas, que estimularía la menstruación así como el crecimiento de los pechos, dije que sí – vamos a seguir con esto. Estaba ansiosa por finalmente convertirme en una “mujer” y terminar con todo esto.

***

Durante el primer año de secundaria, después de comenzar a tomar hormonas, constantemente iba al baño a ver si estaba sangrando. Pero más que nada, quería mis pechos. Sentía dolor alrededor de mis pezones, pero mis pechos no crecían.

Después de un año con estrógenos y progesterona, mi cuerpo no respondía como se esperaba. Aparte de algunos cambios menores, como la producción de más fluidos vaginales, mi cuerpo era el mismo. Sin menstruación, sin pechos.

Aunque mi cuerpo no había cambiado drásticamente, mi estado emocional si lo había hecho. Por primera vez, experimenté una tristeza profunda y confusa. Pero claramente, había varios factores que contribuían a esto, no solo la terapia de reemplazo hormonal: Era el último año de la escuela secundaria; había recibido casi solo cartas de rechazo de las universidades; mi carrera en el basketball, a la que había dedicado toda mi juventud, estaba terminada; y estaba preocupada de no tener como pagar por la universidad. Al atravesar todo esto, me sentía muy sola. Mi cuerpo me retrasaba – era un asunto médico fuera de mi control. Mi cuerpo pertenecía a los expertos, y con la medicina adecuada, todo se resolvería después. Denme una pastilla y sigamos adelante. Mi preocupación era conseguir una educación superior.

Una vez que fui admitida en la universidad, hice todo lo que fue necesario para quedarme ahí. Pedí préstamos estudiantiles y trabajé en la escuela. Entonces, durante el segundo semestre del primer año, conocí a Tommy.

Tommy y yo estuvimos juntos durante los cuatro años de la universidad; nuestra relación rápidamente se hizo seria. De hecho, se hizo tan seria, que durante mi segundo año él me ayudó a pedir un préstamo estudiantil. Su límite de crédito era mejor que el mío.

Le dije a Tommy que no podía tener hijos y que nunca había menstruado. Después de todo, estábamos en la universidad, y no estábamos planeando casarnos pronto. En ese entonces, siempre había hablado abiertamente acerca de mi cuerpo con la mayoría de las personas, porque eso no me quitaba mi capacidad de ser deseada por los demás.

Tommy estaba estudiando psicología, así que pasábamos largas horas en su dormitorio, hablando de mi cuerpo y mi configuración cromosómica, y del hecho de que nunca había tenido un periodo menstrual. En una de nuestras muchas conversaciones, Tommy fue la primera persona que me dijo en voz alta: “Eres hermafrodita”. Mi respuesta inmediata fue un vacilante y combativo “no… pero ¿quizá?”

También teníamos largas pláticas acerca de donde residía mi feminidad. Él pensaba que mi cara era muy femenina, la manera en la que me movía, mis gestos, mis manos, mis muslos… ninguna de nuestras conversaciones parecía ser en torno al tamaño de mis pechos. Esto era reconfortante. Sin embargo, por muchos meses durante nuestra relación, oculté el hecho de que no los había desarrollado.

En la universidad, exploré mi identidad femenina lejos de los estrictos constructos de mi familia y sus imposiciones. Iría a los extremos: vestirme en colores y estilos hiperfemeninos. Pelo lacio con ropa color rosa. En algún momento tuve un par de botines rosados. Sin embargo, desnuda y sola, todavía anhelaba los pechos que me faltaban.

Tanto Tommy como yo éramos vírgenes, así que el sexo no era fácil para ninguno de nosotros, y fue algo que no sucedió por un tiempo. Varios meses después, dentro de nuestra relación, aún no era capaz de quitarme mi camiseta, ni de dejarlo tocar mi pecho. Incluso aunque él sabía que mi cuerpo era intersexual, tenía la impresión de que había desarrollado pechos. Aún no le había dicho lo contrario. Una noche, me preguntó el porqué de mi resistencia y me negué a decirle. Nos quedamos despiertos hasta las 5 de la mañana, discutiendo acerca de la confianza, poder, mecanismos de defensa y sobre mi cuerpo. Comenzó un juego de adivinanzas: ¿Estuviste en un incendio y tienes horribles cicatrices? ¿Será que uno es más pequeño que el otro? ¿Tuviste cáncer de mama?

