Es importante entender como es crecer siendo intersexual. Aquí está la razón. Por Ariel Min (con la participación de Claudia Astorino)

Es importante entender como es crecer siendo intersexual. Aquí está la razón.

Por Ariel Min (con la participación de Claudia Astorino)

Traducción: Laura Inter, del artículo “It’s important to understand what growing up intersex is like. Here’s why” de Ariel Min

Fuente: http://circa.com/lifestyle/its-important-to-understand-what-intersex-is-heres-why

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Claudia Astorino solo tenía 8 años cuando un doctor le dijo que había nacido sin un útero, lo que significaba que nunca tendría periodos menstruales ni podría quedar embarazada. También descubrió que había nacido con testículos que fueron extirpados cuando tenía 1 año de edad, y que su cuerpo era, como le dijeron los doctores, anormal.

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Cuando era adolescente, descubrió la palabra “intersexual”, un término usado para describir a alguien como ella, que tenía cromosomas XY, o a alguien que nace con características físicas u hormonales que no encajan en la definición típica de hombre o mujer.

Procedimientos ‘normalizadores’

Desde el día que Claudia vio por primera vez a un endocrinólogo a la edad de 8 años, tuvo que hacer visitas anuales a doctores a lo largo de su adolescencia. No fue debido a que estuviera enferma – fue para recibir tratamientos “normalizadores”, tales como introducir dilatadores en la vagina, para que esta pudiera dar cabida a un pene, asumiendo que la persona es heterosexual.

“Esencialmente, ellos introducen dildos o consoladores médicos dentro de ti durante cada visita, para revisar la longitud de la vagina, y te alientan a usar dildos o consoladores de plástico mientras estés en casa,” dijo Claudia. “Yo firmemente me negué a usarlos.”

De acuerdo con Claudia, este no es el único procedimiento que muchxs niñxs intersexuales atraviesan sin dar su consentimiento.

“Estos procedimientos tienen que terminar.”

  • Claudia Astorino

“Muchos adultos intersex expuestos a tales intervenciones quirúrgicas cuando eran niños hacen hincapié en la vergüenza y el estigma vinculados a los intentos de borrar sus rasgos intersex, así como en el importante sufrimiento físico y mental,” de acuerdo a la Ficha de Datos de la ONU. https://unfe.org/system/unfe-72-Intersex_Factsheet_SPANISH.pdf

‘Género de crianza óptimo’

Las ideas modernas sobre la medicalización de las personas intersexuales, en su mayoría provienen de un experimento iniciado por el Dr. John Money en la década de 1950, quien era psicólogo en el hospital Johns Hopkins, y abogaba por los procedimientos quirúrgicos en bebés para asignar un género.

El equipo del Dr. Money, eventualmente desarrollo un modelo llamado “género de crianza óptimo,” https://www.einstein.yu.edu/uploadedFiles/Pulications/EJBM/[MS1166]%20Online%20First%20(14.03.10).pdf  que sostiene que lxs niñxs son de género neutro hasta que tienen alrededor de 2 años, y que su identidad y rol de género son moldeados por señales sociales y del ambiente.

Historia de David Reimer

A pesar de que el Dr. Money afirmaba que había reasignado exitosamente a un pequeño niño como niña, después de que el pene del niño fuera destruido en una circuncisión fallida, más tarde, los informes encontraron que el niño era extremadamente infeliz y había comenzado a identificarse como hombre cuando era un adolescente.

En 2004, David Reimer se suicidó.

Derechos para las personas intersexuales

En 2015, Malta se convirtió en el primer país en prohibir tales cirugías en menores de edad intersexuales, sin su consentimiento informado.  Australia ha adoptado una ley para prohibir la discriminación de las personas intersexuales.

Ahora, como activista y blogger, Claudia Astorino está conectada con las comunidades intersexuales, y ayuda a tratar de cambiar la manera en que lxs niñxs intersexuales han sido tratados en los Estados Unidos.

Consejos para los padres de niñxs intersexuales

“La manera en la que puedes apoyar a tu hijx intersexual, honestamente, es simplemente amándole,” dijo Claudia. “Lee acerca de esto, realiza tu propia investigación, porte en contacto con las comunidades intersexuales.”

“Más importante, deja que tu hijx tome la iniciativa en cuanto a si quiere o no hablar sobre cuestiones intersexuales.”

Permaneciendo en las intersecciones: Navegando en la vida como un hombre intersexual negro. Por Sean Saifa Wall

Permaneciendo en las intersecciones: Navegando en la vida como un hombre intersexual negro

Por Sean Saifa Wall

Traducción: Laura Inter del texto “Standing at the Intersections: Navigating Life as a Black Intersex Man” de Sean Saifa Wall

Historia contenida en “VOICES Personal Stories from the Pages of the NIB: Normalizing Intersex” páginas: 32 a 34.

Fuente: http://www.nibjournal.org/news/documents/Voices_2016_OA_FINAL-withOLOS_version_000.pdf

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Mientras me siento para escribir este relato, mi mente está reflexionando sobre el año pasado. Este año ha visto numerosas protestas contra la violencia ejercida por el estado, que declaran que “las vidas de las personas negras importan” (“Black Lives Matter”). Como un hombre intersexual negro, he sido testigo del impacto de la violencia ejercida por el estado en mi familia y en mi comunidad, tanto de parte de la policía estatal como de la comunidad médica. Acuso a la policía estatal y a la comunidad médica de la violencia ejercida por el estado: Cada una tiene como objetivo a los cuerpos no normativos – primero a través de la encarcelación y ejecución, y después por medio de la intervención quirúrgica y hormonal. Como hombre intersexual negro, permanezco en la intersección, dando testimonio de cómo esta violencia ha encarcelado a mis amigxs y seres queridos, así como a ser sometido a intervenciones quirúrgicas médicamente innecesarias. Aunque ahí es donde ahora permanezco, tanto social como políticamente, no siempre he existido aquí.

Nací en el invierno de 1978 en el Hospital Presbiteriano de Columbia en la Ciudad de Nueva York. Fui el más joven de cinco niñxs, y uno de tres niñxs en mi familia que nacieron con un rasgo intersexual, ahora conocido como síndrome de insensibilidad a los andrógenos (SIA). En ese entonces, al SIA se le conocía como “síndrome de feminización testicular.” Años después, al recibir mis informes médicos a la edad de 25 años, me di cuenta que los garabatos y la avalancha de notas indicaban el proceso por el cual los doctores asignaron mi género como femenino. Aunque tenía genitales ambiguos, que causaron confusión inicial entre los doctores, los cromosomas XY no fueron suficientes para que fuera criado como varón. A mi madre se le dijo que debería ser criado como niña y, de acuerdo con los informes médicos, “funcionar como una.”

A diferencia de mis hermanas, que también nacieron con SIA, mi mamá no se dejó influenciar por las recomendaciones quirúrgicas que hicieron los doctores en relación a mi cuerpo. Como una cuestión de protocolo, las gónadas de mis hermanas fueron extirpadas en la infancia, sin embargo, mi mamá tomo la decisión de que mis testículos permanecieran conmigo hasta que tuvieran que ser extirpados.

Debido a un intenso dolor en el área de la ingle, mis testículos fueron extirpados cuando tenía trece años de edad. El dolor que sentía después de la cirugía, quizá fue el peor dolor que haya experimentado en toda mi vida. Después de la cirugía, mi pediatra prescribió estrógeno y Provera como un régimen de reemplazo hormonal. Los depósitos de grasa cambiaron la forma y los contornos de mi cara. Los muslos que una vez fueron robustos y cincelados, ahora albergaban celulitis. Lo que parecían los inicios de vello facial y visible vello corporal, se hicieron finos y no inexistentes. Lo que era duro y definido se convirtió en suave.

En ningún punto se me preguntó lo que yo quería hacer con mi cuerpo.

De hecho, extrañaba los efectos de mi testosterona natural, tales como una voz más grave, aumento del vello y de la masa corporal; cuando pregunté si podía tomar tanto testosterona como estrógenos después de la cirugía, mi madre comentó: “Tendrías una apariencia demasiado extraña.”

La terapia hormonal fue acompañada por un intenso condicionamiento social. Siento como si el condicionamiento social para mujeres jóvenes criadas con SIA es sofocante. Cuando los doctores prescribieron hormonas para que yo las tomara, mi madre constantemente me recordaba lo “hermosa” que me harían esas pequeñas píldoras amarillas. Como una forma de consuelo, mi pediatra le dijo a mi mamá que “muchas modelos famosas” tenían SIA y que ciertamente sería hermosa. En nuestra cultura dominante en los EUA, las normas de género pueden ser opresivas, pero para las mujeres con SIA; existe el impacto de las normas de género, y el miedo subyacente de que las mujeres con SIA no son realmente mujeres, debido a que tienen cromosomas XY. Yo no sucumbí a la presión de ser más femenina, sino que de hecho gravité más hacia la masculinidad. Antes de transicionar a vivir como hombre, me consideraba a mí mismo como una mujer butch. Cuando salí del closet a los catorce años de edad, y me presenté como una joven mujer masculina, nunca me sentí segura. Debido a que salía con mujeres que eran más femeninas que yo, mi relación con esas mujeres parecía amenazante a los hombres, quienes constantemente me recordaban mediante acoso y amenazas que “yo no era un hombre.” Por supuesto que en ese entonces no estaba tratando de ser un hombre, pero esto a menudo era un desagradable recordatorio de como nosotros como sociedad, confundimos género y sexualidad.