Finalmente, me quebranté y escribí en un pezado de papel: “Nunca me crecieron los pechos”. Doblé el papel y se lo entregué, luego le di la espalda y comencé a llorar. Unos segundos después, todo esto me parecía tan tonto. El siguiente fin de semana me quité la camiseta por primera vez. Y el sexo parecía mucho más fácil. Después de un par de meses, él me dijo que mi cuerpo estaba afectando su propia claridad acerca de su sexualidad.

Me animó a ponerme implantes de pechos.

***

En el primer año de universidad, el endocrinólogo también sugirió que me pusiera implantes, debido a que no creía que las hormonas me pudieran ayudar a que me crecieran pechos. Me sentía en conflicto. Lo que realmente quería eran unos pechos naturales, producidos por mi propio cuerpo. Después de todo, ¿No serían los implantes tan falsos como los rellenos de sostén que había usado durante los últimos cuatro años? Quería ser libre. No tener que usar nada. (Algunas veces, cuando era niña, caminaba sin camiseta. Pensaba que si no tenía pechos, ¿Cuál era el problema? Bueno, eso no le parecía adecuado a muchas personas en mi familia).

¿Me sentiría cómoda con los implantes cuando estuviera sin sostén? ¿Podría ser esta otra forma de no sentirme como yo misma?

Después de algunas discusiones, decidí continuar con el procedimiento. El seguro de mi madre cubrió todos los costos. Elegí una cirujana plástica de mi ciudad natal. Tenía excelentes críticas, y su oficina siempre estaba llena de mujeres de clase media alta, quienes iban por todo tipo de tratamientos. La cirujana me recomendó usar silicona. “Se verán más naturales, y serán más agradables al tacto”, me dijo. “Tendrán una hermosa forma de gota”.

No quería que fueran demasiado grandes, simplemente que se ajustaran a mi cuerpo, algo como una copa B mediana, aunque consideré la copa C, debido a que parecía ser un tamaño codiciado entre mis hermanas y tías. “¿Estás segura de que no los quieres un poco más grandes?”, me dirían tratando de persuadirme de elegirlos un poco más grandes.

La cirugía tuvo lugar en mayo de 2004. Cuando desperté de la operación, mi pecho estaba hinchado y dolorido, pero mi emoción eclipsó cualquier dolor. Me alegré muchísimo de finalmente tener lo que había deseado durante tanto tiempo, incluso si no eran naturales. Cumplí 21 años ese verano, el cual pasé con Tommy visitando a mi familia en República Dominicana. Estaba entusiasmada. Me gustaba mostrar mi nuevo cuerpo, entrar en un nuevo nivel de exhibicionismo social.

Pero al mismo tiempo, aunque amaba mis nuevos pechos, rápidamente me di cuenta de que no me interesaba la atención que estaba recibiendo. Esas vacaciones no fueron tan agradables como pensé que iban a ser. Claramente, como una marimacho, mi relación con la cultura de género dominicana, había estado llena de conflictos. Antes de mi cirugía, los hombres y yo teníamos un pacto de dejarnos ser unos a otros. Pero ese verano, sentí que estaba siguiendo la corriente a las expectativas de género. Me vestí mostrando mis pechos, disfruté el escote: Hola, hola, este es mi escote, encantada de conocerte.

Obviamente, mi novio y yo peleamos durante todo el viaje. Todo lo que me importaba, era el hecho de que mi cuerpo finalmente se veía de la manera que mi familia lo había imaginado para mí – extrañamente, también era de la manera que yo lo había imaginado. Pero después de que bajó la hinchazón, también lo hizo mi ego.

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En República Dominicana después de la cirugía. Cortesía de Arisleyda Dilone.

Ya han pasado 13 años, y ocasionalmente mis implantes me causan dolor. Uno es más pequeño que el otro, y antes no era así. Tengo miedo de que la silicona esté goteando en mi cuerpo. Ahora estoy considerando si debería quitarlos o no.

Soy la primera en mi familia en someterse a un aumento de pechos, y parece que establecí una tendencia. Desde la mía, muchas mujeres en mi familia se han sometido a este tipo de cirugía. Nadie más en mi familia es intersexual. Pude haberles dado, a las mujeres de mi familia, el permiso tácito de convertirse en versiones idealizadas de la alta feminidad de las mujeres. Esta decisión es acerca de lo que me hace sentir más cómoda respecto a mi cuerpo, pero si me quito mis implantes, me pregunto si a la próxima generación de niñas en mi familia, le estaré dando un ejemplo de que los pechos no definen nuestra feminidad.