Crecí como un visible niño queer. Sin embargo, no siempre me sentí diferente de mis compañeros. Lo que me hizo sentir diferente fueron las exploraciones y los exámenes genitales invasivos, que los doctores realizaban en mi cuerpo. Debido al estigma relacionado a tener tres hijxs intersexuales, mi madre siempre estaba atenta de los doctores, y se aseguraba de estar presente durante cualquier tipo de examen médico, pero todavía me sentía diferente. A medida que fui creciendo, el intenso escrutinio alrededor de mis genitales, a menudo me hizo sentir objetivado e incómodo. Puede ser que lo que me hizo sentir más incómodo, fue el hecho de que nunca se me dijo completamente lo que estaba sucediendo durante esos exámenes, y que nadie nunca me explicó porque estaban tan interesados en mi cuerpo. Recuerdo claramente un incidente en la universidad, cuando fui al doctor por un examen ginecológico. Aunque ya me habían dicho que tenía una “vagina ciega”, y que nunca menstruaría ni podría tener hijxs, no entendía totalmente mi anatomía sexual. Así que me senté con miedo en la oficina de la doctora. Cuando me pasaron al consultorio, me pidieron que me desvistiera y poco después, el doctor comenzó su exploración. Intentó introducir un hisopo en el orificio y apenas si logro que entrara la punta. Entonces introdujo un dedo en mi recto, sin decirme que era lo que intentaba comprobar. Esta no sería la última vez que me analizarían analmente, ya que los doctores estaban buscando una próstata.

Mi altura, además de otras características asociadas con la masculinidad, tales como pies y manos grandes y una voz profunda, mezcladas con una cara femenina, creaban una apariencia andrógina. Aunque estaba comenzando a verme a mí mismo como más masculino, frecuentemente me frustraba porque el estrógeno feminizaba mi cara y otras partes de mi cuerpo. Cuando decidí transicionar de mujer a hombre, me encontré con la resistencia de los médicos, debido a que ellos asumieron incorrectamente que todas las personas con SIA se identifican como mujeres. Al principio de mi transición, los doctores frecuentemente me decían: “leí un capítulo sobre condiciones intersexuales en la escuela de medicina,” o “no sabemos cómo trabajar con personas como tú” o simplemente, “tú cuerpo es demasiado raro.” A pesar de estos obstáculos, comencé con mi transición a principios de 2004.

De manera similar a mis amigos que eran hombres transgénero, una vez que empecé la terapia de testosterona, experimenté un aumento en el deseo sexual, más energía, y cambios en relación a la manera en que mi cuerpo almacenaba la grasa. Mi insensibilidad parcial a la testosterona significa que también experimenté efectos estrogénicos, tales como dolor en los pezones y retención de líquidos, que fueron bastante frustrantes. Debido a mi incapacidad de producir bello facial, y otras características sexuales secundarias, fui, y algunas veces aun soy, confundido con una mujer. Los doctores que estaban dispuestos a experimentar con las dosis, fueron los que más apoyaron mi transición, pero frecuentemente se rendían cuando mi cuerpo no respondía de la manera que ellos pensaban. Aunque no tengo del todo claro lo que la testosterona está haciendo a mi cuerpo a nivel celular, continuaré tomándola, debido a que es lo que me ayuda a sentirme vivo. Como dice mi amigo, quien es un doctor especialista en transgénero e intersexualidad: “Tienes que poner a las personas en el ambiente hormonal en el que se sientan cómodos.”

Hoy en día, independientemente de cómo es interpretada mi presentación de género, ya sea que me vean como un hombre gay, una mujer butch, o un hombre joven. A pesar de estas variaciones en cómo es que las personas perciben mi género, es más frecuente que sea visto en el mundo como un hombre negro joven. Cuando transicioné de mujer a hombre, no sentí el mismo nivel de vulnerabilidad que sentí como una mujer masculina queer que salía con mujeres femeninas. Antes de la transición, me sentía asustado y a menudo era acosado, tratado sin respeto y en algunos momentos temía por mi integridad física. Ahora mi miedo es algo que se remonta a los anales de la historia de Estados Unidos: cuando los hombres negros linchados con desenfreno, y ahora estamos encarcelados en cantidades desproporcionadas. Como hombre intersexual negro, me da miedo ser arrestado y ser sometido a revisiones desnudo, donde una vez más mis genitales serían exhibidos en un entorno institucional que es inherentemente violento. Ahora estoy navegando este mundo como un hombre intersexual negro.

En mi deseo de vivir como un hombre intersexual, tuve que decidir si trataría de encajar en el mundo, o hacer que el mundo se acomodara a mí. Escogí la segunda opción, debido a que mi vida depende de eso.

Por eso estoy poniendo mi cuerpo y experiencias de vida en evidencia, como un activista intersexual, debido a que quiero crear un mundo en el cual, las personas que nazcan con variaciones en la anatomía sexual, sean libres de vivir una vida con dignidad y respeto. Estoy realizando activismo para que en el mundo, los niñxs intersexuales puedan disfrutar de autonomía corporal, y donde la singularidad de sus cuerpos, y nuestros cuerpos como adultxs intersexuales, sea respetada en su integridad y belleza.

Levantándome. Por Emily Quinn (persona intersexual)

Levantándome

Por Emily Quinn

Traducción: Laura Inter del texto “Standing up” de Emily Quinn

Historia contenida en “VOICES Personal Stories from the Pages of the NIB: Normalizing Intersex” páginas: 24 a 26.

Fuente: http://www.nibjournal.org/news/documents/Voices_2016_OA_FINAL-withOLOS_version_000.pdf

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Una niña de 10 años de edad y su madre caminan hacia la oficina de un ginecólogo. Esto suena como el comienzo de un mal chiste, ¿verdad? Imagina como se debió sentir el realmente ser esa niña de 10 años. Caminé hacia la oficina de obstetricia y ginecología de Salt Lake City, completamente aterrada. Era el año 1999, y debido a la reciente accesibilidad a Internet, había una cantidad sorprendente de información disponible sobre el Síndrome de Insensibilidad a los Andrógenos Completo (SIAC). También había un activo e importante grupo de mujeres con SIAC y otras condiciones similares. A pesar de todo esto, estaba parada en la oficina de un doctor que no sabía nada acerca de mi cuerpo. Él no me proporcionó ningún apoyo real, y por los siguientes doce años, que fui de un doctor a otro, ninguno de ellos realmente sabía que hacer conmigo. Por mucho que entrara o saliera de la oficina de algún doctor, nunca me pareció haber recibido ningún tipo de “atención” o “cuidado”.

Fue realmente difícil el tener doctores que no supieran nada acerca de mi condición. Daba miedo ser una niña y tener cientos de preguntas, y que no hubiera un adulto que tuviera las respuestas. Muchos médicos se sentían emocionados al poder verme, hablarme, y de tener la oportunidad de conocerme. Siendo una niña, esto me hizo sentir como un bicho raro. Me sentía sola, y asustada, como si estuviera en un desfile para todas estas personas, quienes no sabían nada acerca de mí, excepto que era “especial.”

Era lo suficientemente inteligente como para acceder a internet en busca de ayuda, pero en ese entonces, buscar en internet “trastornos sexuales” fue algo terrible. Incluso ahora, no es un espacio seguro para una preadolescente que busca respuestas. Estaba muy asustada y avergonzada de mi cuerpo, y desesperadamente necesitaba a alguien con quien pudiera hablar de esto. Encontré artículos acerca de celebridades sobre las que había rumores de que eran como yo, y vi la palabra “hermafrodita” publicada y mencionada sin cuidado, al igual que también había sido utilizada en la oficina de mi doctor. Deseaba desesperadamente que una de esas celebridades admitieran que tenían un cuerpo como el mío. Porque, si ninguna de ellas era como yo, entonces pudiera ser que fuera el monstruo que los adultos me habían hecho sentir que era. Entonces, pudiera ser que no estuviera tan sola.

Por difícil que fuera todo esto, la falta de conocimiento de mi doctor, resultó ser tanto una bendición como una maldición. Me sentía maldecida y avergonzada de este cuerpo diferente y “roto”, y que no podría ser “corregido.” Sentía que era un problema y que nadie tenía la solución. Me dijeron muchas mentiras – que definitivamente me daría cáncer, que nunca tendría relaciones sexuales, que necesitaba inmediatamente una cirugía. Ni una sola vez se me dijo la verdad – que había cientos de otras personas con las que podía hablar, que no había hecho nada mal, que iba a estar bien. Mis doctores no me canalizaron a ningún grupo de apoyo, ni a un terapista que pudiera ayudarme a trabajar con todo esto. En Utah, lo más importante que puede hacer una mujer es tener hijos, y fue devastador descubrir que no sería capaz de concebir. Desearía que alguno de mis doctores me hubiera canalizado a un profesional con el que pudiera hablar de esto.

No fue hasta que era mayor, que descubrí la bendición entre todo este dolor. Ya que resultó que mis doctores eran tan exageradamente ignorantes acerca de mi condición, que no sabían cómo extirpar o, siquiera, encontrar mis testículos. Me las he arreglado para llegar a los 25 años de edad sin cirugía. Ahora, cuando hablo con estudiantes de medicina, muchos de ellos se resisten a la idea de que “escapé” de la cirugía. Pero sé cuántas personas como yo tienen mí mismo punto de vista. Es increíblemente afortunado que alguien con SIAC no haya sido sometido a cirugía, y creo que lo raro de esta situación es de lo más triste. La norma no debería ser el operar a las personas como yo. No necesitamos ser “corregidxs.”

No me di cuenta de nada de esto hasta que tuve 22 años, cuando comencé a encontrar apoyo y a reunirme con otrxs como yo. Una importante especialista en transgénero y DSD (siglas en inglés para Trastornos del Desarrollo Sexual), habló en mi clase de sexualidad humana en la universidad. Me acerqué a ella después de clase, y le pregunté si sabía algo acerca del síndrome de insensibilidad a los andrógenos. Cuando dijo que sí, comencé a llorar. No tenía idea de lo importante que era el encontrar un doctor que pudiera tener algunas respuestas para mí, todos estos años de no saber nada. Me dio su tarjeta y me pidió llamar para hacer una cita. Cuando llamé, me pusieron en una lista de espera de tres meses, pero valió la pena. Alguien finalmente tendría respuestas para mí.

A medida que se acercaba la cita, las cosas comenzaron a hacerse más serias con un chico que me traía loca por él. ¡Era perfecto! Lo adoraba. Cuando era niña me dijeron que no hablara acerca de mi condición; no era algo que debiera de importarle a nadie más que a mí. Nadie me había dicho como hablarle de mi SIA a una pareja. Llevábamos algunos meses en la relación, y cuando le dije, rompió conmigo. Estaba devastada. Para colmo la siguiente semana era el Día del Amor y la Amistad, y también tenía mi cita con el médico especialista.

No hace falta decir, que era una ruina absoluta. Pero esta doctora perfecta, literalmente cambió mi vida. El tener un doctor que entienda tu cuerpo, tu variación, tus necesidades médicas, es el mejor regalo posible para un paciente. No solo me ayudó con todas mis necesidades médicas, sino también me canalizó con un terapista especialista en jóvenes transgénero e intersexuales. Siempre le estaré agradecida por eso. Es muy importante tener a alguien con quien hablar, hubiera deseado que mis doctores me hubieran dado ese lujo cuando era más joven. Esto me hubiera ayudado a calmar mi mente cuando era niña.

Con mi nueva terapeuta, trabajé con muchos de los problemas que tenía en lo que respecta a mi SIAC. Me ayudó a deconstruir todo el dolor acumulado de doce años de no saber nada acerca de mi cuerpo. Ella me impulsó a investigar sobre mis testículos, para que pudiera tener tranquilidad acerca de mi salud. En mi búsqueda de respuestas, me encontré con el Grupo de Apoyo AIS-DSD (por sus siglas en inglés), otro momento que cambió mi vida. Los contacté, y terminé asistiendo a mi primera conferencia del Grupo de Apoyo AIS-DSD. Uno de los pasos más importantes hacia mi felicidad personal y mi crecimiento como individuo, fue el reunirme con personas que entendieran lo que he pasado. Esto me ha permitido realmente amar y aceptar mi cuerpo con SIA tal cual es: Diferente, pero está bien. No está roto. No es vergonzoso. Desearía que el equipo de atención médica que me trató cuando era más joven, me hubiera proporcionado la atención que realmente necesitaba: un sistema de apoyo. Necesitaba personas como yo para relacionarnos, para entendernos y para conectarnos. Necesitaba a personas como yo que me mostraran que no estoy sola, que no soy un monstruo.

Ha pasado un año y medio desde esa primera conferencia del grupo de apoyo. En ese año y medio he comenzado a hacer activismo por los derechos intersexuales/DSD. He hablado a simposios médicos, grupos LGBT, y a estudiantes de medicina. Me he unido a Inter/Act, el primer grupo del mundo de activismo de jóvenes intersexuales, y con ellxs he trabajado para crear el primer personaje principal intersexual de la televisión. He sido consultada por MTV para escribir el personaje de “Lauren” de su exitosa serie Faking It. He entrenado al reparto de la serie sobre cómo hablar públicamente acerca de lo que se siente ser intersexual. Ahora también he salido públicamente a la luz como un individuo intersexual. He creado y he aparecido en anuncios públicos en MTV, he escrito artículos, y he sido entrevistada en sitios como Huffington Post y Vice. Y créanme, ha sido aterrador, increíblemente aterrador. Las palabras no pueden expresar lo difícil que es levantarse y decir al mundo quien eres, cuando has pasado toda tu vida escondiéndote en el miedo y la vergüenza.

No estoy siendo abierta públicamente sobre esto en busca de cualquier tipo de fama que haya llegado a mi camino, ni por reconocimiento, ni para probar nada a nadie. Lo estoy haciendo por la pequeña niña de 12 años que estaba buscando “trastornos sexuales” en internet, y sintiéndose como si fuera la única persona como ella en el mundo. Lo estoy haciendo por lxs otrxs niñxs intersexuales que no fueron tan afortunadxs como yo, lxs que fueron sometidxs a cirugía sin siquiera saber lo que eso significaba, o sin saber que tenían otras opciones. Lo estoy haciendo por lxs niñxs que aún no descubren sus diferencias, porque puede ser que lleguen a vivir en un mundo donde ser diferente no sea tan vergonzoso, ni innecesariamente medicalizado, ni lxs hagan guardar un “terrible” secreto. Puede ser que finalmente tengan un doctor que no lxs trate como si fueran algo que necesita ser “corregido.” Puede ser que, al leer mi historia, finalmente tengan un doctor que entienda sus cuerpos, para que no se tengan que ir sin respuestas.

Estoy escribiendo esto en la víspera de 2015… y sé que será mi año más importante. Decidí dejar mi trabajo en una de las más importantes caricaturas infantiles del mundo, y, en su lugar, hacer carrera en el activismo. Parece algo loco, pero creo que demuestra lo importante que es este trabajo de activista. Supe lo importante que era cuando tenía doce años, lo importante que fue que solo unas pocas personas se levantaran y eliminaran esta invisibilidad. Ha habido muchas personas que se me han acercado en los últimos meses, y esto me demuestra lo importante que es que las personas conozcan nuestras historias. Las personas intersexuales no son raras; simplemente son invisibles. Si más personas comienzan a retirar el velo del secreto, entonces más personas intersexuales podrán obtener la atención que realmente necesitan.

Video: Natasha Jiménez / activista / testimonio de una persona intersexual

Video: Natasha Jiménez / activista / testimonio de una persona intersexual

Natasha Jiménez, es una persona intersexual costarricense, directora de MULABI, organización sin fines de lucro que busca que todas las personas ejerzan sus derechos humanos y libres de violencia.

Un cambio de vida: Siendo auténtico respecto a quien soy. Por Jay Kyle Petersen

Un cambio de vida: Siendo auténtico respecto a quien soy

Por Jay Kyle Petersen

Traducción: Laura Inter, del texto “A Changed Life: Becoming True to Who I am” de Jay Kyle Petersen

Historia contenida en “VOICES Personal Stories from the Pages of the NIB: Normalizing Intersex” páginas: 21 a 24.

Fuente: http://www.nibjournal.org/news/documents/Voices_2016_OA_FINAL-withOLOS_version_000.pdf

NIB Journal intersex

Jay Kyle

Nací intersexual en 1952, en el hospital del condado de un pueblo muy pequeño y ultraconservador en la zona rural del sudoeste de Minnesota. Mis padres biológicos, y mis abuelos paternos, me criaron en una cercana y pequeña granja familiar. Desde la edad de cuatro años, supe que era un niño. Nadie me lo dijo. No hubo nada que decidir. Siempre he sabido que soy un hombre. Mis padres nunca hablaron conmigo acerca de mi condición inusual, y murieron sin nunca haberme aceptado. Negaron mi verdadera identidad y, en su lugar, eligieron darme un nombre de niña y criarme como niña.

Mi abuela paterna sabía que era diferente. Ella vivía en la granja con nosotros y, como me explicó después, cambiaba mis pañales y ayudaba a cuidarme cuando era un bebé y un niño pequeño. Era una Enfermera Certificada, auxiliar en la sala de pediatría del hospital del condado donde nací, y pudo ver que anatómicamente yo era diferente de las(os) otras(os) niñas(os). Fue como mi aliada de vida y mi amiga, hasta que murió en 1993. Ella y el abuelo, me proveyeron de un oasis en su granja donde me sentía aceptado. Me sentía relajado y cómodo en su compañía, y simplemente podía ser yo mismo. El abuelo me llevaba a pescar. La abuela me llevaba a las demostraciones de la Feria Estatal 4-H (El 4-H es una organización juvenil de Estados Unidos, administrada por el Departamento Estadounidense de Agricultura) y me apoyaba desde la audiencia, para lo cual me había ayudado a prepararme. Mi abuela me enseño a tener buen humor, excelencia y que estaba bien cometer errores. Mucho después, en 1977, manejó hasta Minneapolis sola durante cuatro horas, y durante una tormenta, para ser mi familiar a cargo durante mi tratamiento contra la dependencia a sustancias químicas, cuando mi madre y mi papá se reusaron, y ella también celebró conmigo después de que completé con éxito el programa. La amaba y ella me amaba, y me lo demostraba. Con ella encontré un refugio, lejos de la presión y abuso en nuestra casa en la granja.