Me siento en conflicto, acerca de si me los quito completamente. He llegado a amar mis implantes. Ahora son una parte de mí. Miro hacia abajo, veo mis pechos y me gustan – pero aún así, son un objeto extraño de silicona. Cuando era más joven, solía tener sueños vívidos en los que tenía grandes pechos, luego despertaba y recordaba que no tenía nada. Me pregunto si ahora pasaré por esto a la inversa. ¿Será que experimentaré tener pechos fantasmas? He estado atrapada en esta discusión por años –  y aún me siento indecisa.

En 2015, terminé un pequeño documental: “Mami y Yo y Mi Gallito”, que gira en torno a la primera conversación que tuve con mi mamá acerca de mi cuerpo. Me tomó cinco años hacer que mi madre se sentara y me diera una entrevista. A través de la película, se hace muy claro que a ella no le preocupa la cámara, sin embargo, es un personaje muy femenino. Cuando abordo el tema de mis implantes, su reacción personifica su relación con mi cuerpo. Para ella, estos implantes me complementan, me ayudan a encajar y en mi camino al éxito económico.

Mi madre sigue siendo una fuerza en mi vida. Cada vez que la confronto, de muchas maneras vuelve a surgir mi lucha interna: ¿Para quién son estos implantes? ¿Estoy dispuesta a mantener en mi cuerpo algo que me puede causar daño?

También grabé conversaciones con mis hermanas, mis tías, y otros miembros de mi familia. A través de la documentación de estos diálogos, he llegado a disfrutar los diferentes niveles de hiperfeminidad que las mujeres en mi familia exudan con sus tacones altos, grandes pechos, y curvas. Y he llegado a abrazar su decisión de someterse a cirugía plástica – la autonomía corporal, también incluye el derecho a cambiar sus cuerpos en cualquier forma que quieran hacerlo.

Sin embargo, me gusta pensar que empujo los límites de la comunicación dentro de mi familia, en lo que respecta a nuestros cuerpos y las expectativas de otros. Todas estas conversaciones han ayudado. Aún me siento indecisa sobre mis implantes de pechos, pero a través de la realización de mi película, tengo un mejor entendimiento de la motivación de mi familia en relación a mi identidad.

Mi relación con mi madre, también ha cambiado desde que hice este cortometraje. Después del estreno, al que ella y todos en mi familia asistieron, ella se me acercó y me abrazó. “La próxima vez que vengas con tu cámara, no pienses que voy a ser la misma persona que fui en esa película – ya no”, dijo. “A partir de ahora, voy a ser mucho más abierta. Podemos hablar de lo que quieras”.

Historia de “Ale”, persona intersexual (HSC) de Chile [CIDH]

Historia de “Ale”, persona intersexual de Chile [CIDH]

*Intervención completa de “Ale”, persona intersexual de Chile, en la audiencia pública sobre la “Situación de Derechos humanos de las personas Intersex en las Américas” ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, 161 periodo de sesiones, 20 de marzo de 2017. [Ver video completo de la audiencia]

CIDH 161 2017

Buenos días Señoras y Señores de la Comisión,

En primer lugar, quisiera agradecer por convocar esta audiencia y por darme la oportunidad de participar en ella.

Mi nombre es Ale y soy un hombre intersex chileno. Esta es la primera vez que una persona intersex  de Chile  entrega su testimonio personalmente ante un organismo tan importante como éste.

En la actualidad tengo 39  años, sin embargo descubrí quien era a los 35. Toda mi vida viví forzado en una identidad que no me correspondía, pues los médicos le ordenaron a mi madre que  me ocultara la verdad para no poner en riesgo los tratamientos a los que fui sometido durante toda mi vida, por lo que nunca tuve acceso a mi ficha médica.

Cuando nací, los médicos determinaron que mis genitales debían ser modificados porque no encajaban con lo que la medicina define como normal para un hombre o mujer. A los 2 meses de vida los médicos decidieron  remover mi falo por considerarlo muy pequeño, lo que dió inicio a un largo proceso de feminización forzada, que puedo resumir con 2 palabras: violación  y tortura.

A los 9 años me realizaron una segunda cirugía, que consistió en crear una neovagina cuyo único propósito era crear un conducto que pudiera ser penetrado. Y para asegurar que dicho conducto no se cerrara se recurrió a la constante introducción de dilatadores. Cuando no estaba en el hospital, era mi madre quién tenía la obligación de llevar a cabo esta denominada terapia, con las consecuencias sobre la relación madre-hijo que ustedes pueden imaginar.