Pero mis otros abuelos y mis padres no me mostraban afecto físico. El único contacto físico que sentí de mi familia, excepto por mis abuelos paternos, fue abusivo, incluyendo a ciertas figuras religiosas fuera de nuestra familia. Los animales de granja y las mascotas me daban afecto, amor, aceptación y compañía. Me encantaba montar en la espalda de mi cerdo mascota, Lucy. La naturaleza, especialmente los árboles, las salvajes condiciones climatológicas, y los lagos locales, proveían descanso a mis estresados y cansados nervios, y me servían como un estímulo a mi imaginación. Había algo en los colores vívidos y contrastantes, incluso los sonidos y la viveza de todo esto – los ricos y más profundos verdes; los puros, limpios y vastos azules; la tierra negra y cálida sobre la cual me paraba y sentía en mis manos. Esto y los relajantes sonidos del viento que suavemente se movía entre las hojas de los árboles y del maíz, y el agua del lago chapoteando tranquilamente sobre la arena en la orilla, mientras el abuelo arrojaba su anzuelo con su caña de pescar: todo esto lo encontraba relajante y energizante, y me permitía tener un ambiente seguro para descansar, dejarme llevar y expandir mis inclinaciones naturales, para expresarme de manera creativa. Por lo demás, tuve una infancia y adolescencia muy solitaria, frustrada, dolorosa y humillante, llena con una ira creciente y un sentimiento de inutilidad, debido a que no podía ser o expresar mi verdadera masculinidad – incluyendo mi atracción hacia las mujeres.

La presión cultural y religiosa que sentía, el aumento del abuso, y las mentiras sociales con las que era forzada a vivir – incluyendo el ser forzado, contra mi voluntad, a usar ropa de niñas – se hizo insoportable. Muy temprano en mi vida me refugié en la adicción – a la comida para la comodidad, nicotina para las alteraciones en mi estado de ánimo, alcohol que me daba mi padre, y más. Tenía tendencias suicidas, y permanecí terriblemente deprimido durante mucho tiempo.

El genetista al que he consultado por los últimos cuatro años, dice que los médicos que me examinaron antes de mis cirugías genitales, describieron mis genitales como “estructuras masculinas formadas sin testosterona suficiente,” en lugar de estructuras femeninas formadas en presencia de exceso de andrógenos. Me dijo que las características registradas en mis informes médicos, y que ella ha observado, indican que estuve expuesto a andrógenos mientras estaba en el útero, junto con una condición genética hereditaria, así que dice que mi condición comenzó en la concepción. Nací con un cariotipo XX, y me realizaron exámenes en busca de las causas comunes de exceso de andrógenos en alguien XX, los cuales resultaron negativos, pero mi desarrollo físico y las actuales pruebas de laboratorio, indican que mi cuerpo, durante toda mi vida, ha producido niveles de andrógenos que caen en el rango normal masculino – esto sucede incluso después de someterme voluntariamente a gonadectimía/histerectomía, y sin ninguna dosis suplementaria de testosterona. También me dijo que nací con un cerebro masculino, y que esto se puso en marcha desde la concepción. Pero no fui diagnosticado como intersexual hasta 2001 – cuando tenía 49 años de edad. Antes de eso, constantemente fui mal diagnosticado como transexual. Tomó muchos años obtener las respuestas que finalmente tengo.

Mi travesía médica comenzó en el sudeste, en 1980. Fui capaz de mantenerme sobrio después de completar mi programa contra la adicción, pero llegó un momento en el que el dolor emocional que estaba experimentando, hizo que volviera a la bebida, o intentara suicidarme. Encontré una clínica de género donde, sin un examen físico, fui diagnosticado como transexual – esto se basó en el hecho de que tenía un nombre de mujer, pero les había dicho que había sabido que era un hombre desde la edad de cuatro años. No sentí que el diagnóstico describiera correctamente quien era, pero confiaba en la doctora. Esta cirujana me mostró imágenes de cirugías que su clínica había hecho para crear falos, y casi vomité. Lo que vi me mortificó, y no quise tener nada que ver con eso o con ese tipo de falo. Aunque era pequeño, el pene que tenía funcionaba bien, pero aún quería más información acerca de mi cuerpo, así que mi travesía médica continuó.

Con el tiempo, busqué ayuda de un sexólogo de la costa oeste, quien, al igual que los otros, me clasificó como transexual y nunca examinó mi cuerpo bajo la cintura. Estaba bajo el cuidado del sexólogo, cuando recibí una horrible carta de rechazo de mis padres, volví a tener tendencias suicidas, y hui del departamento de un transexual [de mujer a hombre], llevando un cuchillo para suicidarme. Mientras me iba, él llamó a la sexóloga para advertirle. Cuando regrese a su apartamento, habiendo decidido no cometer suicidio, descubrí que ya había avisado a la sexóloga, que estaba esperándome en su casa. Él me llevó a la casa de la sexóloga. Hablé con ella por una hora, y después la vi de manera regular varias veces durante el curso de muchos años de terapia y apoyo, también me ayudó con las cartas que necesitaba para cambiar legalmente mi nombre y para las cirugías. Ella nunca me mandó a hacer ningún examen, y nunca mencionó la posibilidad de que pudiera ser intersexual. En 1995, la llamé desde el sudoeste después de recibir las noticias de mis pruebas de orina y un perfil hormonal, que mostraron, por segunda vez, que mi cuerpo tenía niveles de andrógenos dentro del rango masculino, y sin administrarme dosis externas.

Estaba emocionado, y le dije por teléfono que sabía que era diferente, que no era transexual, que esta era una prueba más de lo que había estado intentando decirle: Había algo diferente en mí, aunque todavía no tenía nombre para esto. No soy transexual.

A pesar del diagnóstico equivocado, estoy agradecido con un cirujano, también de la costa oeste, por estar de acuerdo en realizar la cirugía de pecho – cirugía de reconstrucción de un pecho masculino en 1982. Este cirujano me dijo que tenía el peor caso de la enfermedad fibroquística no maligna, que haya visto. Estaba tan mal, que el doctor que me vio unos meses antes, me había diagnosticado con cáncer, y esto me llevó a involucrarme en un régimen de autocuidado, que hizo posible que regresara a la clínica para la cirugía. El mismo cirujano que hizo la cirugía de pecho, después asistió a un colega en la realización de mi primera cirugía genital con vaginectomia, junto con los implantes de silicona blanda para aparentar testículos, una cirugía que más tarde supe, estuvo incompleta.

Esta fue la primera vez que un cirujano había visto mis genitales, ya que esta clínica me había diagnosticado mal, como transexual, seis años antes, errando nuevamente en examinarme. En esa época, una vez más, tenía dudas acerca de mi diagnóstico, pero estaba desesperado, y parecía que la única forma de obtener ayuda era el hacer lo que los doctores decían. En 1985, mi abuela me dijo por teléfono desde la granja, que ella no pensaba que fuera transexual, pero también dijo que no sabía como llamar a mi condición. Simplemente me dejaba llevar por cualquier tipo de ayuda que pudiera obtener. En su mayoría, no me arrepiento de estas cirugías. En 1985, en un hospital de la costa oeste que no está relacionado con ninguna clínica, me realizaron una histerectomía/gonadectomía, en la que extirparon órganos que no tenían sentido para mí, y que eran un constante recordatorio de mis ciclos menstruales horriblemente dolorosos e inusualmente largos, los cuales comenzaron alrededor de los 11 años, precedidos por el crecimiento de vello rubio por todo mi cuerpo, que se hizo negro cuando tenía alrededor de los 10 años de edad, junto con un diagnóstico médico de acné temprano. En 1982, gracias a la cirugía de reconstrucción de pecho, mi pecho se veía masculino. En 2007, la única cirugía que me realizaron en el falo, fue la última y la menos complicada. Esta cirugía estuvo dirigida a la pequeña característica “sin terminar” de mi falo, y a la curvatura peneana y tubo uretral congénitos. Recientemente, durante un examen, la presencia de cuerpos cavernosos masculinos y tejido eréctil, fueron descubiertos detrás del glande de mi pene por el urólogo, y con la ayuda de Viagra que me proporcionó este, desde entonces, he tenido coito de manera exitosa por primera vez en mi vida.

Crecí sin saber que era o que me sucedía. Me sentía muy solo. Una vez que recibí el diagnóstico correcto, una vez que tuve un nombre para mi cuerpo, sentí una inmediata sensación de alivio, como si al fin fuera capaz de quitarme unos pequeños y dolorosos zapatos, y entonces me ajustaran para poder usar zapatos que me quedaran perfectamente. Durante todos los años de diagnósticos erróneos, hasta 2001, no me realizaron ninguna prueba hormonal de sangre, no se me realizó un seguimiento en mis niveles de testosterona, y tampoco me hicieron pruebas en el hígado. Constantemente me prescribían dosis inapropiadas de hormonas, y debido al mal diagnóstico, me administraron un plan de tratamiento erróneo. Hasta el día de hoy, nunca he tenido un médico general que haya recibido educación o que tenga experiencia tratando la intersexualidad. En su lugar, confío plenamente en mi genetista y urólogo, ambos tienen educación y experiencia tratando a individuos intersexuales.

Mi genetista y yo hemos tenido problemas por más de cuatro años, para encontrar un endocrinólogo local con experiencia en intersexualidad. No hay nadie. Después de investigar y discutir, mi genetista y yo, hemos establecido un régimen de testosterona, previendo que puede ocurrir algún síntoma negativo, y que podríamos contar con la ayuda de un endocrinólogo, aunque sea uno que ignore la intersexualidad. Realmente deseo que existan adultos especialistas que tengan conocimientos acerca de intersexualidad, y que pudieran ayudarme, en particular, debido a que mi uróloga esta por retirarse y aún no hay nadie que pueda reemplazarla. Esto para mi es triste y aterrador.

Desde una vida de dolor, sufrimiento y abuso – lo cual atribuía a mi condición y al tratamiento que recibí -, he emergido llevando 38 años libre de drogas,  36 años sobrio del alcohol, 29 años libre de nicotina, sin deudas desde 1989, con un peso saludable, y tengo un trabajo de tiempo completo como un especialista en comportamiento relacionado al abuso de sustancias, en un centro de tratamiento ambulatorio, además de pintar en mi tiempo libre. Tengo buenos amigos, todos ellos saben que soy intersexual, y me aman y aceptan por quien soy. Un director reconocido se acercó a mí, y hemos terminado de filmar un pequeño documental sobre mi vida, recuperación, arte, y proceso artístico. Una vez que sea lanzado, públicamente seré un hombre intersexual, ya aún no he salido a la luz, y espero que, en la medida de lo posible, mi historia ayude a hacer un cambio en la práctica médica y en las historias de las personas.

Espero que los médicos aprendan algo al leer mi historia. Cada caso es único. Tenemos que ser tratadxs como personas completas: espiritualmente, mentalmente, emocionalmente, y físicamente. Guarden una lista de recursos de referencia de urólogos, endocrinólogos y médicos generales sensibilizados en intersexualidad, y organizaciones como www.aisdsd.org y www.accordalliance.org y promuevan que en las escuelas de medicina enseñen mucho más acerca de intersexualidad. Entiendan que intersexual no es transgénero/transexual. Dejen de realizar cirugías genitales infantiles; dejen que lxs niñxs digan a los padres de que género son. El niñx lo sabrá a la edad de 4 o 5 años. Pregúntenos cuales son nuestras necesidades. Dennos mucho tiempo durante las citas médicas. Escuchen nuestro dolor. Dennos esperanza. Trátenos con respeto. Entiendan que muchos de nosotrxs sufrimos, ya que otros nos trataron como monstruos, y hemos experimentado abuso físico o de otros tipos. Entiendan que Dios nos hizo de esta manera y estamos bien. Apóyennos; necesitamos médicos valientes. Siéntanse cómodos con nuestra propia incomodidad.

Vagina, ¿Mi Felicidad? Por Guadalupe Chavez (persona Intersexual)

Vagina, ¿Mi Felicidad?

Por Guadalupe Chavez

*Historia compartida por Guadalupe Chavez exclusivamente para Brújula Intersexual, si quieres publicarla en otro sitio por favor escribe a intersexualmexico@gmail.com para comunicarnos con la autora y proporcione su autorización.

Guadalupe

Imagen compartida por Guadalupe. Autora: AM

 ¿Qué es la felicidad? Para la Real Academia de la Lengua Española, la felicidad es un estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien, satisfacción, gusto ó contento; mientras que los seres humanos la interpretamos desde distintas perspectivas y la enfocamos a nuestra vida diaria.

En lo particular, en mi niñez, la felicidad se basaba en correr, brincar, jugar con “monitos de acción” de la época, sin faltar los carritos de carreras; cada vez que hacía esto, mi rostro reflejaba una gran sonrisa un tanto inocente y pícara. Para mis padres no era mal visto que tuviera juguetes tradicionalmente considerados “masculinos”, en parte porque mi padre siempre quiso tener un hijo varón y mi madre no consideraba tan importante atender el prejuicio de que existen juguetes para niños y juguetes para niñas.

Confieso que nunca jugué con muñecas o “Barbies”, lo más cercano que tuve fue un muñeco pequeño semejante a un bebé, el cual siempre me acompañaba a todas partes. Quizá los adultos entendieron que al encargarme de él como si fuera mi hijo yo empezaba a descubrir mi instinto maternal desde pequeña –como el resto de las niñas-, pero nunca fue así; yo creo que ante la ausencia de un hermano o hermana, y otros niños y niñas de mi edad cercanos a donde yo vivía, el muñeco fue mi primer amigo.

Durante mi adolescencia hubo muchos cambios, sobre todo en mi cuerpo y no como yo esperaba. La gran mayoría de mis compañeras de secundaria ya tenían su menstruación y sus cambios físicos eran notorios. Pronto el grupo de mujeres se dividió en “señoritas” y las que aún no menstruaban, todo giraba en torno a ello. Para socializar en el grupo o simplemente para hacer una tarea la pregunta obligada era: “¿Ya te bajó la regla?”. Según la respuesta era el trato.

Cada día que pasaba yo quería ser como ellas, pero nunca sucedió. Mi apariencia física se asemejó a la de mis compañeros y sufría burlas constantes que dañaban mi autoestima, así que me enfoqué en los estudios.

Para entonces mi sonrisa ya no era tan natural y espontánea, cuando aparecía era un tanto temerosa. Mi felicidad la busqué corriendo en una pista de atletismo, pateando un balón ó encestándolo en una canasta, hacía todo esto porque me gustaba, pero también fue un escape a lo que me sucedía. A la vez tenía la necesidad de pertenecer a un grupo y convivir con las personas, sin embargo en todos lados estaba el ser o el no ser “señorita”.

Esta misma presión la tuvo mi madre, muchas de sus amigas presumían de que sus hijas ya eran todas unas señoritas y después venía la pregunta: “¿Tu hija ya es señorita?”. Y la respuesta era: “Se está cuidando”.

En el año 2002, mi madre, preocupada porque no menstruaba, pidió la opinión del médico de la familia, quien le aconsejó esperar unos meses más; sin embargo, su angustia y a la vez su intuición nos hizo ir a consultar con la pediatra, una mujer ya grande de edad, muy amable y que me inspiró confianza. Ella habló con mi mamá y nos pasó al consultorio del ginecólogo, fue algo completamente nuevo para mí. Yo tenía 16 años de edad y nunca me habían hecho preguntas tan íntimas y mucho menos habían tocado así el cuerpo. El ginecólogo me hizo un ultrasonido, una y otra vez vio la pantalla del monitor como si faltara algo, en su búsqueda él volteaba a mirar a mi madre y luego a mí. Esos minutos fueron eternos e incómodos, peor aún, me dijo que tenía que revisar mi zona íntima, se cambió de guantes y me empezó a tocar, no tardó mucho tiempo en encontrar una pequeña bolita que tenía en la parte derecha de mis genitales. Hasta ese momento yo no le había dado importancia a esa bolita, nunca le conté a nadie sobre ella, nunca me causó dolor ni me incomodó. Vagamente recuerdo que “apareció” en quinto o sexto de primaria, cuando me golpeé con el sube y baja.

El ginecólogo me pidió que esperara afuera del consultorio, después de varios minutos mi madre salió llorando, subimos al carro y le pregunté: “¿Qué pasa? ¿qué te dijo?”. Su respuesta fue enmudecer y ante la insistencia me respondió: “Nada”. Fue algo doloroso ver a mi madre llorar de esa manera, ver la angustia en sus ojos, estaba temblando y en shock, yo me quedé igual y decidí ya no preguntar. Al llegar a casa mi mamá siguió de la misma manera, platicó con papá, quien se puso igual que ella. Nuevamente me pregunté: “¿Qué pasa? ¿qué hice mal?”.

Un par de días después la pediatra nos hizo cita en el Seguro Social y de inmediato me trasladaron a una clínica de tercer nivel, ubicada a tres horas de mi ciudad natal. Todo fue tan rápido que no me di cuenta hasta que estaba entre muchos hombres y mujeres con bata blanca, quienes me veían como bicho raro o por lo menos de esa manera me hicieron sentir, fue entonces que mi autoestima se desplomó y mi felicidad desapareció.

Nunca había estado en un hospital por tanto tiempo y mucho menos de esa manera. Mi rutina en los servicios médicos iniciaba a temprana hora. Tenía que estar en la clínica de mi ciudad a las 3.30 A.M para realizar el viaje, llegaba cansada y asustada  a la clínica de tercer nivel alrededor de las 7.00 A.M en compañía de mis padres. Ahí me tenía que presentar a Medicina Nuclear y a otro departamento, que no recuerdo su nombre, para que me sacaran muestras de sangre. A partir de las 9.00 A.M eran consultas interminables en Genética, Cirugía, Endocrinología, Psicología, Urología, Psiquiatría, entre otros. Las batas blancas hablaban con muchos términos médicos y cosas que no entendía, en ocasiones tenía que esperar sola en la sala; mientras los médicos platicaban con mis papás. A la salida de esas reuniones, mi mamá mostraba rastros de llanto y mi papá intentaba mostrarse fuerte, pero al final los tres sucumbíamos ante la desesperación e incertidumbre.