No tengo palabras describir la humillación que tenía que vivir día tras día, me sentía vejado, violado, triste y lleno de dolor. Mi madre era la principal testigo de estos sentimientos.

A los 11 años tuvo lugar la última y más dolorosa intervención, que consistió en reconstruir  un conducto para orinar, no porque yo no tuviera uno, sino porque los médicos querían estar seguros de que la niña que estaban creando orinara sentada. Esta intervención terminó de destrozar mi vida, es imposible describir los dolores que sufrí y lo más terrible es que ninguna de las intervenciones anteriores era necesaria para proteger mi salud o mi vida; solo se trataba de cirugías cosméticas para hacer que mi cuerpo y futuros comportamientos encajaran con los estándares médicos que definen la normalidad. Numerosos esfuerzos para borrar toda huella de mi diversidad corporal.

Esta seguidilla de tratamientos me hizo esclavo de largas temporadas hospitalizado debido a constantes descompensaciones, infecciones y hemorragias. Esto, a su vez, me privó del derecho a la educación y a desarrollarme como persona.

Sin lugar a dudas esta situación no me afecto solo a mí, sino también a mi familia y especialmente a mi madre, quien hasta el día de hoy no logra sobreponerse a sentimientos de culpabilidad y depresión por no haber tenido las herramientas para protegerme.

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Las personas intersex en Chile viven en una invisibilidad absoluta y no existe ningún instrumento legal que les reconozca y que proteja su diversidad corporal o características sexuales. El Ministerio de Salud no posee cifras oficiales y/o públicas respecto del número de nacimientos intersex en Chile, ni tampoco un protocolo nacional vigente que garantice la protección de la integridad corporal de niños y niñas intersex, siendo especialmente preocupante la situación de los recién nacidos pues aún persiste la idea de urgencia en torno a estos casos, la que no siempre dice relación con motivos de salud sino más bien con razones psicosociales como el temor de los padres o la discriminación social. No se cuenta con un registro histórico que permita saber cuántas personas han sido víctimas de intervenciones médicamente innecesarias y sin un consentimiento efectivamente informado, ni cuál ha sido su evolución en el tiempo. Si bien, la Circular 18 es un buen punto de partida con el propósito de visibilizar esta realidad y resguardar a estas personas, no existe un plan de capacitación en derechos humanos en los servicios de salud del país que permita a los profesionales de esta área comprender los alcances de este instrumento y su gran importancia.

A fines de 2015 el Ministerio de Salud constituyó una mesa con el propósito de crear un protocolo que asegurase el respeto a los derechos humanos de las personas intersex, especialmente niños, niñas y adolescentes. Dicha mesa está compuesta casi exclusivamente por médicos, uno de los cuales es el Doctor Francisco Ossandón, quién me torturó y mutiló cuando era pequeño y que sigue trabajando con total impunidad. Sólo hay un miembro que viene de los derechos humanos, el Señor Camilo Godoy –consultor en DDHH e intesexualidad-, quién voluntariamente desde 2014 ha puesto a disposición de dicho Ministerio numerosos informes para facilitar su trabajo y –a petición de la propia Ministra de Salud- ha hecho reiteradas capacitaciones a funcionarios de ese Ministerio, sin embargo, su voz no ha sido tomada en cuenta. En este tema, el Ministerio de Salud de Chile está totalmente controlado por la comunidad médica y no por el Gobierno de Chile.

Es por estos motivos que quisiéramos solicitar a la CIDH, que inste al Estado de Chile a adoptar medidas urgentes para asegurar el cumplimiento de la Circular 18.

Es imperioso que la recientemente creada Subsecretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos tome las riendas de este tema, incluya a las personas intersex en el Plan Nacional de Derechos Humanos que está en elaboración y que paralelamente se incluya la situación de las personas intersex en sus planes de capacitación, con especial énfasis en los sectores de salud, justicia y educación.

Todas nuestras esperanzas están depositadas en la Subsecretaría de Derechos Humanos pues parece ser el único organismo de Gobierno donde pudiera haber la voluntad política para promover y proteger los derechos humanos de las personas intersex en Chile.

Señoras y señores de la Comisión,

La CIDH tiene a su disposición un completo artículo sobre la situación de las personas intersex en Chile, publicado en el Informe Anual de Derechos Humanos del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales, a fines de 2016.

En las próximas semanas pondremos también a disposición de la Comisión, una actualización de dicho artículo, con la exposición de más historias de personas intersex, y una completa investigación sobre la temática intersex en Chile y el mundo.

Muchas gracias.