Cuando consultaba con la doctora de Genética, ella siempre me preguntaba cosas como: “¿Por qué no te maquillas? ¿por qué no te vistes femenina? ¿te gustaría sacarte la ceja? ¿te gustaría tener novio?” Para mí, eran preguntas vacías a las que sólo respondía sí o no.

Al poco tiempo me enviaron con una psicóloga, ella nunca me inspiró confianza. Yo solamente quería saber qué me estaba pasando y cuándo terminaría todo, en cambio ella me ponía a dibujar y a contar historias, incluso me encargaba tarea como consultar qué es “5-Alfa Reductasa”. Busqué esa palabra en Internet y apareció una gran cantidad de notas médicas que nunca entendí. Un día me hizo varias preguntas que me incomodaron: “¿Te gustaría cambiar? ¿te gustaría ser hombre?” Y mi respuesta fue: “¿Para qué? Yo soy mujer”.

No encontré respuestas hasta que un día leí mi expediente y la primera nota fue precisamente de la psicóloga, la cual indicaba que mi comportamiento, aspecto y manera de pensar era de un varón. Aquella bolita era un testículo que no descendió y el otro estaba en mi abdomen, me dijeron que tenían que extirparlo para evitar un tumor ó cáncer. Al revisar mi expediente, en la mayor parte de las hojas, los doctores me etiquetaron de la siguiente manera: “Paciente bajo la condición de Seudohermafroditismo Masculino por Deficiencia de 5-Alfa Reductasa”.

El proceso para la operación fue largo, se incrementaron las visitas al hospital. Tenía de tres a cinco consultas en un sólo día con diferentes doctores, yo sentía miedo y quería conocer a otras personas igual a mi para no sentirme tan sola, pero en ese momento no había nadie más, sólo batas blancas por doquier. Siempre quise que todo acabara, pero tan sólo era el principio de casi seis largos años de ir y venir a esa clínica.

En el 2004 fue mi primera operación: recesión de gónadas. Tengo recuerdos muy vagos, quizás en rechazo a lo que me pasó o simplemente mi mente bloqueó esta etapa para tratar de olvidar, aún así tengo ciertos episodios marcados. Ingresé a quirófano por la mañana, estaba temblando de miedo y una enfermera me dijo: “No te preocupes, todos estamos aquí para ayudarte”. Me acostaron en esa cama tan fría y me pusieron varias inyecciones, después sólo vi batas blancas desvaneciéndose y me quedé dormida. Según mis padres me subieron a piso muy noche porque me hicieron varios estudios, y dentro de su desesperación por el tiempo de espera me confundieron con otra persona que salió del quirófano; mamá la abrazo y papá la tomó de la mano, ante la desconcertada mirada de la familia de la chica, ahora es una anécdota graciosa.

En recuperación tuve varias complicaciones, una de ellas fue que no podía orinar y estaba toda inflamada, era de noche y no había doctor, yo lloraba y gritaba de dolor, en mi desesperación cometí un gran error y lo acepto, fui cruel con mi padre al recriminarle: “¿Para qué me traías papá, para esto?” No me respondió, sólo agachó su mirada y de sus ojos salió un mar de lágrimas; mientras jalaba su cabello con sus dos manos. Confieso que todavía no le he pedido perdón por ese mal momento y al escribir estas líneas se me hace un nudo en la garganta. Por fortuna llegó un practicante, sacó a mis papás, me hizo unas preguntas y leyó mi expediente, tuvo que colocarme una sonda entre las piernas para poder orinar. Después de esa noche tan complicada me quitaron la sonda y tenía que orinar por mí misma para que me dieran de alta, batallé mucho, pero al final lo logré y hoy aseguro que cosas tan pequeñitas o insignificantes como “hacer pipi” traen alegría y ganas de disfrutar la vida.

A los pocos días tuve cita con el cirujano –yo todavía con dolores y cansada por lo que había vivido– él me confirmó que todo estaba bien, pero vaya sorpresa me llevo al escucharlo decir: “¿Ya estás lista para la otra operación?”. Sólo habían pasado unas cuantas horas, ¿cómo estaría lista para otra operación? Mi respuesta fue un rotundo: “No”. Yo quería volver a mi vida cotidiana, estar en casa e ir a la escuela, en cambio regresé al punto de partida.

Esta vez todas las batas blancas me ofrecieron algo que cambiaría mi vida para siempre, algo que me hará sentirme querida, algo que me hará encajar como mis ex compañeras de la secundaria, ese algo es mi felicidad para el resto de mi vida, ese algo me convertirá en una mujer, ese algo es una vagina.

Sí, me ofrecieron una vagina. Para ellos y ellas es sinónimo de felicidad en mi vida futura, cuando llegue el momento de casarme tendré “relaciones sexuales con mi esposo, como cualquier otra mujer” y eso “me hará feliz”. Simplemente me quedé en shock, yo no pensaba en mi futuro, sólo quería salir corriendo del hospital. Hoy a mis veintinueve años de edad recupero este pasaje de mi vida para titular mi participación: Vagina, ¿Mi felicidad?

Fue tanto el acoso y la insistencia por parte de las batas blancas que terminé por encerrarme en mi burbuja, un escudo de protección invisible, pero nada efectivo. Me dejé llevar por tantos estudios que me hacían, no por convicción sino para que todo acabara lo más rápido posible y me dejaran en paz. No conforme con la presión de las batas blancas, en esa época yo salía sentimentalmente con alguien, quien no me aceptaba del todo por mi condición y también me aconsejó operarme. Hoy analizo esta situación y me cuestiono: ¿Qué hacía al lado de esta persona?

Prácticamente estaba entre la espada y la pared,  todo era confuso y mi cabeza era un mundo de preguntas: “¿Por qué me pasa esto a mí? ¿por qué yo Dios? ¿qué hice mal? ¿por qué soy un bicho raro?”.  Por momentos pensé en quitarme la vida para acabar de una vez por todas con esa agonía, pero no lo pude hacer. Unas semanas antes de la cita al hospital para definir la siguiente operación –vaginoplastía– mis padres tocaron el tema. Mi papá sabiamente me dijo que no me operara, que no era necesario, y mi mamá comentó que ella apoyaba cualquier decisión que yo tomara. Un día antes de la cita tomé la decisión y no muy convencida dije: “Si”. Lo hice en parte para que todo acabara de una vez y poder estar en paz y ser feliz. Después de dos años de la primera operación me sometí a la vaginoplastía, que según consta en mi expediente médico, consistió en cortar un pedazo de mi intestino para luego colocarlo entre mis piernas.

Esta operación fue otro trauma en mi vida, la cirugía fue dolorosa y la recuperación muy lenta, tenía sondas para drenar por todo mi cuerpo y yo sólo quería irme a casa. Al darme de alta descansé un par de días y regresé para el chequeo médico, ese momento marcó mi vida. Me recosté en la cama del consultorio, estaban mis padres conmigo y aquel doctor se puso los guantes, contó hasta dos, metió su dedo en mi “vagina” hasta lo más profundo y estuvo ahí adentro –para mí– una eternidad, lloré por el intenso dolor que sentía, pero sobre todo por la humillación que estaba pasando: ¿Esta era la felicidad de la cual que tanto hablaban? Cuando sacó su dedo, comentó que todo estaba bien y que parecía una vagina normal, tal parece que sus palabras tenían la intención de reconfortarme por lo que me había hecho. Desde ese momento sentía asco y repudio por mi “Felicidad”.

Al regresar a mi casa tuve algo de paz y tranquilidad, pasé momentos difíciles por el rechazo hacia mi vagina y me tuve que acostumbrar a ella, ya no había marcha atrás. Lejos de traerme felicidad me trajo muchos problemas. El principal es el dolor en todos los niveles, desde un roce con la ropa hasta cuando me toco para limpiarme luego de orinar. A todo esto se agregó que mi autoestima estaba por los suelos y yo no quería socializar con nadie, pues temía al rechazo por lo que me habían hecho bajo “mi propio consentimiento”. No obstante, sin darme cuenta otra vez me encontraba en el mismo lugar, en el principio.

Regresé a la clínica de tercer nivel con las batas blancas, quienes querían hacerme otra operación, esta vez sencilla –según ellos–  para hacer más grande mi “Felicidad” y lograr que fuera “funcional al momento de tener relaciones sexuales con un hombre”. Además de seguir un estricto tratamiento de estrógenos conjugados de equino que inicié después de mi primera cirugía, dicho medicamento serviría para que mi cuerpo tomara forma de una “mujer normal”. Esta vez ya tenía la suficiente edad para tener mayor conciencia y rompí aquella burbuja de protección para responder: “No más”. Trataron de convencerme y venderme nuevamente la idea de la felicidad, pero su estrategia ya no funcionó, siempre me negué y gradualmente dejé de ir a consultar. La última vez fue a finales del año 2008 con la endocrinóloga, quien no tuvo más remedio que darme de alta porque no quería tomarme los estrógenos y los avances eran nulos.

De esta manera cerré mi ciclo en aquel hospital y busqué ayuda fuera del discurso médico, mi necesidad era conocer a alguien igual que yo, que tuviera esta condición Intersexual. Después de una exhaustiva búsqueda encontré a una chica a tres horas de mi casa, platiqué con ella, compartimos nuestras experiencias y sentí que me quité un peso de encima. Pero todavía tenía muchas dudas, quería saber más y encontré en el Distrito Federal a una gran mujer, su nombre es Eva Alcántara Zavala, quien me platicó sobre su investigación de la Intersexualidad en México y su experiencia en el tema. A pesar de que no es una persona que nació con la condición Intersexual, me identifiqué mucho con ella y para mí fue un rayo de luz que me impulsó a seguir adelante en la vida. Quise hacer algo para ayudar a más personas que están pasando un momento tan complicado como el que yo viví, pero no era mi momento, dejé a un lado el tema de la Intersexualidad y me aboqué a mi vida profesional y sentimental. Sin embargo, mi pasado se convirtió en presente. En el 2009 regresé al hospital por un intenso dolor en el estómago, tuve que volver a explicar a cada uno de los doctores lo que me habían hecho en años anteriores. Muchos se quedaron impactados cuando me escuchaban decir: “Me hicieron una recesión de gónadas y una vaginoplastía, soy una persona Intersexual”. Después de dos largas semanas me diagnosticaron adherencias por la cirugía intestinal, es decir, una secuela de mi “felicidad”, recuerdo que me atendió un doctor que estuvo en la clínica de tercer nivel, en donde me habían operado, fue bueno conmigo y dijo que había que esperar. Durante la estancia en el hospital tuve una recaída muy fuerte, el doctor que me atendía no estaba y llegó otro. Con una gran crueldad me dijo: “No te preocupes, ahorita te meto a quirófano, te corto los intestinos, te los pego, al cabo tienes muchos y a la semana regresas”. Esas palabras me mandaron al suelo y mi autoestima nuevamente se fue en picada. Por fortuna mis intestinos perezosos volvieron a funcionar y no me operaron, tuve varias semanas para reflexionar y tomé la decisión de compartir mi experiencia.

Al poco tiempo, impulsada por una gran mujer y con el apoyo de varios compañeros, compartí mi testimonio en público, fue en un ciclo de conferencias de la Comunidad de LGBTTT. Ahí mismo un grupo de apoyo de esta comunidad y que al mismo tiempo era medio de comunicación me hicieron un reportaje que se publicó en YouTube. Su intención era buena, a partir de ahí muchas personas me buscaron para compartir su experiencia a través de las redes sociales y los apoyé en la medida de mis posibilidades, principalmente al escucharlos o bien leerlos. Sin embargo también se acercó gente mal intencionada que busca el tema con morbo y muchos más me amenazaron por el simple hecho de haber nacido bajo esta condición. Fue entonces que decidí escribir al grupo de apoyo que realizó el reportaje para solicitarles que lo quitaran de las redes sociales, amablemente accedieron, pero hoy en día todavía circula por otras fuentes. Tengo que confesarlo tuve miedo, no me sentí preparada para manejar el tema y una vez más lo dejé de lado.

Pasaron varios años durante los cuales me desarrollé como profesionista y cumplí mis metas, platicaba esporádicamente con Eva Alcántara y en este año, 2014, me hizo una invitación para participar en una asesoría a un Hospital del Distrito Federal. En un principio no sabía qué esperar, me imaginaba un público hostil, a la defensiva, estaba temerosa y al final acepté el reto. Tuve en consideración que es necesario aprovechar la mayor parte de los espacios que se abren para hablar del tema y sobre todo a las personas que lo abordan en forma directa diariamente.

El día del evento en el Hospital un grupo de doctores dio lectura a un caso de Intersexualidad. Me llegaron a la mente recuerdos, supuse que así habían sido las reuniones para tratar mi caso, sentí con que crudeza tomaban las decisiones, por momentos quise llorar por la sensación de mi impotencia ante lo que estaba escuchando, decidí levantarme de mi lugar para tomar agua y calmarme un poco. Al término de la lectura del expediente, continuaron los expositores, quienes aportaron cosas interesantes. En mi turno, estaba muy nerviosa, el ambiente en la sala era tenso, por momentos titubeaba y cuando me sentí cómoda ofrecí mi testimonio abiertamente, desde mi niñez hasta la edad adulta, mostré algunas fotografías y algunas páginas de mi expediente clínico para nutrir la plática. Al final de mi participación confirmé lo que en un principio esperaba: una doctora se mostró hostil, trató de refutar todo lo que yo decía y su molestia se reflejaba en su rostro, pero la asesoría valió la pena, pues otra doctora tenía un punto de vista más humano y no tan técnico, y se desató la polémica con referencia a operar a los pacientes desde pequeños o bien, esperar a que crezcan y decidan. Por mi parte lancé una pregunta al aire: ¿Qué harían ustedes si tuvieran un hijo o una hija que nació bajo esta condición? La respuesta de esta doctora hostil fue contundente al asegurar que seguiría el proceso establecido con su hija o hijo. Durante toda la asesoría dejó en clara su postura: los tratamientos médicos quirúrgicos son la solución. Considero que ambas partes tuvimos una experiencia muy enriquecedora y que algo bueno surgirá de esta asesoría.

Desde mi primer acercamiento con la Intersexualidad hasta hoy en día mi percepción del tema es muy distinta por toda la experiencia que viví como paciente. En un principio los doctores me hicieron creer que la Intersexualidad es algo malo y tiene que remediarse lo más rápido posible a base de cirugías y estrógenos para encajar en la sociedad; sin embargo, hoy en día entendí que esto es una mentira. La variabilidad corporal simplemente es una condición humana y el problema no está en el cuerpo sino en la mente, en la manera de verlo y de pensar de cada persona, grupo o  sociedad. También compartí mi experiencia en la Comunidad LGBTTT, en su momento fue algo bueno, pero considero que no es el lugar indicado para partir y abordar el tema, debido a que son dos cosas completamente diferentes. A grandes rasgos la primera se refiere principalmente a la preferencia sexual y la segunda es una condición corporal de nacimiento, por lo tanto puede confundir a una persona, que nació bajo la condición Intersexual.  Otra de mis primeras experiencias fue con los Medios de Comunicación que son agentes de cambio importantes, pero la mayoría tratan el tema con “amarillismo”, buscan vender, más que informar de manera adecuada y precisa. Pienso que en parte es por la falta de información y educación sobre el tema.

Para cerrar mi participación hago hincapié en que ofrezco mi testimonio no para victimizarme sino para ayudar a más personas que nacieron bajo esta condición y qué posiblemente están pasando por este difícil momento.  Desde mi punto de vista considero  que es necesario un espacio para nosotros, para platicar nuestras experiencias y escucharnos,  pero también necesitamos a personas especialistas en diferentes áreas como las doctoras Eva Alcántara Zavala y María del Pilar Hernández, quienes son pilares del tema en nuestro país, creo que en conjunto podemos generar importantes cambios a nivel nacional.

Mi historia intersexual. Por Carla Núñez

Mi historia intersexual

Por Carla Núñez

*Historia compartida por Carla Núñez exclusivamente para Brújula Intersexual, si quieres publicarla en otro sitio por favor escribe a intersexualmexico@gmail.com para comunicarnos con la autora y proporcione su autorización.

Carla

Fotografía compartida por Carla N.

Me ha relatado mi madre que cuando nací, yo no le fui entregade a ella, mientras ella fue dada de alta del parto yo permanecí  en un hospital del gobierno por dos semanas más para ser observade, una vez que le fui entregade a mi madre con un diagnóstico de hipospadias, prosiguieron  algunos estudios, pero tardaban mucho.

A los cinco meses de edad, mi mamá ya no pudo amamantarme y empecé a vomitar el alimento que me daba en su lugar, un médico de ese lugar le recomendó que acudiera al hospital infantil “Federico Gómez” con una doctora cuyo nombre no tiene relevancia en mi relato, en ese hospital, a mi madre se le informó que tenía Hiperplasia Suprarrenal Congénita (HSC) y los nombres de los estudios que me habían realizado, la citaron para el siguiente día temprano, en esa cita estuvimos ella, mi hermano y yo todo el día en el hospital, pero yo de eso no recuerdo nada, porque era muy pequeña.

Cuando me enteré que nací con características físicas ambiguas, fue la vez que mi madre me explicó que yo era diferente, me dijo que todas las personas tenemos hormonas de mujer y de hombre, que las mujeres tenían más de mujer por eso son mujeres y los hombres tenían más de hombre que de mujer por eso son hombres, pero que yo tenía igual de las dos hormonas, me lo dijo muy llanamente de manera natural, tal vez me lo explicó porque tenía que asistir a una consulta, en ese entonces tenía nueve años y no le di ninguna importancia. Quizás no llegaba a entender bien que eso era mal visto o que era algo trascendental.

La primera operación que me realizaron no la recuerdo porque apenas era un bebé, fue a los diez meses de edad, después de “descubrir” o quizás determinar que mi sexo era femenino, fue una clitoridectomia, término que descubrí más tarde, a la edad de 18 años, cuando me dieron de alta del hospital y leí el resumen médico. Mi madre me dijo que había tenido un “penecito” al nacer (el término médico es: clitorimegalia) y que  cuando era un bebé me lo habían cortado longitudinalmente y luego lo habían suturado alrededor, eso me lo dijo un poco más grande cuando tenía aproximadamente 10 años de edad , esto me hizo sentir confundida y me pregunté.- ¿Entonces nací niño?, pero cuando se lo pregunté a ella, ella me dijo que no, ya que no tenía testículos, y que ese penecito no era lo suficiente grande para un niño “normal”,  eso me tranquilizó porque me aterraba la idea de ser un hombre, entonces estaba a punto de ir al quirófano por segunda vez. Siempre di por hecho que, nacer con un cuerpo como él mío, era una enfermedad y que iban a corregirme, como si se tratara de una malformación, en ese entonces no existía tanta información, y nunca me había planteado a mí misma que era sana, que mi cuerpo no tenía nada de malo, incluso me aprendí el nombre de la operación y me sentí aliviada una vez que salí del hospital. Algo que recuerdo vagamente pero con desagrado, es que me hicieron un enema porque dijeron que iban a tomar tejido del colon para construir la vagina, aunque finalmente no lo hicieron, si fue una situación muy desagradable.

Lo que si recuerdo bien es cuando me operaron por segunda vez, me hicieron una vaginoplastía. Después vinieron más malos recuerdos de una vida en el hospital: recuerdo cómo, en las dilataciones vaginales y durante las fotografías que tomaban de mis genitales, yo yacía con las piernas abiertas y flexionadas y cubría mi cara con una sábana porque me sentía avergonzada, soportaba las burlas socarronas de los doctores y las enfermeras, además del dolor de las dilataciones. Ellos se burlaban porque yo me tapaba la cara con una sábana, como asombrados por la vergüenza que tenía y como la manifestaba. Ellos nunca pidieron permiso, desde el primer día que llego mi madre al hospital conmigo en brazos, ellos solo determinaban que hacer y jamás, en ninguna ocasión, pidieron autorización de ningún tipo, solo ordenaban que se hiciera tal o cual cosa, y nosotras nos prestábamos a sus dinámicas, aceptando el supuesto de seguir sus procedimientos para sanar.

La tercera y última operación, fue la ampliación vaginal cuando tenía alrededor de 15 años de edad. La ampliación vaginal consistió, como su nombre indica, en ampliar la cavidad vaginal en su tamaño, porque las dilataciones no estaban funcionando, el principal cambio que sentí fue que mi sexo en lugar de estar casi al frente de mi pelvis, lo empecé a sentir justo en medio de la entrepierna, en esa operación todo fue menos traumático, ya tenía mayor edad y los procedimientos parecían ser menos transgresores, lo peor fue después de la segunda operación.

Después vino una etapa de desencuentro entre los especialistas y yo, recuerdo que me dieron un formato para usar de calendario menstrual, y al yo registrar mis periodos con el tipo y la cantidad de sangrado, se burlaron y dijeron que ya había inventado mis propios métodos de estudio. Los doctores llegaron al punto de mencionarme que querían extirpar mis glándulas suprarrenales, o por lo menos me amenazaron con eso, pero afortunadamente, el tiempo de convertirme en adulta llegó, y deje de estar en sus manos. Sobre como afectó esto a mi familia no lo sé, solo puedo decir que con el único miembro de mi familia con el que he contado para esto, es con mi madre, porque los demás solo fueron los grandes ausentes. Mi padre, desde que nací, se refugió en el alcoholismo y se desentendió de todo, estuvo ausente durante las tres cirugías. Mi hermano aunque se mantiene alejado del tema como un tabú, cuando ha tenido la oportunidad de hacerme sentir como un fenómeno sí que lo ha hecho, las únicas personas que se han visto afectadas por estos procedimientos somos mi madre y yo.

Con la menstruación siempre hubo problemas, era muy irregular, los doctores siempre asumieron que yo no estaba tomando los medicamentos para la HSC (prednisona o dexametasona), y me recetaron con varias dosis que fallaban. Para mí el hecho de ser capaz de menstruar representaba el éxito de poder, en teoría, procrear, pensaba que era algo así como “mi consumación como mujer”. Sin embargo, con cada dosis en la que me bajaba la menstruación,  después de un tiempo me dejaba de bajar otra vez. Cuando era niña recuerdo que tenía síndrome de Cushing (que se produjo porque me medicaban con una dosis muy alta de corticoides), para los médicos eso era tenerme controlada con los niveles “adecuados” de progesterona.  Cuando se tiene Síndrome de Cushing los principales características son la cara redonda, las mejillas hinchadas y rojas, una giba y, en general, una apariencia de una niña con sobrepeso. La principal afectación que tuve por la cortisona fue mi sensibilidad e irritabilidad, y mi padre, ignorando los efectos de los corticoides en el carácter, me decía la niña chillona. En fin, esos tiempos ya pasaron.

Después de ser dada de alta del hospital infantil, fui al hospital general, y me cambiaron la dosis pero sin resultados, y ni siquiera me realizaban estudios, así que me harté y deje de buscar médicos.

Conocí a una chica también intersexual y por ella supe de los antiandrógenos y de los estrógenos, o pastillas anticonceptivas, probé y funcionada (ya tenía regularmente mi periodo menstrual), pero empecé a engordar y me crecieron más los senos, lo cual no me molesto, pero el vello de mi cara aumento mucho, me estaba virilizando más. Afortunadamente por ese entonces conseguí acudir con un endocrinólogo, y me detectó niveles altos de prolactina que se redujeron con tratamiento, posteriormente el doctor falto los días que me tocaba consulta y perdí el empleo por lo que perdí el derecho al servicio médico, y también, me canse de querer alcanzar la menstruación para confirmarme como mujer, por eso decidí, desde hace aproximadamente un año, aceptar que no soy una mujer ni un hombre, aceptar mis características ambiguas y que soy una persona intersexual.

A veces me pongo a pensar que yo no nací para eso de formar pareja, en mi adolescencia parecía gustarme un maestro y una compañera, de joven no tuve pareja, de adulta estuve con mujeres y hombres, y últimamente he vuelto a estar sin pareja. Me considero asexual pues parece que he perdido esa sensibilidad que tenía cuando era joven, y alguien podía desatar en mí emociones, pero eso ya no me pasa, y es algo que me hace feliz porque me siento libre de deseo o anhelo de compañía.  Espero que los demás asuman el hecho de que no soy “follable”, al igual que nadie lo es para mí. Además, no es mi obligación gustarle a nadie.

Ahora pienso que pasé por tantas cosas, para que me terminara enamorando de mi misma y huyendo  de la reproducción de arquetipos sociales como la hetero-normatividad, y  tanto tiempo, tanto estrés, tanto dinero, tanto huir y esconderse, y tantos maltratos que recibimos mi madre querida y yo. Imagino que si no me hubieran modificado mi cuerpo quizás hubiera sido lo mismo que soy ahora, y todo eso que pasé fue inútil, un absurdo basado en un esquema de vida en el que no todas las personas encajamos.

Por ahora, tras aceptar y asumir que soy intersexual, mis padres me apoyan, incluso ahora que estoy desempleada y no he buscado nuevamente empleo. Yo era maestra, y dejé ese empleo porque siempre fui violentada por los alumnos al notar mis características andróginas. Incluso en la calle, todos parecen mirarme con recelo.

Puedo decir, que mi verdadera historia como intersexual apenas comienza, porque hace poco que he aceptado mi condición y asumido el hecho de no ser ni de aquí ni de allá, sino una autentica yo, que posee su individualidad biológica, psicológica, social, emocional e intelectual.

Aunque siempre he estado consciente de ser intersexual, desde los ocho años de edad aproximadamente, siempre lo consideré una enfermedad, algo que debía ocultar, algo que no se notara, pero empecé a conocer personas intersexuales que se ufanan de serlo, que se sienten felices con su cuerpo tal cual es y declaran no estar enfermos, simplemente tener un cuerpo diferente, y personas con anatomía considerada “normal”, típica de uno u otro sexo, pero que expresan su género como mujeres , como hombres o como andróginos, entonces me di cuenta que no debía seguir huyendo de la naturaleza de mi ser, que si me salen las barbas y los bigotes, tenía que aceptarlos y quererlos, decidí que los rasuraría y ya no los arrancaría, decidí que tener una apariencia de hombre en ocasiones, no se me va a quitar ni aunque tome toda la medicina del mundo, me di cuenta que de alguna forma no existe el hombre cien por ciento masculino, ni la mujer cien por ciento femenina, que todos ya sea que tengan una anatomía intersexual o no, de alguna manera tenemos alguna que otra característica andrógina, y que soy igual que cualquier otro humano, que tener apariencia de hombre no debe ser un problema, sino una ventaja, que debía cuestionarme el camino que había tomado mi vida y quizás empezar de cero si es necesario, ya no considerándome una mujer incompleta, sino alguien intersexual y ambiguo o neutro, que está complete, que no le falta ni le sobra nada, simplemente que existe más allá de las características físicas, existe por sus capacidades, por sus facultades, existe por su espíritu.